Doce horas de debate sobre el posible juicio político a Rousseff

La primera sesión de la Comisión Parlamentaria culminó ayer y se retomará este lunes
La comisión parlamentaria que se prepara para votar mañana el informe sobre la destitución de la presidenta brasileña, Dilma Rousseff, cerró su primera sesión al amanecer del sábado tras 12 horas de acaloradas discusiones.

Esta comisión especial incluye a 65 diputados de todo el espectro político, pero también podían tomar la palabra diputados que no formaban parte de ella si se habían inscripto previamente.
Se apuntaron 116 diputados del total de 513, de los que 72 recomendaban el 'impeachment', mediante el cual se puede procesar a un alto cargo público, indicaba este sábado la página G1 de Globo.

Al final de la sesión, 61 diputados habían tomado la palabra, 40 de ellos a favor de la destitución de Rousseff que defiende el ponente de la comisión, el diputado de derecha Jovair Arantes.
Otros 20 diputados se opusieron a la destitución de la jefa de Estado, a la que la oposición acusa de maquillar cuentas públicas, y denunciaron un "golpe de Estado institucional". Un solo diputado se declaró "indeciso".

"Lo que están haciendo es fabricar un hecho después de haber instalado la comisión, cuando debería ser al revés: se instala una comisión cuando hay pruebas, hechos concretos. Lo que hacen en Brasil es un golpe de Estado institucional", declaró a la AFP la diputada del Partido Comunista, Jandira Feghali. La comisión parlamentaria retomará los debates este lunes.

El próximo viernes, los diputados comenzarán a debatir en pleno parlamentario si el procedimiento debe seguir hasta el Senado, que tendría entonces la última palabra sobre la destitución de la presidenta.

La oposición necesita dos tercios de los votos (342 de 513) de la Asamblea para que el procedimiento continúe. Si no lo hace, el procedimiento será enterrado automáticamente.
De momento, ninguno de los dos bandos tiene garantizado lograr un número de votos suficiente, pues unos 120 diputados se muestran aún indecisos o se niegan a revelar sus intenciones.

Calmar las aguas

La presidenta Dilma Rousseff expresó el viernes la esperanza de que los Juegos Olímpicos sirvan para apaciguar las tensiones en Brasil, aunque su llamado tiene pocas chances de influir en el rápido avance del proceso de impeachment que amenaza a su mandato.

Rousseff, se ha esforzado en las últimas semanas por mantener su agenda de trabajo, en un clima político enardecido, aunque debió modificar sus compromisos internacionales.

El Comité Olímpico griego informó el viernes que la mandataria había cancelado su participación en la ceremonia de encendido de la antorcha olímpica a fin de mes en Atenas, un acto de fuerte simbolismo de cara a los juegos que se celebrarán en Rio de Janeiro del 5 al 21 de agosto. En marzo había anulado un viaje a Washington.

Los Juegos debían coronar los éxitos de Brasil antes de que el país se sumiera en la crisis y Rousseff no perdió la esperanza de que los brasileños empiecen por fin a prestar atención al evento, aunque el calendario del proceso de juicio de destitución no permite saber si en agosto seguirá siendo presidenta. "Dentro de 25 días, la antorcha olímpica llegará a Brasil, va a pasar por 329 ciudades y en todos los rincones del país se la portará con orgullo. Y con ella, la gente empieza a darse cuenta de cuán próximos están los Juegos Olímpicos", dijo Rousseff al inaugurar el Estadio Acuático Olímpico, en el oeste de Rio.

Rousseff, que alterna sus actividades oficiales con actos partidistas en los que denuncia una tentativa de "golpe de Estado", también habló de la crisis y retomó su propuesta dialoguista.

Fuente: AFP

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