Domésticas: las trabajadoras en gris

En últimos 10 años el sector doméstico registró mejoras, pero aún es vulnerable
Se encargan de cuidar lo más valioso. Muchas veces dejan a los suyos en segundo plano para hacerse cargo de los hijos, casas y pertenencias ajenas. Sin embargo, todavía cuesta reconocer el trabajo de las empleadas domésticas y, si bien en los últimos años hubo grandes avances en cuanto a salario y seguridad social, el servicio doméstico sigue siendo uno de los sectores más vulnerables.

Cristina Silveira trabaja como empleada doméstica desde 1997. Trabajó 10 años para una familia, de la que tuvo que desligarse por acoso laboral. Aunque asegura que le encanta su empleo, cuando comenzó las condiciones eran otras; dejaba a su hija al cuidado de una abuela para poder ir a su lugar de trabajo, aunque tenía tiempo para buscarla a la escuela, y compartir unas horas con ella.

Desde hace nueve años trabaja para otras dos familias y, en ese tiempo, se logra una relación de confianza, dijo. Además de generar ese vínculo, el tiempo trajo cambios en la realidad de este tipo de trabajadoras –más de 93% son mujeres–.

Ahora cuentan con beneficios que no llegaban a la mayoría de ellas, como el salario vacacional y el aguinaldo, además de cobrar por las horas extras, dijo a El Observador. El incremento salarial en el sector en la última década ha sido sostenido, pero en momentos de desaceleración económica, el nivel de empleo ha caído.

También son frecuentes las quejas del lado del empleador vinculadas al incremento del ausentismo o a un menor compromiso con el trabajo.

Con mejoras, pero vulnerable


Previo a 2006, cuando se aprobó la ley 18.065, que regula el trabajo doméstico y obliga a que las trabajadoras estén registradas en el Banco de Previsión Social (BPS), eso era impensado. "Yo lo viví con mi abuela", dijo a El Observador la presidenta del Sindicato Único de Trabajadoras Domésticas (SUT-Domésticas), Lucía Gándara, que trabajaba para grandes estancieros y se tuvo que jubilar con una pensión a la vejez, "porque nunca le habían aportado un peso".

Se perdieron 7.000 puestos de trabajo en el sector doméstico en el año 2015. Para el gobierno mantener el empleo es prioritario y eso se debe tener en cuenta en los aumentos salariales.

Con esa ley, las penas que prevé ante incumplimientos, las inspecciones y denuncias, la informalidad disminuyó. De las 110 mil trabajadoras que se ocupan como empleadas domésticas en el país, 70 mil están registradas en el BPS. Esos niveles de registro ubican a Uruguay entre los mejores posicionados de la región.

Sin embargo, advirtió el inspector general del Trabajo, Gerardo Rey, este continúa siendo uno de los sectores con mayores niveles de informalidad. El promedio en Uruguay es 1 de cada 4, dijo Rey El Observador, y es entonces que si bien la mejora en los niveles de informalidad en el servicio doméstico "es un buen ejemplo mundial, eso no debe ocultar que comparativamente está lejos".

Las situaciones son variadas, explicó la presidenta del sindicato. "Todavía tenemos compañeras que trabajan desde hace 20 años y no las han formalizado", afirmó Gándara. Hay otros casos en que las trabajadoras son registradas en BPS pero luego de algunos meses las dan de baja, y solo se enteran si sufren alguna enfermedad, agregó. Otras están registradas pero por un sueldo menor al que les corresponde, a veces incluso por mutuo acuerdo con los trabajadores.

Un problema del sector, afirmó por su parte el inspector general de Trabajo, es que al ser una relación de un empleado y un trabajador, las situaciones son "bastante complejas", en las que las faltas son difíciles de probar y no se denuncian por "el temor de exponerse ante el despido".

Otra de las mejoras que tuvo el sector en los últimos años fue en el salario. Según datos del Ministerio de Trabajo divulgados en 2015 por Presidencia, entre 2004 y 2014, el sueldo de ese sector tuvo un aumento del 130%. El salario mínimo para el sector, de $ 11.945 (para 44 horas de trabajo semanales), sigue estando sin embargo sumergido, dijo el inspector de Trabajo a El Observador, y apenas supera el mínimo nacional.

Sin embargo, en un período de desmejora económica, ese aumento pesa, ya que el servicio doméstico es uno de los que primero se prescinde. Según datos del Instituto Nacional de Estadísticas, divulgados por El País, en 2015 el sector de servicio doméstico fue el segundo que registró más pérdida de empleo luego de la industria manufacturera, con una caída de unos 7.000 puestos de trabajo. Eso ha llevado al gobierno a considerarlo como un sector en caída y es uno de los puntos que ha retrasado los acuerdos en los convenios colectivos.

El sueldo mínimo para las trabajadoras domésticas, es de $11.945. Entre 2004 y 2014 aumentó 130%.

Tanto para las trabajadoras, como para las empleadoras, esa pérdida no es tal. "Las dificultades que tenga el país en su economía se reflejan inmediatamente en cada hogar y por lo tanto seguramente si aumenta mucho el costo de tener una trabajadora doméstica en la casa, se tendrá que recortar ese servicio. Pero que sea evidente que haya despido de una manera que produzca asombro, no", dijo a El Observador Mabel Lorenzo, representante de la Liga Amas de Casa.

Por su parte, la presidenta del sindicato de trabajadoras domésticas si bien no han notado la pérdida de empleo, sí el hecho de que se contrate por menos horas, y por ende menos salario. "Nuestros sueldos siguen sumergidos", subrayó.

En la familia, pero desconocidas


Es "un sector que no se reconoce", afirmó Gándara. "No le tienen valor a la empleada doméstica, cuando nosotras nos quedamos con lo más valioso que son su hijos, sus casas, y son muy pocas las casas donde valoran tu trabajo", agregó.

En su caso, afirmó Silveira, se siente muy cómoda. "Cuando sos trabajadora doméstica, uno es como que fuera de la familia, yo tengo claro que no soy", dijo. Y aunque muchas veces le dan las gracias "por estar", otras "te hacen sentir que sos la empleada", dijo Silveira. "Tengo la llave de las dos casas, se van de vacaciones y me dejan la llave; si hago un mandado no me controlan nunca el cambio", destacó, aunque "uno es la empleada, y no hay nada seguro".

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