Donald Trump: fiel a su estilo

El republicano asumió y marcó la cancha con sus ideas, en un discurso nacionalista y con críticas a sus antecesores
Finalmente, el día tan esperado llegó para Donald Trump. El magnate republicano de 70 años que, contra todos los pronósticos, le ganó las elecciones del 8 de noviembre a la candidata demócrata, Hillary Clinton, llegó a la Casa Blanca, donde sustituirá a Barack Obama, que completó dos mandatos como presidente.

Y lo hizo fiel a su estilo. Dio un discurso breve, de unos 20 minutos, en el que marcó su impronta fuertemente nacionalista, con un fuerte acento proteccionista –un aspecto en el que había insistido en las últimas semanas– y en el que no faltaron algunas críticas indirectas a la gestión de su antecesor.

Protestas

La asunción estuvo caracterizada por la presencia de decenas de miles de simpatizantes que agitaban banderas estadounidenses y llevaban gorros de béisbol con la leyenda "Devolver la grandeza a EEUU", el eslogan electoral del republicano.

Pero también se congregaron en Washington manifestantes contra el racismo, los derechos de la mujer y los inmigrantes.

Si bien la mayoría de las protestas fueron pacíficas, al menos una terminó de manera violenta, ya que decenas de manifestantes lanzaron piedras, rompieron vidrios de comercios y un banco y debieron ser dispersados por la Policía con gases lacrimógenos. Al final unas 90 personas fueron detenidas.

Un nuevo enfoque

Trump, multimillonario y outsider de la política, conocido por sus emprendimientos inmobiliarios y por su actividad en televisión, prestó juramento como 45° presidente de Estados Unidos y anunció que blindará las fronteras del país a los inmigrantes y lo protegerá de "los estragos" provocados por el libre comercio.

En un mensaje dirigido a la nación, dijo que privilegiará siempre los intereses estadounidenses.

"Desde hoy, una nueva visión gobernará nuestra tierra. Desde hoy, pondremos a Estados Unidos en primer lugar", afirmó en el discurso con el que inauguró su gestión, que se inicia rodeada de incertidumbre.

El presidente atribuyó un significado especial a la ceremonia, pues no se trataba de transferir el poder de un gobierno a otro, sino a "a ustedes, la gente".

Asimismo, Trump cortó grueso contra lo que llamó terrorismo islámico radical, al que prometió erradicar de la "faz de la Tierra".

Pero, además, lamentó que Estados Unidos "enriquezca a industrias extranjeras" y "subsidie ejércitos extranjeros".

"Hemos defendido las fronteras de otros países mientras nos hemos negado a defender las nuestras. Debemos proteger nuestras fronteras de los estragos de otros países que fabrican nuestros productos, roban a nuestras empresas, y destruyen nuestros empleos", sostuvo.

Trump había cimentado su victoria electoral en los votos de una clase trabajadora blanca que desconfía de los políticos tradicionales y se siente afectada por la globalización, con una pérdida de empleos que se desplazarron a países como México o China.

"Voy a luchar por ustedes con cada aliento, y nunca los decepcionaré. Estados Unidos volverá a triunfar; triunfará como nunca antes", aseguró el presidente.

El juramento

Trump y su tercera esposa Melania, una exmodelo eslovena de 46 años, llegaron al Capitolio desde la Casa Blanca, en una limusina junto a Obama y su esposa Michelle. En las escalinatas del Congreso, Trump prestó juramento al mediodía sobre dos biblias sostenidas por Melania: una que le regaló su madre en 1955, y la de Abraham Lincoln, que luchó por la abolición de la esclavitud, también utilizada por Obama hace cuatro años.

Obama y tres expresidentes, Jimmy Carter, Bill Clinton y George W. Bush, observaron atentamente la ceremonia, así como su rival Hillary Clinton.

Más dudas que certezas

Mientras, en el terreno diplomático surgen grandes dudas, pues los principales líderes del planeta se preguntan sobre cómo interpretar sus declaraciones, contradichas muchas veces por sus futuros ministros sobre las relaciones con Rusia, el acuerdo nuclear iraní o las relaciones comerciales con China.

Al mismo tiempo, el gabinete que acompañará a Trump en su gobierno es el más blanco y el más rico en décadas, informó AFP.

Incluye a un solo negro y por primera vez en casi 30 años, a ningún hispano, lo cual ya le generó críticas de la primera minoría del país, con más de 55 millones de personas, es decir el 17% de la población.

La ausencia de hispanos en el gabinete no es sorprendente para un presidente que promete deportar a entre dos y tres millones de inmigrantes sin papeles, construir un muro en los 3.200 kilómetros de frontera con México y cobrárselo a los mexicanos.

En esa línea de razonamiento, también enumeró en su discurso "dos reglas simples: compre estadounidense y contrate estadounidenses".

Pero también es partidario de renegociar o eliminar el TLCAN, el acuerdo de libre comercio con México y Canadá, así como el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (del que son signatarios Chile, México y Perú, entre otros), medidas que junto a la pérdida de inversiones podrían arrastrar al vecino del sur de Estados Unidos a una recesión en 2017.

El novel presidente también puede dar marcha atrás en el acercamiento con La Habana impulsado por Obama y todo indica que será más agresivo con Venezuela.

Pero su intención de remover algunas de las políticas más icónicas de Obama va más allá y ya señaló que dejará sin efecto la reforma sanitaria que da cobertura a unos 20 millones de personas.

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