¿Dónde para la pelota?

En los más sonados casos de mala gestión o incluso de corrupción que tuvieron lugar este año la pregunta es: ¿quién es el responsable? ¿dónde se traza el umbral de la responsabilidad?

En los más sonados casos de mala gestión o incluso de corrupción que tuvieron lugar este año –el FIFAGATE, las trampas de Volkswagen en las pruebas de emisiones de gases de los motores diesel, y por estos lares la gestión de ANCAP que terminará en una capitalización de US$ 622 millones- la pregunta es: ¿quién es el responsable? ¿dónde se traza el umbral de la responsabilidad? ¿quedan exentas las máximas autoridades, porque las malas gestiones o los presuntos hechos dolosos se hicieron en un nivel inferior de jerarquía? O, para decirlo en lenguaje llano, ¿dónde para la pelota?

Sepp Blatter, a pesar de las espectaculares detenciones del FBI y la policía suiza, se presentó a la quinta reelección bajo el lema de que él iba a llevar a cabo la profunda reorganización que la FIFA necesitaba. Dijo que estos episodios eran “aislados”, de “ciertos individuos” (nada menos que todas las cabezas de la CONMEBOL y la CONCACAF), y que no afectaban a la organización. Pero 3 días después de su reelección,  Blatter presentó su dimisión y convocó a elecciones. Seguramente alguien le hizo ver que en la organizaciones la responsabilidad suele ir hacia arriba y cuando es algo realmente importante solo se detiene en el máximo nivel de decisión, aunque no haya tenido control directo de la situación.

En Volkswagen, el CEO Matthias Müller, dijo que de la investigación en curso se ha detectado “una actitud mental en algunas áreas de la empresa que toleraba las violaciones las normas”. Y agregó que al tiempo que se implementan reformas estructurales, se busca una “nueva actitud mental”. Para ser el CEO de una empresa de enorme reputación en el mundo, es una explicación bastante pobre y una falta de asunción de la responsabilidad del directorio. Como señala Andrew Hill en una nota publicada en el Financial Times del 15 de diciembre pasado, era más esperable alguna referencia a la “cultura corporativa”, pero ello hubiera significado reconocer la necesidad de cambiar muchas cosas. En cambio, para Hill, la “actitud mental” es algo más personal y “los individuos son capaces de reformar sus actitudes y su mentalidad”. Ergo, la responsabilidad es de los individuos que hicieron las maniobras para trucar los datos sobre emisiones de gas y el directorio no es responsable.

En el caso de ANCAP, ya lo sabemos, nadie asume la responsabilidad de lo ocurrido. Los diversos sectores del FA se pasan factura unos a otros sobre dónde están las pérdidas, pero dentro de la empresa no hay un diagnóstico clarode los errores de gestión o de los problemas organizacionales  o inversiones erradas que dieron lugar a esta monumental pérdida para la sociedad. Y eso es lo grave: ni los mandos medios son responsables, ni el directorio asume cuota de responsabilidad alguna. Todos se pasan la pelota o la tiran fuera de la cancha. Nadie analiza si tal negocio estuvo bien o mal pensado, bien o mal ejecutado. Nada indica que, realizada la capitalización, no se repita lo ocurrido pues la empresa no ha asumido la causa del problema. Nadie es responsable.

Y eso es lo más grave.Es lo que explicaba muy bien Steve Jobs, el carismático fundador de Apple, cuando hablaba del “umbral de responsabilidad” del que manda. Para Jobs, si la basura de su oficina no se recoge regularmente, se le puede preguntar al conserje cual es el problema y el conserje podría responder: “cambiaron la cerradura y no pude conseguir la nueva llave”. Es decir, puede dar razones de por qué las cosas no se pudieron llevar a cabo.  Pero entre el conserje y presidente de la empresa, hay una línea a partir de la cual las razones o las excusas no sirven. Para Jobs, esa línea se cruza cuando una persona se convierte en gerente y traspasa el “umbral de la responsabilidad”. El gerente no puede decir: “no pude conseguir la nueva llave”. Es su responsabilidad y es su misión, conseguir esa llave y tiene, además, los recursos para conseguirlo. Por eso, las excusas dejan de tener sentido. La responsabilidad del gerente  es llevar a cabo la tarea y agenciarse todos los recursos y elementos que necesite. Si no lo logra, no tiene excusas válidas.

En ANCAP, no hay excusas válidas. Y la responsabilidad tiene que llegar hasta lo más alto. Alguien tiene que tener el coraje de decir: “la pelota para aquí”, “yo asumo la responsabilidad”. Y eso por el bien del país y de la empresa, de la que tantos cacarean defender pero poco hacen por ella.


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