Dos ejemplos en busca de la ganadería restauradora

Se reúnen en Punta del Este expertos en procura que producir carne sea parte de la solución a los problemas del clima
Por Blasina y Asociados, especial para El Observador

Uruguay albergará la semana próxima al Congreso Mundial de la Carne en su vigésimo primera edición. Los mayores especialistas del mundo participarán de debates entre los cuales no estarán ausentes polémicas que hoy surcan al mundo y tienen a la proteína animal como protagonista, pero también a la vida cotidiana de los 7.500 millones de habitantes del planeta.

¿Cuál es el verdadero impacto de la carne sobre la salud humana? ¿Y cuál sobre la salud planetaria? ¿Son las vacas que pastan las praderas uruguayas culpables de que se derritan los polos y los tornados se vuelvan más frecuentes?

Los vacunos emiten metano, un gas que causa cuatro veces más calentamiento que el dióxido de carbono y por lo tanto son acusados de estar agravando el cambio climático, que preocupa en todo el mundo y parece estar tomando por asalto a las costas de Uruguay, a cuyas orillas se realizará el congreso.

De los muchos especialistas que se darán cita en Punta del Este uno genera singular expectativa. Es Allan Savory, que propone usar el método de pastoreo como herramienta para revertir el cambio climático, una de las grandes amenazas que la humanidad tiene por delante en este siglo.

En el caso de la agricultura incorporar carbono no solo es un valor agregado ambiental por frenar las causas del calentamiento sino que también significa tener más carbono en el suelo, es decir, aumentar su fertilidad.

La presentación Ted de Savory, un biólogo nacido en 1935 en Rodhesia, hoy Zimbaube, es una de las más vistas y en ella relata su experiencia terrible mandando matar elefantes para solucionar una situación de sobrepastoreo.

El peor error de su vida y el causante de que dedicara el resto de su vida a repararlo. No sólo un desastre desde un punto de vista ético, sino también desde el punto de vista del manejo pastoril.

Tras una vida dedicada a estudiar la lógica del pastoreo, Savory comprendió que el método debía imitar la lógica de los grandes rebaños perseguidos por los carnívoros: una gran cantidad de animales que pasta rotando casi permanentemente. Y que de esa manera se solucionaban varios temas a la vez. Un correcto pastoreo previene la erosión, aumenta la productividad, secuestra carbono mitigando el cambio climático generando humus.

Las ideas de Savory en parte siguen a la de otros investigadores del pastoreo rotativo, como el francés André Voisin. El pastoreo rotativo se ha practicado en Uruguay con resultados diversos y generando pasiones intensas desde hace décadas.

Ambos tienen seguidores aquí en Uruguay desde hace tiempo. Aunque dadas las urgencias ambientales de este siglo XXI ahora sea más comprensible la prédica de Savory. Es parte de lo que en el mundo empieza a ser tendencia: la agricultura regenerativa.

Básicamente tiene dos principios fundamentales: para optimizar los sistemas hay que entender e imitar a la naturaleza. Y, por otro lado, la salud del suelo es la clave de la que derivan todos los beneficios, tanto ecológicos como económicos.

De ese grupo participan productores ganaderos y también personas que tienen emprendimientos agroturísticos y preocupaciones ambientales.

Otro ejemplo famoso


Más lejos de Punta del Este, productores como Alexander Wells también hacen una ganadería que apuesta a corregir los problemas del clima y mejorar la materia orgánica en los suelos. Sigue desde hace años los criterios de Savory.

"El secuestro de carbono es una de las maneras para mitigar el cambio climático. Una tierra mal manejada emite carbono, ahora si uno tiene un buen manejo de los pastizales, bajo cierta manera de manejar se puede reconstruir el suelo", explicó Wells, empresario rural que además de la ganadería se dedica a diseñar y producir equipos de riego, muchos de los cuales funcionan en base a energía solar.

"Entonces tratando de imitar el comportamiento de los herbívoros silvestres en los pastizales, en vez de tener a las vacas dando vueltas todo el día, sueltas y comiendo lo que quieren, se pueden juntar en un mismo rebaño por poco tiempo –un día– imitando el movimiento que hacen ante los predadores con la naturaleza. De esa manera, empiezas a tener mucha más producción de pasto, por el ciclo y también secuestras carbono", explicó.

El productor, que estará presentando su sistema en el próximo Encuentro de Empresas B, el martes 8 de noviembre, entiende necesario generar conciencia en cuanto a que la vaca no es solo un emisor de metano. "Bien manejado secuestra más carbono, que el metano producido. Se pueden tener realmente campos que no solo no emitan, sino que secuestren gases", agregó.

Según sus estimaciones, con un manejo apropiado en promedio se secuestra al año una tonelada de carbono por hectárea por año. Pensando en Uruguay, un país con 12 millones de vacas, podemos ser un país que secuestra carbono y no que emita.

Hoy no hay estímulos para que esa recuperación de carbono suceda. Entiende Wells que es necesario para eso medir ese carbono y establecer un precio que reciba el productor capaz de sacar carbono de la atmósfera, ya que está prestando un servicio ambiental.

Para eso es necesario que los que emiten –por ejemplo la industria automotriz– paguen créditos de carbono a los que logran a través de su manejo ganadero sacar el carbono de la atmósfera y ponerlo bajo tierra.

La idea va a ser aplicada en el mismo congreso de la carne que será el primero de la historia certificadamente neutro. Se medirán las emisiones de carbono y luego se comprarán créditos de carbono. De acuerdo al comunicado del Instituto Nacional de Carnes (INAC), se "cuantifican las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) derivadas de las distintas actividades asociadas al congreso, principalmente del consumo directo de combustibles fósiles, del consumo de electricidad, de la generación de residuos y otros. El resultado de esta cuantificación es un inventario de las emisiones de GEI y sus fuentes, medidas en masa de CO2 equivalente".

"Una vez conocido el tamaño de la huella, es posible neutralizar el impacto ambiental a través de la compra de certificados de carbono, generados por diferentes programas, públicos o privados", agregó.
En las praderas naturales los herbívoros se agrupan como mecanismo de defensa ante el ataque de los carnívoros y están en perpetuo movimiento. Los sistemas rotativos imitan eso a través de una gran cantidad de potreros chicos.

"Hace un año y medio que empecé con este sistema. Son unas 300 hectáreas, con unos 450 animales, con 130 potreros, por los cuales las vacas rotan, metés 200 vacas en un potrerito, y pasan un día ahí y luego rotan. Cada portero tiene agua, hay todo un sistema para eso. No se trasladan, toman el agua desde el potrero, bostean mucho, comen mucho, y se trasladan a otro portero después. El agua es una clave del sistema. De un pozo va a tres tanques australianos y por gravedad va a los bebederos; cada cuatro potreros tenemos un bebedero circular en el medio", explicó Wells.

Agregó que "con este sistema la misma tierra se fertiliza porque antes, con el sistema extensivo, las bostas quedaban ahí, se momificaban. Con este sistema estamos viendo la recuperación del suelo y de especies naturales. Se ven lombrices en la tierra".

Wells es un fuerte crítico del desarrollo de biocombustibles que implican un fuerte uso de energías fósiles para un balance energético dudoso y entiende que no debemos dar por buena a la acusación que pesa sobre nuestras vacas. ¿Cuántas hectáreas hay aplicadas a maíz y soja? ¿Quién nos consulta sobre si queremos usar biocombustibles? ¿Cuál es el real impacto sobre el calentamiento y el ambiente que tienen esos sistemas?, se pregunta.

Mientras sigue apostando a la energía solar, riego, pastoreo rotativo y una ganadería que le gane al cambio climático. No está solo, y en este congreso sus ideas serán, tal vez por vez primera, un eje central de discusión.

Ganadería regenerativa para una vida sana


"A mí me gusta llamarlo agricultura regenerativa, y no pasturas naturales. Es el concepto que me pareció que engloba lo que mi grupo y yo estamos haciendo. Praderas naturales es un término muy reducido", comentó a El Observador Agropecuario Patricia Cook, seguidora de Allan Savory.

Cook es ávida lectora, empresaria y madre preocupada por la calidad del agua que se consume en Maldonado, donde vive.

Vio venir problemas con el agua que luego se confirmaron y entendió que los suelos eran la clave de la solución. Así pasó a liderar un grupo de productores interesados en la lógica regenerativa.

"Hace como seis años que estoy en la comisión de la Laguna del Sauce, entonces vi venir el tema del agua. Pero como todo uno dice 'bueno no, no va pasar, no va a ser tan así'. Pero finalmente me dije que sí tengo que hacer algo. Entonces formé un grupo para trabajar sobre el tema del agua. Yo no quiero perder de vista mi propósito que es el agua. Inmediatamente de agua vas al suelo, porque el problema de exceso de fertilizantes en el suelo, va después para el agua", explicó.

Agregó que "empecé a darme cuenta que todo está en el suelo, todos los nutrientes que necesitamos, y por eso es que uso el concepto de agricultura regenerativa".

Cook contó que "entonces empecé a seguir a personas que tienen soluciones y uno es Allan Savory. Entonces un compañero mío empezó a tomar un curso con él, y tiene en su predio el sistema. Cuando supimos que venía casi nos desmayamos; nos comunicamos inmediatamente con él y quedó fascinado de tener un grupo que siga su idea de pastoreo racional en Uruguay".

El grupo que trabaja con sus métodos llevará a Savory a observar los sistemas de producción. Cook ve otro aspecto de este sistema de manejo capaz de articular lo ecológico con lo económico: "Esto es lo que piden los chefs más importantes del mundo. Están en este tema porque la comida sana y que tiene nutrientes aportados por el suelo es la que tiene mejor sabor".