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05

2012

Azúcar amargo

Desde la época de Luis Batlle el país carga con el desastre de la producción de caña de azúcar en Bella Unión, lo que sólo se sustenta por un capricho de los gobernantes. Y de Bella Unión.

(POR GABRIEL PASTOR)

 “En momentos en que el país realiza un extraordinario esfuerzo de capacitación industrial, que lo coloque en condiciones de mantener y acrecentar su posición económica en el concierto mundial, el estímulo bien dirigido en el cultivo e industrialización de las especies sacarígenas, encuentra una justificación tan visible que no necesita especial fundamentación; pero tratándose de inversiones millonarias, el riesgo de las mismas necesita contar con un estímulo que las salvaguarde de los empujes de los grandes consorcios internacionales que regulan el mercado de la azúcar y que pueden hacer fracasar mediante maniobras en los precios, toda empresa encaminada al abastecimiento de ese producto con materia prima nacional”.

No, no, no se equivoque. No es un planteo proteccionista del presidente José Mujica o de su antecesor Tabaré Vázquez, aunque bien podría serlo. En realidad  se trata de una parte de la fundamentación de un proyecto de ley, aprobado en el Parlamento por unanimidad, firmado por el presidente colorado Luis Batlle, promulgado en junio de 1950, un poco antes de que Uruguay obtuviera la Copa Mundial en Maracaná cuando éramos considerados  “la Suiza de América”.

Desde entonces el país carga con el desastre -a esta altura estructural- de la producción de caña de azúcar en Bella Unión, que solo se sustenta por un capricho de los gobernantes y de Bella Unión, amparado por el corazón más que por la razón. Pero, vaya desdicha, con la emoción la caña de azúcar no es más ni menos competitiva.

El problema es que el desarrollo económico  no proviene de los sentimientos ni del voluntarismo del Estado, sino de una reflexión racional sobre cuáles son las ventajas comparativas del país para competir en el mercado mundial, que hoy se está cerrando poco a poco, pero por respuestas coyunturales, pues si se miran los datos históricos desde hace cincuenta años, el mundo en el presente es mucho más abierto a la competencia.
El 7 de junio de 1950, la Asamblea General decretó que el cultivo e industrialización de azúcar es de “interés general”, que el Poder Ejecutivo fijará los precios y que las empresas  instaladas en el país “quedan obligadas a adquirir la totalidad de los azúcares crudos que se les ofrezcan y que procedan de los ingenios nacionales a los precios que se hubieran fijado, hasta cubrir el máximo de su capacidad de elaboración”.

El debate parlamentario fue penoso. La única discusión fue sobre el papel del Banco República en la financiación a la producción e industrialización de la azúcar. Ni una voz se escuchó sobre si era conveniente subsidiar a un sector que fue “inventado” en Uruguay. Hasta los legisladores más blancos se mostraron ideológicamente batllistas  y nadie puso en cuestión el apoyo impositivo, financiero y económico del Estado en una actividad que a todas luces no tenía sentido en una zona subtropical.

Es probable que los dirigentes del Partido Nacional estuvieran resignados a la doctrina de dirigismo estatal y de sustitución de importaciones con la que el batllismo arrasó en las elecciones de aquella época.

El primer gobierno del Frente Amplio puso sobre sus hombros una vuelta al subsidio tradicional a la caña de azúcar, luego de un proceso de desgravación del sector por normas del Mercosur (?) y de la Organización Mundial de Comercio.

El ex presidente Tabaré Vázquez  puso en marcha en 2005 un plan para reactivar la decaída economía de Bella Unión. Un año después, la flamante empresa pública no estatal Alur adquirió el pasivo de Calnu, la deuda de esa cooperativa con los productores con el objetivo de desarrollar un polo agroenergértico mediante una sociedad entre la  estatal  Ancap (90% del paquete accionario) y la venezolana Pdvsa (10%). Estamos hablando de millones de dólares invertidos en la cadena azucarera como se pensó en la época de Luis Batlle, aunque ahora no sólo para el consumo de azúcar sino también para producir etanol a partir de la caña.

Pero el final último es otro: “su verdadero objetivo es la creación de puestos de trabajo en el medio rural uruguayo”, según admitió un funcionario que trabajó en el proyecto.
Mujica continuó y profundizó esa política dirigista de su antecesor y aparentemente  el sistema político, la sociedad civil y la comunidad de Bella Unión están felices de que continúe el sueño de Pepe (Batlle).

Hoy para importar azúcar para el consumo se debe pagar un impuesto de 35%. Y Bella Unión fue declarada por ley como “Capital nacional de la Caña de Azúcar”.
¿Es razonable desde el punto de vista económico –que tiene un impacto social en el mediano y largo plazo- que Uruguay continúe con una política de hace 62 años que los tozudos hechos han demostrado su inviabilidad?

Veamos por qué es un error jugar a la ruleta con dinero del Estado a la caña de azúcar en Bella Unión:

1) La caña de azúcar es una materia prima propia de países tropicales con temperaturas promedio de 30% o más, humedad alta y mucha agua. En un país tropical, la caña crece durante todo el año y en Bella Unión solo 5 a 6 meses.

2)  Algunas plantaciones de caña de azúcar se realizan en zonas que cada tanto sufren heladas.

3) Uruguay no presenta ninguna ventaja competitiva en los factores de la industria azucarera (clima, campo cañero e ingenio azucarero lo que incluye los costos de mano de obra y de financiación).  Se ubica entre los ocho países con menor rendimiento agroindustrial de toneladas por hectárea.

4) Carece de una institución académica de investigación y desarrollo sobre la caña de azúcar.

5) Brasil, nuestro principal socio comercial y vecino, y que el gobierno está decidido a profundizar los lazos comerciales y políticos, es el principal productor de caña de azúcar con una productividad mucho mayor que Uruguay y está considerado dentro del grupo de naciones que integran el primer grupo de productores de bajo costo por condiciones favorables naturales junto a Australia, Tailandia y Sudáfrica.

6) Brasil produce más de 30 millones de toneladas, más del 20% de la producción mundial, y uno de los principales  productores de biocombustibles. Brasil produce tres veces más azúcar por hectárea que Uruguay. Además, obtiene el balance energético más eficiente del mundo a partir de la caña de azúcar.

7) La elaboración de etanol a partir de la caña de azúcar es 1,5 veces más cara que la gasolina y en climas fríos sufre problemas para el encendido.

8)  Estudios independientes demuestran que Alur no  es competitiva solo utilizando azúcar nacional.

9) Para el uso del etanol como combustible se debería adecuar los motores de los vehículos que están en circulación.

10) Todavía el corte de caña se sigue realizando como en la época de Batlle: “los peludos” cortan a mano, se carga en camiones y luego se realiza la “quema”. Ese método no es rentable, por lo que los principales países productores están mecanizando esa labor no solo por razones económicas sino de cuidado del medio ambiente.

Ese decálogo explica por qué el actual ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca, Tabaré Aguerre, hace un tiempo dejó de plantar caña de azúcar y empezó a  cultivar arroz.

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2 Comentarios

  • Boris Mazzullo - 17.05.2012 - 22:32 hs

    -Interesante artículo, tema poco conocido para la generalidad de los uruguayos, seguramente, una alta proporción de la población no sabe o no conoce que significa ALUR, y menos aún, su actividad, potencialidad y razón de su creación.- -Obviamente, el renovado esfuerzo del gobierno para volver a explotar el cultivo e industrialización de la caña de azúcar tiene "tufillo" político y es una herramienta para comprar votos y voluntades de la población de la zona, a costa de todos los uruguayos.-Es una pena no haber utilizado esos recursos para el desarrollo de la zona de manera eficiente y sustentable.- -Que bueno estaría un debate público sobre éste tema y cuyo resultado concluya en el beneficio genuino de la población de la zona.-

  • Ignacio Olivera Prietto - 17.05.2012 - 17:17 hs

    Que estudio? El ministro hace muchísimos años que es arrocero. Lo primero en la cosecha es la quema y después se corta. Ya se utilizan cosechadoras, aunque no es generalizado. Con el etanol se evita salida de divisas que irían al petróleo. No me parece muy serio el decálogo. Acaso la mayoría de los medios de comunicación son rentables? Muchos viven (o gran parte de sus ingresos proviene) de publicidad oficial, las muchas de las veces, innecesaria. Como si esto fuera poco, tenemos la empresa en el mundo que aboga a que no consuman su producto (UTE). Siguiendo el razonamiento deberíamos comprar el combustible y otras energías afuera también. ALUR no es rentable, pero muchas de las otras empresas del Estado tampoco lo son. Supongo que habría también que cerrarlas. Quizá es necesaria una reestructura más profunda y no pegarle al bollo fácil.

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