EEUU y la "manipulación" de monedas

La ley del 2015 es un instrumento al servicio de los objetivos políticos de la hora
Por Alberto Bensión

Todo empezó con el crecimiento exponencial de las importaciones de Estados Unidos provenientes de China, hace ya varios años. Fue una de las varias causas que cambiaron la estructura tradicional de la industria americana, con su secuela de pérdida de empleos y decadencia de ciertas regiones.
Como era de esperar, esa irrupción promovió una corriente política de resistencia, sin distinción de partidos, cuestionando en particular a las políticas que promovían una ventaja "injusta" a favor de la producción de China.

El acento se puso entonces en la política cambiaria, que mediante una intervención masiva del Banco Central mantuvo a un yuan subvaluado durante un largo período. Después de varios intentos, una ley fue aprobada en el 2015, para obligar al Departamento del Tesoro a informar al Congreso dos veces por año sobre la eventual "manipulación" del tipo de cambio de los países con los que Estados Unidos tiene una mayor relación comercial.

Para emitir su dictamen, el Tesoro debe constatar la existencia de un excedente comercial "desproporcionado" a favor del otro país y una intervención cambiaria mediante una compra significativa de moneda extranjera. En caso del cumplimiento de ambas condiciones, el país en cuestión será calificado como "manipulador" de su moneda, para abrir una instancia de negociación que podría culminar en la imposición de sanciones.

A lo largo de la administración Obama, el Tesoro se abstuvo de calificar a China como un país "manipulador" de su moneda. En particular, su último informe, de octubre pasado, reconoció la existencia de un excedente comercial importante de China en su relación con Estados Unidos, pero con una tendencia a la baja. En adición, señaló que ya no había una intervención importante en el mercado cambiario, puesto que desde un tiempo atrás, el yuan había comenzado a fluctuar con relación a otras monedas.

En este marco, el informe del Tesoro del pasado mes de abril, el primero bajo el gobierno de Trump, fue esperado con gran expectativa. En su campaña electoral previa, el candidato republicano había prometido que desde el primer día de su mandato, iba a definir a China como un país "manipulador" de su moneda, para aplicarle los correctivos correspondientes.

Ello no ocurrió. Ahora el Tesoro señaló que si bien en el pasado había existido una intervención importante en el mercado cambiario, ella había disminuido en forma considerable a lo largo del año en curso. La conclusión fue entonces que si bien China continuará bajo observación en razón de su excedente comercial, se espera que facilite un mayor intercambio comercial con el resto del mundo y, a la vez, permita una flotación más flexible y transparente del yuan.

Tal como podía esperarse en razón de la importancia de China en el escenario internacional, esta posición del Tesoro no solo fue resuelta en base a criterios de orden técnico. Pocos días antes de la publicación del informe, el presidente Trump había anunciado que la eventual designación de China como un "manipulador" cambiario podía poner en peligro su intento de convencer al gigante asiático para enfrentar en forma coordinada a la amenaza de las armas nucleares de Corea del Norte. Además, en contrapartida, se conoció la noticia de que las autoridades chinas habían ofrecido la apertura de negociaciones para permitir un mayor acceso a su mercado para las exportaciones americanas de carne y servicios financieros.

Quedará para el debate si hubo aquí un nuevo cambio de posición de Trump en relación con sus promesas electorales o si, por el contrario, de no haber sido por ellas, el gobierno americano no habría logrado una disposición favorable de China para atender los problemas de Corea del Norte y de una mayor apertura de su mercado doméstico. Más aún, Trump acaba de reconocer que postergó un eventual reclamo sobre el tema cambiario frente a la importancia de la cooperación de China con respecto a Corea del Norte.

El trasfondo político de la aplicación de la ley de 1975 también puede identificarse en el informe del Tesoro sobre otros dos países entre los varios que, sin ser catalogados como "manipuladores" de su moneda, seguirán bajo observación en razón de la importancia del resultado favorable de su relación comercial con Estados Unidos.

El primero de ellos es Alemania, a la que el Tesoro instó a usar a la política fiscal para incentivar a la demanda doméstica y las importaciones a fin de presionar al alza del euro. Es una afirmación en cierto modo inconsistente, porque se refiere no a la política cambiaria, como dice la ley, sino a la política fiscal y a un eventual efecto no sobre la moneda de un país sino de los países que integran la zona euro.

Un segundo caso es el de Suiza, país al que el Tesoro observa en razón de su intervención cambiaria a lo largo de distintos períodos para evitar una mayor apreciación del franco suizo, pese a que desde el 2008 ella fue de un 50% contra el euro y un 20% contra el dólar.
Pero así como China fue contemplada por razones de orden político, parece altamente improbable que tanto Alemania como Suiza puedan ser enjuiciados por su déficit fiscal o por sus exportaciones de alta calidad, que muy lejos están de amenazar el empleo de los estadounidenses.

No hay duda: la ley del 2015 es un instrumento que es "manipulado" al servicio de los objetivos políticos de la hora.