Efectos de una hidratación deficiente

Es sabido que la ingesta de agua es necesaria para vivir con salud, pero pocas veces uno se cuestiona si ha bebido suficiente líquido

La ingesta insuficiente de agua puede dar lugar a la aparición de síntomas que, generalmente, son atribuidos a otras causas cuando, en realidad son consecuencia de una mala hidratación.

La deshidratación es un problema de salud que puede llegar a ser mortal y se produce cuando la excreción de líquidos es mayor a su consumo. El cuerpo elimina agua a través de procesos fisiológicos como el sudor, la orina, y la respiración. Y la repone a través de la ingesta de agua u otros líquidos y el consumo de alimentos, principalmente frutas y verduras. A su vez, factores como diarrea, vómitos, sudoración excesiva, orina excesiva, fiebre y quemaduras, pueden dar lugar a una pérdida de demasiada agua.

La deshidratación puede ocurrir en diferentes grados: leve, moderada y severa. El primer síntoma de la misma es la sed, pero si la necesidad de agua no se satisface, pueden aparecer otros síntomas indicadores.

Deshidratación leve a moderada:

El organismo reduce su producción de agua y disminuye la sudoración y la diuresis. Con el fin de mantener la presión arterial normal y el volumen sanguíneo, el agua comienza a salir de las células para entrar a la sangre. La pérdida de agua por parte de los tejidos (formados por células) hace que los mismos se sequen y la piel pierda elasticidad.

Deshidratación severa:

Cuando una deshidratación moderada no se resuelve, esta pasa a un grado mayor de gravedad y aparece la deshidratación severa. Entre los síntomas se encuentran sed intensa, boca muy seca, mucosas secas, ojos hundidos, constipación, hipotensión arterial, mareos, taquicardia y progresivamente, daño renal, hepático y cerebral. El daño cerebral da lugar a delirio, inconciencia y coma y, si la deshidratación no es tratada, puede ser potencialmente mortal.

El único tratamiento para la deshidratación es la reposición de fluidos. En el caso de las formas leve o moderada, a través de la ingesta, y en la forma severa, por vía intravenosa.

Para prevenirla, la recomendación es el mantenimiento de un nivel adecuado de agua corporal a través de la ingesta de 6 o más vasos al día. Cuando hay actividad física intensa o clima muy caluroso, la ingesta debe ser mayor.

Hay grupos poblacionales que presentan un riesgo mayor de deshidratación. Son los bebés, los niños pequeños, los adultos mayores, las personas con enfermedades crónicas y los atletas de alta resistencia.

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Fuente: Ehow