El arco y las flechas con punta roma de Robin Hood

Pese al buen crecimiento del PIB, hay cautela para forzar redistribución del ingreso
Lorenz encontró la forma de graficarla. Gini encontró la forma de medirla. Y Robin Hood se convirtió en el héroe de la batalla. La desigualdad en la distribución del ingreso, y de la riqueza es el centro de ese intríngulis, y las acciones para favorecer a la igualdad constituyen la idea-fuerza recurrente de la izquierda.

Aunque Hood sea en realidad haya sido jun villano que vivía fuera de la ley, su imagen se ha presentado como la de un valiente jugado a la justicia social por mano propia. Y eso lleva a que, aunque erróneamente para su rol efectivo de la leyenda, igual aparezca como ícono de la redistribución.

¿Crecer primero y distribuir después o crecer distribuyendo? ¿O redistribuir sin reparar en si se crece o no, porque no hay tiempo de esperar para favorecer la igualdad?Cuando estaba en su rol de oposición, para la izquierda no había dudas en reclamar distribución y más distribución, sin esperar que "la torta creciera" para hacerlo.

Pero desde el gobierno, sin abandonar las banderas de "izquierda" y "progresismo", la prioridad ha sido fomentar el crecimiento, y siempre que se pudiera, ir redistribuyendo en paralelo.

Las medidas de política económica del Frente Amplio se focalizan en estimular la inversión privada y conseguir apertura de mercados, mientras la búsqueda de cierta igualdad se ha hecho a través de una reforma tributaria y del sistema de salud, planes de asistencia a personas pobres, y con cierto favoritismo a los gremios de empleados para que las negociaciones salariales aseguren mejora en términos reales.

El punto de partida de gobierno había sido propicio para conseguir buenos resultados, lo que no significa que no fuera necesario trabajar con éxito para consolidar logros. Uruguay venía de la recesión más larga (oct.-dic.'98 a ene.-mar. 2003) y tras una de las crisis más profundas, lo que había derivado en aumento de desempleo y pobreza, aunque ya antes de tomar el gobierno, la producción había pegado la vuelta y crecía con vigor.

Esta semana fue un tiempo de buenas noticias para el gobierno: comenzó con una exitosa colocación de títulos de deuda en pesos en mercados internacional, con una demanda que fue cinco veces mayor a la oferta, y terminó con la divulgación del dato de PIB de enero-marzo que mostró continuidad de crecimiento y con ritmo fuerte del primer trimestre.

Con el aumento del PBI de 1,5% en enero-marzo respecto al trimestre anterior (quitado los efectos de estacionalidad), lo que muestra arranque de crecimiento de 4,3% interanual, la economía uruguaya parece dejar la fase de casi estancamiento que vivió durante dos años (jul. '14- ago.'16) y recupera vigor.

La tendencia para este año es de aumento de PIB de 3% lo que de concretarse significará que hay un ciclo de 15 años de crecimiento continuo.

El Frente Amplio celebra esto que aparece asociado a sus tres gobiernos, pero la inquietud mayoritaria de la izquierda está en la distribución. También destaca la baja de pobreza y la mejora de la distribución del ingreso: el coeficiente de Gini era 0,460 en 2004 y fue 0,383 en 2016 (más cerca de uno es concentración y más cerca de cero es igualdad)

El punto de mayor igualdad se logró en 2012, aunque por las características del indicador, las variaciones anuales pueden ser engañosas y lo mejor es ver la tendencia de mediano plazo.

La sensibilidad a redistribuir pesa mucho en la izquierda y más en los sectores y militantes que tienen definición socialista y que en un Plenario Nacional comprenden a cerca de 65%.

Los buenos datos de la semana son festejados en el oficialismo porque dan alivio para mirar hacia adelante, y porque son buenos en sí mismo, pero para gran parte de la coalición no hay mucho para celebrar, porque se quiere más distribución y el Ejecutivo es cauto en eso.

El caso es que el gobierno nacional está preocupado por las cuentas fiscales y eso restringe la capacidad de reforzar planes sociales y bajar presión impositiva a trabajadores. Como el aumento de PIB se da simultáneo a pérdida de puestos de trabajo, la preocupación está en mantener empleo y no forzar suba de salarios para los que mantienen sus puestos.

El folklórico héroe inglés Robin Hood, al que se presenta como el mejor arquero, "defensor de oprimidos y enemigo de los poderosos", es tomado como referencia de "redistribución forzada de la riqueza", por la leyenda de que quitaba a los ricos para repartir entre los pobres. Su arma es el arco y las flechas, y se destaca por el coraje y la puntería.

El gobierno del Frente siente que debe preservar los logros y no arriesgarse en cumplir metas que puedan comprometer la estabilidad. La política robinhoodiana no puede aplicarse eficazmente si las puntas de las flechas están con punta roma, porque el desgaste le haya hecho perder el efecto punzante.

A la interna del Frente se abren dudas, respecto a que si el crecimiento es tan bueno, por qué el Ejecutivo no arriesga un poco más en redistribuir. Mientras, en el equipo económico celebran el dato pero son conscientes de que los signos de la economía no tienen la firmeza de lo que se dio entre 2004 y 2014

El déficit fiscal, la pérdida de competitividad para las empresas, la contracción del mercado laboral, y la necesidad de preservar equilibrios y logros, hacen que las flechas del gobierno queden con esa punta redondeada. Aunque se quiera usar el arco, las flechas ya no son las de antes.

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