El artista y su colchón

Se llama Daniel Ibañez. Ha hecho de todo, pero fundamentalmente se ha dedicado a la pintura. Ahora vive en Piriápolis, con la novia que abandonó hace 40 años.

Por Linng Cardozo.

Vivía en Melo y tenía 14 años. Un día llegó a la casa y solamente encontró un colchón en el suelo: sus padres se habían separado y nada le habían avisado. Allí quedó, él y su colchón. Durante 4 años estudió y trabajó en lo que pudo. En esos 4 años una familia cercana –los Pérez Echevarría- fue quien lo amparó, alimentó y contuvo. En esa familia había una adolescente. Pronto se enamoraron, pero el joven, al cumplir los 18 años se fue solo para Buenos Aires. Casi 40 años estuvo en la capital argentina.

DE LA MANO DE QUINQUELA MARTIN. Benito Quinquela fue el pintor de La Boca, allí junto al Riachuelo. Había nacido en 1890. Ya casi en las vísperas de su muerte, Quinquela recibe a un joven uruguayo que lo quería retratar y así fue. Aquel pibe del colchón, Daniel Ibañez, bocetó un retrato del enorme artista de La Boca.Ibañez siempre corrió la liebre. Una de las formas fue trabajar para un sabandija que le pedía que imitara cuadros de Quinquela Martín. Ibañez conocía la técnica, las espátulas que utilizaba Quinquela y sabía pintar. Así hizo cientos de cuadros que el “emprendedor” vendía luego en Brasil en donde el artista argentino era muy apreciado. “Ojo, no le ponía la firma de Quinquela”, se cubre Ibañez. Lo que no sabe es si luego de que pasara la frontera, el comerciante le ponía o no una firma parecida a la de Quinquela. Mientras formaba su familia en Buenos Aires, Ibañez se las rebuscaba. En una oportunidad trabajó para otro “emprendedor de las artes”. Se trataba de un tipo que tenía un enorme galpón con unas mesas largas. Allí trabajan como 15 artistas, pero lo hacían en serie. A uno le tocaba pintar el cielo, a otro el campo y a Ibañez le tocaba pintar los árboles. De la fábrica de arte salían los cuadros para distintos comercios de Argentina.

Ibañez también trabajó en el proyecto que le otorgó los colores a las casas de La Boca. Ranchos de madera y chapa, que se levantan por ejemplo a lo largo de Caminito, la calle más famosa del barrio y donde algunos pintores del barrio venden sus obras a los visitantes. La calle Caminito nació en 1950 cuando un grupo de vecinos, en el cual estaba Quinquela Martín, decidieron recuperar un terreno abandonado por donde pasaba el tren. Limpiaron el lugar y después de algunos arreglos lo bautizaron con el nombre deCaminito, en homenaje al famoso tango compuesto en 1926 por Juan de Dios Filiberto y Gabino Coria Peñaloza.

Allí en esos arrabales, Ibañezaprendió la fantástica técnica del fileteado, esa que aparece en los carteles de bares y boliches de La Boca. Ya más cerca en el tiempo y siempre corriendo la liebre, comenzó a pintar para vender. En algunos casos, frente a la ausencia de acrílicos u óleos, le pedía alquitrán a los obreros de vialidad que remendaban las calles de Buenos Aires; con esa brea hacia cuadros en los cartones que le regalaban los comercios.
Ibañez expuso y vendió en Argentina. Pero un día pegó la vuelta al pago.

EL REENCUENTRO CON LA NOVIECITA. Hace 3 años Ibañez se pegó una vuelta por Cerro Largo y allí encontró, naturalmente, a aquella novia que un día había dejado para conquistar Buenos Aires. Ella estaba separada, tras haber armado su familia en Melo. No hubo mucho misterio. Daniel y Yarlot –si, con Y- comenzaron a vivir juntos. Ibañez abandonó Buenos Aires y los dos se refugiaron en Piriápolis. Allí hacen de todo. Ibañez sigue pintando, arma exposiciones, hace cuadros en la rambla de Piriápolis y administra un negocio de venta de muebles, aberturas, y todo lo que se quiera. “Y…me vine…ellos (la familia de Yarlot) fueron los que me salvaron”, comenta el artista mientras se le enrojecen los ojos y recuerda aquella casa con un sólo colchón.

NOTA: La foto fue tomada en enero pasado en la casa de Ibañez en Piriápolis.


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