El asado: un ritual en el que la rivalidad política se va con el humo

La parrilla convoca a amigos pero también a adversarios
Hacer la compra. Elegir la madera. Acomodar los leños para que nada detenga la ferocidad del fuego. Armar la parrilla para que la carne luzca arriba de los hierros y se respeten los tiempos del ritual. Dejar que las leyes de la física y la química hagan su trabajo –con una mano invisible experta– mientras que la charla dispara los temas que más seducen a los habitantes de esta nación: fútbol y política. Que durante la cocción el sentido del olfato se despierte para rememorar, como la magdalena de Proust, un quincho, un verano, gente o sentimientos.

La mayoría de los uruguayos son capaces de reconocer los símbolos de esta ceremonia tribal que rinde culto al encuentro amistoso en torno a la parrilla y al fuego. La mayoría de los orientales tienen competencia para reconocer las emociones que desprende ese hecho social, transversal en la nación desde antes que el país tuviera nombre. El asado fue, es y será un elemento diferenciador de la identidad nacional; un "principio ordenador" económico y cultural que tiene una "dimensión política amplia", como lo definió el antropólogo Gustavo Laborde en El asado. Historia, origen, ritual.

El asado es una bandera que los uruguayos exhiben con orgullo –contra el consejo de los nutricionistas– cuando las estadísticas marcan que pocos pueblos hay en esta tierra que coman tanta carne en relación a su población. El asado es además una herramienta de diplomacia pública y marketing. En Uruguay alguna vez se hizo "el asado más grande del mundo" para que quedara el registro de ese récord. Y cuando el presidente Vladimir Putin piensa en el éxito del fútbol uruguayo presume que la calidad de la carne tiene algo que ver con tantas victorias, según dijo durante la conferencia de prensa que brindó junto a Tabaré Vázquez en febrero en Moscú.

El asado es todo eso y también es un símbolo que une a colectivos que defienden los mismos intereses e incluso a aquellos que están en tiendas políticas opuestas. Uruguay es un país que puede exhibir una foto con cinco presidentes de tres partidos diferentes y también es un lugar en el que figuras políticas de diferente color se reúnen en la mesa para compartir la carne.

Asado entre opositores

El último ejemplo visible ocurrió el lunes 13, cuando intendentes y exintendentes que pertenecen al sector Alianza Nacional compartieron un asado con intendentes y exintendentes del Frente Amplio, además del expresidente José Mujica, en el campo del nacionalista Guillermo Besozzi. El sector Todos que lidera el senador Luis Lacalle Pou decidió no estar representado en esa reunión y, por eso, fue blanco de críticas de sus correligionarios.

Fue un encuentro informal en el que los participantes subrayaron la necesidad de mantener un "diálogo profundo" entre los políticos. "Hay que cultivar la civilidad. Que personas que piensan diferente se puedan sentar alrededor de una mesa es un valor uruguayo", dijo Mujica, según relataron asistentes del encuentro a El Observador. No es la primera vez que una parrilla une a estos actores. En el pasado Mujica y el líder blanco Jorge Larrañaga compartieron a solas ese ritual de la carne.

El asado tiene un vínculo estrecho con la actividad política y, en diferentes situaciones, sirvió para acercar partes y reunir jugadores de primera línea que responden a intereses diversos. Mujica ha sido uno de los principales propulsores de ese rito en las reuniones en el quincho de Sergio Varela que cada 1º de mayo celebra el día de los trabajadores, en una tradición que tiene casi dos décadas.

Empresarios, sindicalistas y políticos pasaron por ese quincho en el que, según cuentan, se terminó de resolver la huelga de la salud durante el gobierno de Jorge Batlle. El expresidente colorado murió el año pasado mientras recorría el país, haciendo política y comiendo asados con amigos.

Asado entre pares

Las internas partidarias también tienen sus instancias de parrilla, sobre todo en el verano. El tradicional encuentro herrerista en La Paloma y la reunión que todos los veranos se hace en la casa del exdirector del Sirpa, Rubén Villaverde, para dirigentes frenteamplistas y líderes sindicales son ejemplos de ello.

Esas reuniones suelen tener contenidos políticos en tanto que se discuten cuestiones vinculadas a la interna de los partidos y se delinean estrategias de cara al futuro.

El asado herrerista en La Paloma pasó a ser un puntal para medir el estado de ánimo del sector.

En las entrañas

El trabajo de Laborde describe la historia de esa comunión entre los uruguayos y la carne vacuna que data del siglo XVII, cuando Hernandarias soltó el primer contingente de ganado en la Banda Oriental.
Sin embargo, el asado no siempre gozó del mismo estatus y los europeos lo vieron como un "banquete bárbaro". Las parrillas se popularizaron recién en la década de 1940 y de ahí surgió un tipo de restaurante enfocado en este tipo de comida que hoy es un elemento redundante de las urbes uruguayas: las parrilladas.

El asado es un deseo que se ansía cuando el uruguayo está en el exterior y la parrilla es un sueño que se persigue cuando se piensa en otro: el de la casa propia.

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