El asesinato de las jóvenes argentinas revive el debate sobre el feminicidio

En redes sociales se instaló el tema de la violencia contra las mujeres
El fin de semana pasado la noticia de que dos jóvenes argentinas que viajaban como mochileras por Ecuador habían desaparecido se hizo eco en portales de todo América Latina y también en una virulenta campaña por redes sociales.

A poco tiempo de haber desaparecido, la policía ecuatoriana encontró sus cuerpos envueltos en bolsas de polietileno negras, ajustadas con cintas en embalar. Marina Menegazzo (22) y María José Coni (21), oriundas de la provincia de Mendoza, Argentina, estaban de vacaciones en Montañita, una localidad turística en Ecuador, y tenían previsto seguir viaje hacia Perú.

Luego de las pruebas forenses, se comprobó que ambas turistas habían sido golpeadas hasta la muerte e incluso una de ellas sufrió una herida con arma blanca por parte de sus agresores.

Las investigaciones avanzaron y, en una especie de reality show vía redes sociales, el Ministro del Interior de Ecuador, José Serrano Salgado, exhibía los progresos en la investigación a través de Twitter. El 29 de febrero Serrano anunció a sus más de 900 mil seguidores que habían detenido a dos presuntos sospechosos. Antes de que se confirmara que eran los responsables de la muerte de las jóvenes, el funcionario publicó las fotos los sospechosos en Twitter, que rápidamente se viralizaron.

Después, uno de los asesinos contó con detalle cómo habían asesinado a las jóvenes. "Según el relato del detenido, él y su amigo estaban alcoholizados y uno llevó a una de las chicas a su cuarto e intentó tocarla, la joven se resistió y éste le pegó con un palo en la cabeza que la mató instantáneamente", detalló el fiscal de la causa en una radio local, quién agregó: "Asustado, corrió a la otra habitación y encontró a la otra joven apuñalada en el tórax, sangrando".

Los familiares de las víctimas creen improbable que las chicas hayan ido a la casa de estos desconocidos y presumen que están ante un caso de trata de personas. En Argentina ejercieron presión para que el gobierno del presidente Macri se involucrara más con el caso. El mandatario, según publicó La Nación en su momento, puso a disposición agentes especializados -para que intervinieran en los asuntos policiales en Ecuador- y al embajador argentino en Quito. Ahora tanto los técnicos forenses como el embajador están a la espera de la respuesta de la oficina de Interpol en Quito.

Pero el asesinato desató otro debate paralelo: el del feminicidio y la violencia de género. Varios movimientos feministas se manifestaron en las redes sociales a raíz de una ola de comentarios machistas que, en algún punto, justificaban el asesinato de las jóvenes: por la ropa, porque iban viajando solas, porque se les dio más libertad de la que se les debía dar. Esos fueron algunos de los argumentos que se vieron.

Guadalupe Acosta, por ejemplo, es una activista que publicó una carta ficticia sobre el tema que fue compartida miles de veces en Facebook. "Me negué a que me tocaran y con un palo me reventaron el cráneo. Me metieron una cuchillada y dejaron que muera desangrada.", escribe Acosta. Y sigue: "Y solo muerta entendí que no, que para el mundo yo no soy igual a un hombre. Que morir fue mi culpa, que siempre va a ser."

Mariela Asensio, una dramaturga reconocida del otro lado del Río de la Plata y feminista declarada, también publicó su carta en referencia al tema: "El problema no es lo que nosotras hacemos con nuestros cuerpos, el problema es que están convencidos de que nuestros cuerpos no nos pertenecen, y lo que es peor, que nuestros cuerpos son de su propiedad, que en cualquier momento pueden tenerlos. Esta construcción arraigada como la peste en lo más profundo del inconsciente colectivo nos está costando la vida".

Al igual que Acosta y Asensio, muchos otros hombres y mujeres se hicieron eco de sus palabras en redes sociales y manifestaron el apoyo a las familias de Marina y María José.

"Te pido que por mí y por todas las mujeres a quienes nos callaron, nos silenciaron, nos cagaron la vida y los sueños, levantes la voz. Vamos a pelear, yo a tu lado, en espíritu, y te prometo que un día vamos a ser tantas, que no existirán la cantidad de bolsas suficientes para callarnos a todas.", termina la carta de Acosta.


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