El asesinato de un narco y el horror colateral

A consecuencia del tiroteo al matrimonio paraguayo, el auto salió de la ruta y mató a una adolescente que pasaba en ese momento por el lugar acompañada de varias amigas
La previa fue en la casa de Marcela. Después de que las adolescentes terminaron de aprontarse salieron caminando a buscar a otro joven de la zona. Pararon en un almacén y enseguida siguieron camino hasta la paralela sur de avenida Giannattasio. Iban a unas cuadras más hacia el este, a Médanos de Solymar, donde se estaba realizando el festival Costa Reggae.

Adelante caminaban Marcela, cuatro amigas y un muchacho. Más atrás los seguían otros dos jóvenes. El camino era conocido ya que eran de la zona y estaban acostumbrados a recorrer el barrio.
De un momento a otro la noche se derrumbó. Las adolescentes que caminaban adelante apenas sintieron bocinazos y los gritos desesperados de sus amigos que, desde más atrás, intentaron alertarlos de lo que estaba ocurriendo a sus espaldas. Todos corrieron para donde pudieron.
Marcela quedó atrapada abajo la camioneta.

"Prrrraam, prrrraam", se había escuchado unos kilómetros más atrás, en el semáforo de Giannattasio y Uruguay. Con el ruido, Pablo, que trabaja en un local comercial ubicado sobre la avenida, vio una ráfaga tan intensa que en su cabeza todavía sigue brillando. Estaba a 30 metros del episodio. No veía de dónde salía el barullo porque una ambulancia que esperaba la luz verde le tapaba la visión.

El estruendo se escuchó al mismo tiempo en que la camioneta Toyota salió "quemando rueda", según el testigo. Una moto dobló al norte y se perdió en la oscuridad de la calle Uruguay. La luz seguía roja y los conductores demoraron algunos segundos en reaccionar.

"Fue muy intenso, muy rápido, muy fuerte. No pasó un segundo y medio. Muy fuerte, fue muy fuerte", repetía Pablo, en diálogo con El Observador.

El hombre vio que instantes después un automóvil cruzó la calle Uruguay al sur, se metió en la estación de servicio, dio una vuelta en "U" y se fue por el mismo lugar. Los ocupantes de la ambulancia, que segundos antes estaban al lado del vehículo atacado, atinaron a salirse de la avenida y a moverse por la calle de pedregullo.

La camioneta con los paraguayos se había ido tan rápido que ya no se veía. Pablo no sabía si bajar la cabeza, esconderse o irse. Se terminó yendo despacio, todo fue "muy raro" y no quiso llamar la atención.

Sobre las 23.30 horas del sábado, la pizzería Portugalia se convirtió en un griterío. Está ubicada a casi un kilómetro de donde se habían escuchado los disparos. Cuando el personal salió a ver qué estaba pasando, se encontró con una camioneta chocada contra un muro, una columna caída encima del vehículo y mucha gente alrededor. En total había unas 15 personas intentando mover la camioneta. Uno de los trabajadores vio que debajo había una joven. Intentó sacarla de allí, al igual que sus amigos. Pero todos los esfuerzos fueron en vano.

"Fue muy intenso, muy rápido, muy fuerte. No pasó ni un segundo y medio" Pablo, trabajador que presenció el ataque a los paraguayos

La puerta del acompañante estaba abierta y de repente la mujer que iba sentada allí cayó para un costado. Entre varios la sacaron del vehículo y la acostaron en el terreno. Todavía estaba viva, pero la atención siguió en intentar sacar a la joven de debajo de la camioneta.

Hasta ahí, quienes no habían escuchado los disparos creían que se trataba un accidente de tránsito. La atención seguía puesta en mover la camioneta por lo que el cuerpo del conductor, atado a su asiento por el cinturón de seguridad y acribillado a balazos, pasó a un segundo plano. En el asiento de atrás iba sentado un niño de 7 años, que también pasó desapercibido. Ninguno de los consultados por El Observador parece haberlo visto en ese momento.

Mientras trataban de ayudar, a uno de los trabajadores de la pizzería le pareció que las ambulancias demoraban más de lo que tendrían que haberlo hecho, aunque lo cierto es que no sabe cuánto tiempo pasó realmente.

Finalmente las ambulancias llegaron. También habían llegado los padres de Marcela, que junto al cuerpo buscaban algo de consuelo. "Eso, acá, no hay", comentó un policía al trabajador del restaurante que ahora miraba la escena desde más lejos. Todo lo que vino después fue dolor.

Hacía un mes exactamente que Marcela y sus amigas se habían ido de vacaciones a La Paloma. Había sido la primera vez que salían al este solas, juntas, en una casa separada de la de sus padres, que también estaban en el balneario rochense. Por algún motivo, esa semana fue una de las más felices de la adolescente y, por eso, hacia allí partieron ayer sus amigas, donde eligieron despedirla.

Un hombre y un bebé de 15 meses

Otro caso ocurrido en los últimos días terminó con otras vidas en episodios confusos. Un tiroteo efectuado en la tarde del sábado 30 de enero en Casabó provocó dos muertes, la de un bebé de poco más de 1 año y la de un joven de 25 años. Una tercera víctima también resultó con varias heridas. Según consignó Subrayado, dos hombres estaban sentados frente a una casa ubicada en Pasaje de la Vía y Carlos María Ramírez con un niño de poco más de 1 año en brazos.

Alrededor de la hora 15, otros dos individuos en una moto pasaron por allí y, luego de gritar un nombre, dispararon unas 12 veces hacia donde estaban sentadas las víctimas y huyeron. La Policía investiga el móvil de los asesinatos.

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