El balotaje de Aguerre

Columna de opinión publicada en El Observador Agropecuario

Se conoció esta semana la composición del gabinete ministerial que acompañará en los próximos cinco años la gestión del presidente Tabaré Vázquez. La noticia repercutió de inmediato en el campo porque el ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca seguirá siendo Tabaré Aguerre.

La continuidad fue recibida con beneplácito por las principales gremiales ruralistas que seguramente ven en Aguerre a una persona que ha demostrado un conocimiento del sector agropecuario, una estrategia  con sus metas y un equipo altamente calificado para llevarla a cabo. A ello, el ministro agregó un temperamento obstinado y largas jornadas de trabajo en aras de sus logros.

Repasando su gestión de forma rápida y quizás desordenada, podríamos mencionar algunos temas que han estado como prioridades en su agenda y dejemos para el 1º de marzo próximo el balance final de concreciones y frustraciones. Y que ahora nos guíe el objetivo final de sus preocupaciones: que Uruguay sea un proveedor confiable de alimentos, de calidad e inocuos, para 50 millones de personas.

Ya hubo un avance porque Uruguay pasó en los últimos cinco años de producir para nueve millones de personas a hacerlo para 28 millones. Para ello ha sido fundamental el trabajo de los productores agropecuarios de todos los rubros, aunque la agricultura encabece la estadística. En los últimos años, la ganadería ha batido varios récords, a partir del crecimiento del stock vacuno; la lechería en igual superficie crece en base a la productividad por hectárea, dejando atrás los 2.500 litros de promedio, por poner algunos ejemplos.

El ministro Aguerre hizo la semana pasada una cuenta sencilla, develando una de sus obsesiones: que está todo escrito y solo hay que aplicarlo. La cuenta fue que si en lugar de 2,1 millones de cabezas vacunas se faenaran 2,7 millones, Uruguay podría duplicar su producción de carne y ello significará obtener US$ 1.000 millones adicionales de exportaciones. Y decimos nosotros: a ello habrá que agregar 300 mil vacunos exportados en pie por año y ahí tenemos los 3 millones de terneros producidos.

Para lograr ese objetivo hay políticas públicas en sanidad –vegetal y animal- que prestigian al país y abren mercados (falta solo Japón en la carne vacuna, y el Nafta y la Unión Europea en carne ovina con hueso, como principales desafíos); habrá valor agregado, y no solo por las mediciones de la huella de carbono (que ya están activas en carne, leche y arroz). Valor agregado es la trazabilidad, para la que resta completar la parte de los frigoríficos y así redondear el eslogan del campo al plato.

La adaptación al cambio climático, donde el ministro ha dicho que “a Uruguay le va la vida” y que para que lo entienda doña María se trata de mejorar la información y en base a ella incluir en la cuenta la contratación de seguros climáticos que terminen con la costumbre de que cuando a alguien le va mal toda la sociedad tiene que hacerse cargo de lo que no hizo –y pudo hacer- el productor por sí mismo.

Otros temas, a modo de reseña: una investigación adaptada a las necesidades de la producción, un proceso que está en plena marcha. También una apuesta a la innovación para sumarse al Uruguay agrointeligente, como el proyecto para medir los animales que convierten mejor el pasto en carne. Una granja exportadora desde la perspectiva de que cada kilo o litro de producto de más que produzca Uruguay debe ser exportado. La reducción de asimetrías mediante la inclusión de los productores de menor escala en las cadenas de valor.

En la continuidad, Aguerre tendrá la oportunidad de concretar objetivos en marcha, como el Sistema Nacional de Información Agropecuaria (SNIA), la gran base de datos del agro uruguayo que incluirá desde reportes climáticos y calidad y uso de los suelos hasta los stock ganaderos y otros datos vitales para el desarrollo del agro. Y, seguramente, también incorporará nuevos desafíos.


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