El brote del zika y su gran impacto en las mujeres

Un crudo recordatorio de que las necesidades de las mujeres y la salud deben ser temas prioritarios
Por Jim Yong Kim, presidente del Grupo Banco Mundial.

Desde que el brote epidémico de zika despertó la atención mundial a principios de este año, aparecieron fotos de bebés con microcefalia en las pantallas de televisión y los diarios de todo el mundo. Las imágenes se han convertido en emblemas del costo humano del virus, incluso sin que se haya confirmado el vínculo entre el zika y los defectos congénitos.

Sin embargo, hay algo que sí está claro: detrás de cada uno de esos bebés hay una madre, y muchas de esas madres son mujeres de zonas rurales que viven en la pobreza y no tienen acceso adecuado a saneamiento, información sobre salud y otros servicios. El brote de zika ha sido para el mundo un crudo recordatorio de que las necesidades de las mujeres y la salud deben ser temas prioritarios en los esfuerzos nacionales e internacionales de prevención y respuesta.

Hace sólo unos días, en el Día Internacional de la Mujer, se nos recordó que debemos prestar especial atención a las disparidades de género en el ámbito de la salud. Las brechas siguen siendo inaceptablemente amplias, en especial entre las mujeres de países en desarrollo, donde se registra el 99 por ciento de los casos de mortalidad materna de todo el mundo.

Sin embargo, hay algo que sí está claro: detrás de cada uno de esos bebés hay una madre

Muchos países de América Latina y el Caribe tienen sistemas de salud más sólidos que otras regiones del mundo en desarrollo. Sin embargo, esta región también presenta las tasas más altas de embarazos no planeados del mundo (56 por ciento), de acuerdo con un estudio de 2012. (i)

Las necesidades insatisfechas de servicios de planificación familiar también son elevadas en algunos países: el 23,7 por ciento de las mujeres en Haití, el 13,9 por ciento de las mujeres en Bolivia y el 18,5 por ciento de las mujeres en Guatemala quieren pero no tienen acceso a estos servicios, según las encuestas. Y algunos países, como El Salvador, presentan tasas muy elevadas de embarazos de adolescentes, los que a menudo no son planeados y son consecuencia de la falta de información y de acceso a servicios de salud reproductiva.

Las mujeres de la región también corren un gran riesgo de sufrir violencia de género: en un estudio de 12 países realizado en 2012 por la Organización Panamericana de la Salud y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos, se observó que entre el 17 y el 53 por ciento de las mujeres informó haber sufrido violencia física o sexual causada por sus parejas. Estos porcentajes guardan coherencia con las estimaciones de la Organización Mundial de la Salud de que cerca de un tercio de las mujeres de todo el mundo ha sido víctima de violencia física o sexual. Aunque evitar el embarazo puede ser una decisión acertada en este clima de incertidumbre en torno al zika, esa opción no está disponible por el momento para muchas mujeres que no tienen la libertad de decir no a sus parejas ni de insistir en la importancia de usar métodos anticonceptivos.

Otra grave crisis sanitaria también demuestra que las mujeres suelen ser las más perjudicadas. Durante la reciente epidemia de ébola en África occidental, los efectos en las mujeres fueron inmensos (PDF, en inglés), no solo por el impacto directo en su salud sino también debido al enorme aumento de su responsabilidad tradicional como prestadoras de cuidados y las consiguientes pérdidas en materia de ingresos y productividad. La mortalidad materna aumentó en los países afectados porque los sistemas de salud comenzaron a sufrir una tremenda presión: en un estudio del Grupo Banco Mundial de mediados de 2015 se estimó que, en los países más afectados, este problema podía alcanzar niveles que no se han observado durante una generación, debido a las numerosas muertes de trabajadores de la salud causadas por la epidemia.

Hace dos semanas, el Banco Mundial ofreció apoyo financiero a los Gobiernos de la región de América Latina y el Caribe para que refuercen sus medidas de respuesta al zika. Creemos que, además de controlar las poblaciones de mosquitos, aumentar la concientización sobre cómo prevenir la transmisión del virus y apoyar las actividades de investigación y desarrollo, debemos poner en primer lugar las necesidades de salud de las mujeres. Sin eso, la respuesta será insuficiente. Los servicios de salud reproductiva y los esfuerzos de difusión conexos, que son igualmente importantes, deben dirigirse tanto a mujeres como a hombres.

En todas las regiones, las mujeres pueden convertirse en poderosas agentes de cambio que ayuden a las economías a salir de la pobreza y crear resiliencia ante las rápidas amenazas y perturbaciones como la del zika, especialmente cuando pueden hacerse oír y ejercer un control decisivo sobre su salud y sus vidas.
Aún estamos en una etapa temprana de la crisis del zika y no conocemos mucho sobre la enfermedad. Pero ya podemos ver su impacto directo en las mujeres. Mientras el mundo se moviliza para ayudar a detener el avance del virus, debemos hacer hincapié en los beneficios de empoderar a las mujeres y garantizar que tengan acceso a los cuidados de salud que merecen.

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