"El buen director se ve en el ensayo"

Diego Naser dirige hoy a las 19.30 en el Solís un nuevo concierto de la Filarmónica
Por Alexander Laluz, especial para El Observador

Sin rodeos. "El buen director se ve en el ensayo", dice Diego Naser, poco tiempo antes de iniciar uno con la Filarmónica de Montevideo. Esta noche, a las 19.30 en la sala principal del Teatro Solís, su arte jugará el partido definitorio.

Con un programa difícil, que incluye obras de Carl Maria von Weber (la obertura Oberón), Serguéi Rajmáninov (Concierto para piano no 2) y Piotr Ilich Chaikovski (Sinfonía no 4), el joven director y violinista uruguayo, que tiene una amplia experiencia en el exterior, vuelve al podio de la Filarmónica, esta vez con la actuación como solista del reconocido pianista español Juan Pérez Floristán. "El desafío es grande, las obras son exigentes, pero la orquesta está a la altura del desafío", añadió.

Su modelo, afirma con orgullo, es el arte de Daniel Baremboim, una de las batutas más importantes e influyentes de la escena internacional de la música culta. "Conozco su arte de primera mano, desde que me integré como violinista a las filas de la West Eastern Divan, la orquesta que fundó con Edward Said en 1999. No soy su alumno de dirección, pero en sus ensayos aprendo mucho".

Barenboim, cuenta, ensaya poco y bien. Al conocer a fondo cada instrumento, cada sección de la orquesta, y al saber qué quiere lograr con cada interpretación, les da a los músicos indicaciones precisas, tanto en lo técnico como en tratamiento expresivo. Y esta técnica se podría aplicar a cualquier orquesta, como la Filarmónica de Montevideo y la Orquesta Sinfónica del Sodre. "Esto tiene que ver con algo que reinvidico siempre: a las orquestas no se les paga por ensayar, por hacer un largo plan con semanas de ensayos; se les paga para que den conciertos. Entonces hay que hacer un trabajo efectivo en ese sentido".

Cuando surgen los problemas, los conciertos que no funcionan, las temporadas mal planificadas, se suele responsabilizar a las orquestas. Y eso, asegura Naser, está mal."Cuando se elige a una persona que no es idónea para dirigir un proyecto como una orquesta, todo falla, y lo paga todo el equipo. Y esto es injusto. La responsabilidad es de la cabeza, de quien está al frente. Cuando veo, por ejemplo, que las orquestas de la región tocan dos o tres veces más que las orquestas de acá, pienso mucho en cuál es la razón. A veces puede ser un problema de presupuesto. Pero otras veces no. Lo resumo así: si mañana a mí me triplican el caché que voy a cobrar por este concierto, no voy a dirigirlo tres veces mejor. Es cierto, los sueldos de los músicos son bajos, sobre todo en la Ossodre. Pero hay otro componente. Hay una falta de experiencia en la conducción de una orquesta sinfónica profesional. No hay rumbo. Y por eso fallan las cosas. Se necesita una conducción eficiente, con capacidad para sacarles el mejor partido artístico a estos organismos sinfónicos".

El compromiso del arte, asegura, es con la humanidad: "Esa es una de las lecciones más fuertes que aprendí con el maestro Barenboim. Hay que trabajar por ese camino. Él utiliza su arte para generar una discusión positiva para el desarrollo de la sociedad, para el desarrollo de las libertades de los individuos que la componen", aseguró. Y ese compromiso, concluye, se renueva con cada programa de concierto.

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