El "caballo" ha regresado y mata sin piedad

En Estados Unidos muere una persona cada 19 minutos por sobredosis de heroína
En 1945, durante la segunda guerra mundial, Adolf Hitler ordenó cortar el suministro de opio que los aliados obtenían del norte de África y desde Asia para producir la morfina que luego enviaban a los hospitales de campaña en el frente de guerra. Al mismo tiempo, en un acuerdo entre Estados Unidos y México se alentó a los campesinos mexicanos, algunos de los cuales se dedicaban al cultivo de la marihuana, para que plantaran amapolas –la materia prima del opio– en el llamado "triángulo dorado" formado por los estados de Chihuahua, Sinaloa y Durango, cuyo clima se prestaba para este cultivo.

La guerra terminó y los mexicanos siguieron enviando marihuana a EEUU, que, ya en la década de 1960, se nutría de la heroína proveniente de Asia Central. Derivada de la morfina y lanzada al mercado en 1898 por la firma Bayer, la heroína llegaba de muy lejos al mercado estadounidense; el viaje encarecía el producto y para abaratarla los traficantes la cortaban con otras sustancias, lo que obligaba a los consumidores de esta droga –una de las más adictivas– a inyectársela directamente en las venas para sentir sus efectos.

La década de 1960 dejó un tendal de cadáveres jóvenes como producto de esta droga. Algunos expertos sostienen que, en materia de consumo de drogas, a un período de una droga anestesiante (como la morfina) sigue uno en el que impera una euforizante, como ocurrió con la cocaína en las décadas de 1980 y 1990.

La llamada "epidemia del crack", que afectó especialmente a las comunidades negras de las grandes ciudades, tuvo un impacto breve pero profundo en la sociedad estadounidense, pero no se la puede comparar ni de cerca con lo que está ocurriendo ahora en Estados Unidos con el resurgimiento de la heroína o el caballo, como la llaman los consumidores.

Luego de un largo proceso de acomodamiento de las mafias colombianas y mexicanas, estas últimos terminaron imponiéndose. Además de haberse quedado con el mercado estadounidense de la cocaína, los carteles mexicanos se diversificaron y, a la vez que comenzaron a producir metanfetaminas por toneladas, volvieron a plantar amapolas como en la década de 1940.

Una hectárea de amapola rinde lo que 10 de coca.

Ahora la heroína que producen los mexicanos ya no llega de lejos al mercado estadounidense y es de una alta calidad, lo cual les permite a los consumidores esnifarla o fumarla sin necesidad de inyectársela en las venas. Esto está provocando que, a diferencia de lo que ocurría en la década de 1960, el consumo llegue a las clases medias y a la población blanca, y lo está haciendo a niveles nunca vistos.

En 2014 hubo unos 28 mil muertos por sobredosis, lo que supera las muertes por accidentes de tránsito.

En los consultorios

Sin embargo, antes de que esta adicción se esparciera como un cáncer por todo el territorio de EEUU, tuvo que pasar algo y no precisamente en las montañas del norte de México sino en los pulcros consultorios médicos de ciudades y pueblos.

Solo en 2012 se prescribieron 259 millones de recetas de analgésicos opiáceos, lo que equivale a un frasco de píldoras para cada adulto estadounidense.

Apenas un ejemplo: el 80% del consumo mundial de oxicodona –un opioide– se realiza en Estados Unidos.

El presidente Barack Obama hizo un llamado a la comunidad médica para que tuviera en cuenta lo que a juicio de muchos es un exceso en la prescripción de opioides legales.

La primera consecuencia es que genera adictos a quienes luego el médico deja de recetarles esa medicación o se les torna muy oneroso obtenerla en las farmacias; es entonces cuando los consumidores salen a las calles a conseguir la más barata heroína.

Entre 2002 y 2013, las muertes por sobredosis de heroína en Estados Unidos se cuadruplicaron y hay situaciones desesperantes como la que se vive en Baltimore, llamada la capital de la heroína, donde el 10% de su población es adicta a esta sustancia.

Según el diario El Mundo, el tema fue incorporado como un asunto de primer orden por la Federación Mundial de las Comunidades Terapéuticas, y se teme que lo que ha sido calificado como "pandemia" llegue a Europa.

En Estados Unidos la administración Obama ha trabajado para suavizar las leyes que condenan el consumo de drogas porque añaden un nuevo problema con cárceles repletas de adictos (EEUU tiene uno de cada cuatro presos de todo el mundo) y aumentó el presupuesto para medicamentos como la metadona y la naloxona: la primera ayuda en los tratamientos para dejar la heroína y la segunda para recuperar a los adictos de una sobredosis.

Hay quienes critican el uso de fármacos para tratar la adicción, pero quienes deben lidiar con los adictos levantan su voz de alarma: "El empleo de estos fármacos podría reducir las tasas de mortalidad a la mitad... El punto clave es que necesitamos mantener a la gente con vida", dijo a CNN Caleb Banta-Green, investigadora del Alcohol and Drug Abuse Institute de la Universidad de Washington.

Las frías cifras se tornan dramáticas y el futuro oscuro cuando aluden al perfil de los consumidores: más de 5% de la población estadounidense de 12 años de edad o más ha utilizado opioides y se estima que estas drogas son consumidas por el 14% de las embarazadas.

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