El camino del bagayo

Historias y leyendas del contrabando de combustible en la frontera con Brasil

Sí, en la frontera se usa mucho combustible brasileño de contrabando, para la agricultura y para el transporte. Al menos eso es lo que dicen; yo no sé bien. Pero no vaya a creer que es changa: es tradición y es oportunidad. Tenemos 800 kilómetros de frontera con Brasil. ¿Con qué van a parar el bagayo?

Se usa combustible brasileño desde que tengo memoria, porque siempre fue más barato, igual que el supergás. Lo mismo pasa en la frontera con Argentina, pero de eso conozco menos.

El gasoil es más barato en Brasil porque paga menos impuestos, porque hay más competencia entre los diversos sellos, que incluso importaron el 12% del diésel que vendieron el año pasado, y por la escala de producción.

Los camioneros uruguayos compran en la frontera con ciudades dobles: Artigas-Quaraí, Rivera-Santana do Livramento, Río Branco-Jaguarão y Chuy-Chui; o en cualquier punto de la frontera seca. Es lo que dicen.

Ahora la nafta uruguaya de 95 octanos cuesta 45,90 pesos, más un pequeño descuento que se hace en la frontera por compra con tarjeta, mientras del otro lado está a 36 pesos. Y es más barata a medida que uno se adentra en el Brasil. La diferencia en el gasoil es todavía mayor. En Uruguay cuesta 41,80 pesos el litro contra 28 o 29 en Brasil. Y los grandes consumidores pagan solo 24 pesos.

Claro que hay que tener cuidado, porque en la frontera no hay surtidor que eche la cantidad que marca y muchas gasolinas están estiradas con alcohol. Eso es lo que dicen.

La edad de oro del contrabando

Ahora no es nada. Hace 25 o 30 años no había un solo litro de gasoil uruguayo en la frontera. En 1989 la inflación en Brasil era de más de 2.000% anual, y en 1993 llegó a 2.500%. La inflación licuaba los precios y uno se hacía una fiesta con los pesos uruguayos o con dólares. Después vino el Plan Real y entonces los precios comenzaron a equilibrarse.

En aquella época El Chocolate, El Corto o el Mangango pasaban camiones de gasoil por la aduana. Eso es lo que dicen; yo no sé. Pero sé que un tío mío que quedó sin trabajo acondicionó una vieja camioneta Willys, con tanques atrás, y también se dedicó a bagayear combustible por el Chuy. El productor uruguayo tenía cuenta en la estación brasileña, el bagayero cargaba a esa cuenta, pagaba coima en la Aduana, en ciertos turnos y a ciertas personas cuyo nombre no recuerdo, y entregaba el combustible en la chacra. En aquella época se pagaba un peso por litro: 2.000 litros de contrabando, 2.000 pesos de coima.

Por cada litro de gasoil uruguayo se usaban 10 litros de gasoil brasileño. Era contrabando de verdad. Hoy se hace, pero en mucho menor volumen.

En aquella época también se contrabandeaba a través de laguna Merín, cosa que no sé si ocurre hoy, al menos en la escala de aquel entonces. Los uruguayos compraban y los brasileños traían el combustible en barcazas de pesca, con motor diésel, desde Santa Vitoria do Palmar. A veces incluso, se había crecida, remontaban un tramo del arroyo San Miguel, en medio de bañados y arrozales. En un barco de pesca grande traían tranquilamente 20 o 25 tambores de 200 litros, un total de 4.000 o 5.000 litros. Ponían tablones entre la barcaza y la orilla y los bajaban rodando. Como andaban armados, incluso cazaban algún carpincho. Yo lo vi hace muchos años; ahora no sé.

Por cada litro de gasoil uruguayo se usaban 10 litros de gasoil brasilero. Era contrabando de verdad. Hoy se hace, pero en mucho menor volumen.

Una vez, allá por 1986 si mal no recuerdo, la Prefectura se llevó presos a los compradores uruguayos de gasoil, cerca del pueblo San Luis al Medio, pero no pudo agarrar a los brasileños. Los uruguayos eran todos integrantes de la cooperativa Carlin, del Chuy.

El Momosa tenía estación de servicio en Aceguá, del lado brasileño, y estación de servicio en Melo. Dicen que fue el contrabandista más grande de combustible que hubo en Uruguay. El camión salía de Brasil con matrícula brasileña y al llegar a Melo, al descargar, tenía matrícula uruguaya. Es lo que cuentan.

Ahora no es fácil para los grandes productores arroceros servirse del contrabando. La economía se ha ido formalizando mucho por el uso de computadoras y el cruce de datos. El que paga el Impuesto a las Rentas de las Actividades Económicas (IRAE), que es una tasa sobre la ganancia neta, necesita descontar gastos: precisa la boleta de combustible uruguayo. Además puede descontar algo del IVA sobre el combustible. Ese productor grande a lo sumo puede mechar algo de gasoil brasileño o usarlo sólo en sus vehículos personales. Pero el productor arrocero más chico y el transportista, que descuenta sólo unos siete puntos de IVA sobre el gasoil, tienen cuentas muy apretadas y menos formalización.

Hay mucha oferta. Buena parte de los camioneros son pequeños empresarios que manejan su propio vehículo. Los empresarios medianos manejan uno de sus camiones y tienen tres o cuatro más conducidos por empleados. Y también hay muchas grandes empresas, con decenas de camiones, en general más nuevos, y muchos empleados.

El antiguo camino de los "quileros"

Camino de los Quileros

Para un camionero chico o mediano, formalizado sólo a medias, el uso de gasoil de contrabando durante la zafra de arroz puede ser la diferencia entre sobrevivir o quebrar.

La forma más sencilla es echar gasoil en la frontera. Un camión carga 400 litros, casi 400 dólares, y se lleva algún tanque extra. El gasoil también se compra en Melo, a unos 30 pesos. Los cuatro o seis pesos de diferencia son para el que lo bagayea desde Aceguá, que dista 58 kilómetros. Son los antiguos "quileros", quienes ahora, en vez de cargar caña, yerba o rapadura a caballo, como cantaba Osiris Rodríguez Castillo, acarrean por viaje en moto hasta 400 litros de combustible o hasta 13 garrafas de supergás. Usan viejas motos Honda 125, en las que montan un soporte de madera y todo tipo de cargas. También hay personas que tienen empresas de motos y que las alquilan para bagayear. Ahí se reparten la ganancia.

Creo que usar gasoil brasileño es importante en plata para el transportista, y también sicológicamente. Es una tradición, como la fariña. Pero el costo más alto para una empresa de camiones son la amortización del vehículo, los salarios, los impuestos y la espera en los molinos de secado, cuya capacidad se desborda durante las zafras. Barco parado no gana flete. En general las empresas chicas o medianas no pagan a sus choferes los laudos que acordaron con el sindicato y el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social. Todo el mundo sabe que el laudo es impagable.

Un chofer, en realidad, gana 20.000 pesos por mes, todo el año, más 8 o 10% de lo que facture el propietario del camión.

Los camiones más apreciados son los Scania o los Volvo, pero se han vendido muchos VW y camiones chinos por razones de precio. Los camiones que cargan 30 toneladas gastan mucho combustible. Rinden sólo 2,3 kilómetros por litro. Usar gasoil brasileño puede significarles 1.000 o 1.500 pesos de ganancia extra en un flete largo entre la chacra del productor de arroz y los molinos de secado en Rocha, Treinta y Tres, Cerro Largo, Tacuarembó, Artigas o Salto.

Aduaneros e inspectores

Muchos camioneros que trabajan durante la zafra del arroz ni siquiera tienen línea de crédito en las estaciones de servicio uruguayas. ¿Para qué? Sí tienen crédito con el posto brasileño o con un bagayero. Los inspectores de ANCAP raras veces aparecen en los arrozales a fiscalizar los combustibles. Pero cuando aparecen, como ocurrió la semana pasada durante el conflicto con los transportistas, esos camioneros les piden a los arroceros que les consigan combustible nacional, o que les garanticen el crédito. Otros camioneros simplemente desaparecen; el negocio ya no les sirve si deben comprar combustible uruguayo.

La semana pasada aparecieron inspectores de Aduanas y de ANCAP en los arrozales. Con sus pipetas buscaban gasoil brasilero, que tiene otro color, en los tanques de los camiones. Cobran 400 pesos de multa por cada litro de combustible de contrabando. Pero los camioneros eran advertidos por los vecinos y los productores. Se escondían en las chacras e incluso vaciaban los tanques en los caminos. Un desastre.

Es un viejo juego en los caminos de campaña. Allá por las décadas de 1950 y 1960 se vendía una "nafta agrícola", mucho más barata y de diferente color, cuyo uso estaba restringido a la maquinaria. Pero por supuesto que se utilizaba en toda tarea y en cualquier vehículo. Recuerdo a los inspectores de ANCAP, al acecho en los caminos, armados de una pera de goma y unas pipetas para examinar el combustible de los tanques de autos y camionetas. En Río Negro había un viejo que administraba una estancia y andaba en un Ford A modelo 1929, esos que tenían el tanque del combustible delante del parabrisas, con el tapón arriba. El viejo había hecho soldar un compartimento debajo del tapón, en el que ponía nafta legal para la pipeta de los inspectores, pero en el resto del tanque cargaba "nafta agrícola".

Claro que a los inspectores se les ablandaba el corazón si les regalaban una mulita o medio cordero. Eso pasaba antes; ahora no sé. Yo no lo vi, pero sentí clarito, como cantaba Alfredo Zitarrosa.


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