El caso "Toto": ética y patadas en las costillas

La línea que separa los asuntos de interés público de los de interés privado la marcan los periodistas, y deben asumir las consecuencias por ello

Pegar en el piso. Ese es uno de los deportes nacionales, obviamente, no declarados ni admitidos públicamente. Puede que el periodista Jorge Da Silveira esté cosechando lo que sembró entre jugadores y colegas, algunos de los cuales, hay que decirlo también, se prendieron de sus bajos para obtener beneficios de la fama de este comunicador.

¿Cómo medir el impacto que tuvieron las afirmaciones de Da Silveira en la vida del futbolista Jonathan Rodríguez? Depende de la vara que se use, de quién la use y de en qué lugar la use. ¿Qué hubiera ocurrido si la verborragia de Da Silveira desplegada en una entrevista con la televisión de El Observador se hubiese perdido en el éter? ¿Cuánto jugó que las palabras quedaran negro sobre blanco en la página web del diario? ¿Cómo habría repercutido si no estuviese en curso una negociación de Peñarol con el Benfica de Portugal para vender al futbolista? ¿Y si en vez de Da Silveira lo hubiese dicho otro periodista?

Pueden parecer cuestiones aleatorias pero inciden muy fuerte en el debate de fondo: ¿fue ética y técnicamente correcto lo que dijo Da Silveira?

Técnicamente parece que no a estar por la propia aclaración escrita que divulgó Da Silveira en la que afirma que no consultó las fuentes adecuadas. La enmienda fue mucho peor que la balada. La aclaración de Da Silveira la escribió Peñarol. A la hora de analizar todos los capítulos de esta novela, la falla técnica y ética de Da Silveira está claramente en el modo que hizo la aclaración (de la que luego prácticamente se desdijo), pero no es tan claro que lo mismo pueda decirse de su afirmación inicial.

Puede haber más de una opinión acerca de si la alusión a que el futbolista “bebe” es o no de interés público. Se trata de un futbolista profesional, al que la gente le paga el sueldo con cada entrada que compra y que deposita en él sus esperanzas, para muchos en esta sociedad fracturada, la única esperanza de sus vidas.

Los medios de comunicación entienden que esa industria multimillonaria que es el fútbol resulta tan importante que ocupan una sección central en su agenda. Aquí y en el mundo. Aquí las autoridades del fútbol entienden que es una actividad tan de interés público que le reclaman al gobierno que se haga cargo de la seguridad, mientras que el gobierno opina que es un negocio privado. Si el deportivo es un escenario donde los medios y la gente ponen el foco, ¿no es importante saber que un crack famoso rinde poco o tiene determinados problemas porque toma alcohol?

La decisión final de publicar eso o no es de los periodistas, o mejor dicho, para no escribir en plural, del periodista que se enfrenta a esa situación.

Incluso quienes creen que no debió hacerlo pudieron enfocar su discrepancia en términos más profesionales; pero la embestida contra Da Silveira parece rezumar viejos y nuevos rencores, que le atribuyen intencionalidades que impiden un enfoque lo más distante posible a todas esas pasiones.

La línea entre los que es de interés público y lo que no la pinta cada uno en su accionar cotidiano. Me siento más representado por quienes intentan forzar esa línea y ganar espacios de libertad, no solo en el fútbol obviamente, sino en todas las áreas del periodismo. Si al empujar esa línea alguno se tropieza y cae, tendrá que asumir las consecuencias profesionales y/o judiciales que corresponda. Y en Uruguay, por supuesto, las patadas que le darán en el piso, algunos extraños, y otros no tanto.

 


Comentarios

Acerca del autor