El caso verdadero del escritor sueco suplantado por un zombi

EL AUTOR DE LA SAGA MILLENIUM SE REVUELVE EN SU TUMBA TRAS UN EMBUSTE EDITORIAL

Imagine un cuento fantástico con este sencillo argumento: un afamado escritor muere imprevistamente y, desde su cielo personal, observa aterrado que en la tierra otra persona se ha apoderado de sus personajes y los maneja a su antojo para ganar plata a costa de una creación ajena.

Si le sacamos el componente sobrenatural, esta historia está a punto de convertirse en realidad y su principal protagonista es el fallecido escritor sueco Stieg Larsson, autor de la trilogía de novelas policiales Millennium que fue llevada al cine con cierto éxito. Larsson ganó y le hizo ganar millones de dólares a la industria editorial gracias a las andanzas de los personajes de las novelas Los hombres que no amaban a las mujeres, La reina en el palacio de las corrientes de aire y La chica que soñaba con un fósforo y un bidón de gasolina.

Cuando se disponía a continuar la saga, Larsson acometió la común costumbre de morirse y lo hizo a los 50 años un día de noviembre de 2004 cuando le falló el corazón luego de subir siete pisos por escalera para llegar hasta su oficina.

Pero a los mercaderes del templo no hay parca que les arruine el negocio ni ascensor que los deje a pie. Es así que la editorial Norrstedts, que había lanzado al mercado las obras de Larsson, resolvió contratar los servicios del periodista David Lagercrantz para que escriba un nuevo libro con los personajes creados por el difunto autor y los maneje a su antojo.

La maniobra de simulación de identidad deja chica incluso la codicia de esos albaceas que revisan hasta las facturas de electricidad de los autores muertos para encontrar papeles más o menos publicables que les permitan seguir haciendo caja.

Si existe una justicia poética, el periodista impostor merece ser acosado por el fantasma de Larsson quien, cada vez que aquel quiera acometer la tarea que le encomendaron sus editores, le desconectará la computadora, le pisará la cola al gato y romperá dos o tres copas.

Si esto no sucede, los lectores tienen en sus manos la posibilidad de hacer justicia constante y sonante con el pobre Larsson negándose a comprar la obra de cuarta que se les quiere vender.

Aunque, conociendo el paño, es más probable la aparición del enojado fantasma de un escritor difunto que la rebelión de unos lectores acostumbrados a comprar ese montón de hojas recubiertas de un par de tapas satinadas que rebozan en los escaparates y que cierta gente insiste en llamar libro.

"Lo que no te mata te fortalece", se llama el libro fantasma lanzado al mercado por estas horas. Larsson debe decidir ahora si sigue descansando en el cementerio de la iglesia Hgalid de Estocolmo o si le da algunas instrucciones precisas a la chica que soñaba con un fósforo y un bidón de gasolina.


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