El caso Watergate y la pantalla grande

Recuerdo de la llegada de Todos los hombres del presidente al cine

El periodista Carl Bernstein tiene un plano favorito, poderoso pero sin palabras, dentro de un filme definido por su verborragia. Es el momento en el que todo se eleva al nivel de metáfora. Ese plano es, como lo llama Bernstein, “el plano en la biblioteca del Congreso”. La película es Todos los hombres del presidente, el clásico periodístico de Alan J. Pakula, que celebró la semana pasada su 40° aniversario de lanzamiento. Y el plano en cuestión comienza mirando a los reporteros del caso Watergate del Washington Post, Bernstein (Dustin Hoffman) y Bob Woodward (Robert Redford) desde las alturas, mientras analizan meticulosamente los miles de ficheros de circulación de la biblioteca.

“El plano, y la escena en sí misma, a medida que la sobrecogedora cantidad de ficheros son llevados a los reporteros, ilustra de forma brillante los desafíos tanto monumentales como granulares del reporterismo real, así como el contexto de nuestra propia situación”, comenta Bernstein.

Woodward, como contraste, afirma que sus momentos visuales favoritos del filme de 1976 son dos escenas que no solo son cruciales, sino que también ayudan a definir al personaje del editor ejecutivo del Washington Post, Ben Bradlee, interpretado por el actor Jason Robards, ganador de un Oscar por su actuación. Uno de esos momentos, dice Woodward, es cuando Bradlee señala que el diario va a confiar en “los chicos”, los dos jóvenes reporteros. Otro momento es cuando Bradlee mira el artículo y le dice que no tenían lo necesario para publicarlo. “Él siempre apeló a dos cosas: lealtad y elevar el listón de desempeño”, dice Woodward, ahora editor asociado del Washington Post sobre Bradlee, quien murió en 2014.

El plano que casi no sucedió

Cuando Hollywood encontró un bloqueo en su camino, tuvo que explotar las conexiones políticas que tenía en Washington. Los realizadores de Todos los hombres del presidente originalmente no podían utilizar la Biblioteca del Congreso para filmar la escena favorita de Bernstein, pero luego lograron que el presidente de la Motion Picture Association of America (MPAA), Jack Valenti, usara sus influencias. Sin embargo, cuando lograron entrar se encontraron con un reto cinematográfico: cómo usar el edificio y su rotonda para lograr el máximo efecto.

Todos los hombres del presidente

La idea detrás de este plano, según dijo el fallecido director de fotografía Gordon Willis, era transmitir el sentido de que ambos reporteros estaban buscando una aguja en un pajar entre los ficheros de solicitud de libros de la Casa Blanca. El inventivo Willis enganchó la cámara a un cabrestante y un cable, con estabilizadores y un sistema de enfoque remoto, para crear el dramático paneo ascendente. El plano señala el lento trabajo de la investigación con un fundido encadenado, mientras que la música de David Shire le da un sentido metódico ante grandes pilas de tarjetas y grandes instituciones.

Armando al personaje

Según se comenta, Jason Robards se mostraba reticente ante la oportunidad de interpretar a Bradlee. ¿Qué podía construir el veterano actor a partir de lo que le daba el guión? Todo lo que Robards detectaba era un personaje que no paraba de preguntar, demandar y ladrar: “¿Dónde está la historia?”.

A Robards le dijeron que esa era la actitud del editor del Washington Post, y que el rol requería explorar las maneras en las que podía representarse eso. El resultado permite atisbar, con maestría dramática, escenas icónicas de liderazgo y lealtad.

Todos los hombres del presidente

Un año antes de Todos los hombres del presidente, Redford protagonizó el thriller de la CIA de Sydney Pollack, Tres días del Cóndor y en ese filme su personaje era descrito como alguien cuyos ojos no se desvían mucho, y no se pierden de nada.

Esas mismas palabras pueden ser utilizadas para describir la visión de Bradlee en Todos los hombres del presidente. Sus escenas fueron filmadas para que, incluso cuando levanta sus piernas en pose de poder, son sus ojos los que transmiten su análisis de lo que tienen enfrente, y lo que aún falta.

La luz y la sombra de la verdad

Gordon Willis, el legendario director de fotografía, era afectivamente conocido como “El príncipe de la oscuridad”. Pero, como él mismo solía decir, lo que importa no solo son las sombras, sino la interacción entre la luz y la oscuridad. Willis ya había ilustrado esa dinámica narrativa en los dos primeros filmes de la trilogía El Padrino, así como otras películas.

Willis llamaba a la redacción de luces fluorescentes un lugar “opresivo”, pero el resultado es cinematográficamente hermoso, como si todos los hechos descubiertos por los reporteros pudiesen ser analizados como muestras de laboratorio, bajo la cruda luz de la interrogación.

Mientras tanto, el estacionamiento de Woodward, donde se llevaban adelante las reuniones con Garganta Profunda, es estructuralmente similar a la redacción, con sus techos cuadrados y sus filas y filas de columnas. Pero en ese lugar la verdad es revelada solo de forma gradual, en gran parte oscurecida y reticente a ser llevada a la luz.

Todos los hombres del presidente


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