El castrismo en la ruta china

Cuba va en camino de imitar a China en abrir la economía y mantener bajo candado el cerrojo político

Cuba va en camino de imitar a China en abrir la economía y mantener bajo candado el cerrojo político. La distancia entre Raúl Castro y Den Xiao Ping, el visionario que en la década de 1980 empezó a sacar a China del colapso en que la había sumido Mao Zedong, es tan grande como la diferencia de problemas entre la pequeña isla turística del Caribe y el complejo gigante asiático. Pero el dictador cubano, aprovechando la distensión con Washington, ha tomado el modelo chino, basándolo en intensificar el floreciente caudal de visitantes a sus playas y promover inversiones norteamericanas y europeas.

Estos objetivos se reflejaron en su visita a Francia y en el creciente flujo de turistas y potenciales inversores desde Estados Unidos, corriente alentada por la reciente reanudación de vuelos comerciales regulares desde su antiguo enemigo y la ampliación gradual del intercambio comercial. Pero de libertades, nada. Al contrario, el grupo disidente Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional aseguró, en su último informe mensual, que va en aumento el número de arrestos de opositores, reales o temidos, que habría alcanzado a 1.414 personas el mes pasado. Esta organización sostuvo que, además de los arrestos, abundan las agresiones y otros actos intimidatorios por fuerzas de seguridad para tratar de disuadir protestas.

Nada indica disposición castrista a aflojar la estructura dictatorial que mantiene a los cubanos desde hace 57 años sin libertad de expresión o reunión, sin garantías judiciales y sin las demás libertades a que tienen derecho natural todos los seres humanos en el mundo moderno. Las condiciones represivas persistirán durante mucho tiempo, facilitadas por la decisión del presidente Barack Obama de atenuar el embargo económico sin insistir demasiado en el viejo reclamo de Washington de implementación de algunas libertades. Obama incluso ha vuelto a insistir en el levantamiento formal de más de medio siglo de embargo, acción frenada hasta ahora por la mayoría opositora del Partido Republicano en el Congreso y por otros sectores que la condicionan primero a un mínimo de apertura democrática en la isla.

La política de Obama, de todos modos, tiene dos explicaciones razonables. Una es reconocer que el embargo fracasó en su objetivo de debilitar la dictadura de los hermanos Castro. Al contrario, les dio la excusa de culpar a esa medida por las privaciones en que viven los cubanos desde hace tres generaciones, absolviéndolos de sus propias culpas por las ineficiencias del dirigismo socialista de la economía. El otro es la esperanza de que los renovados contactos de los cubanos con sociedades más prósperas y la mejora en sus condiciones de vida, gracias a la parcial liberación comercial por Estados Unidos, empiecen a horadar lentamente el apoyo popular a un sistema dictatorial que es lo único que conocen desde 1959.

Después de suceder a su enfermo hermano Fidel, Raúl Castro lanzó en 2008 una modesta apertura económica interna, con habilitación de algunas iniciativas privadas de los cubanos. La actividad privada, tanto interna como de inversores, se acrecentará con el deshielo aprobado por Obama hace un año, lo que permitirá a la población de la isla vivir un poco mejor. Pero el restablecimiento de las libertades individuales y el respeto a los derechos humanos seguirán, igual que en China, bajo la rígida llave del Estado.


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El Observador

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