El caudillo de la frontera

El intendente es uno más en Melo y los viernes de noche los pasa en el mismo bar desde hace 10 años
Las reuniones de la mañana habían sido más largas de lo previsto, pero no tenía ningún interés en llegar tarde al encuentro pactado con los políticos brasileños del otro lado de la frontera. Viajó en el auto desde Melo hasta el pueblo Centurión, pero, ante la ausencia de un puente, el río Yaguarón parecía un obstáculo difícil de sortear. Sin embargo, ese problema fue rápidamente resuelto. Tomó prestado un pequeño bote de un vecino y cruzó a remo el río que oficia como frontera con Brasil, junto a tres de sus colaboradores. Conversó con los dirigentes brasileños, remó de retorno a Uruguay, devolvió el bote y volvió a su rutina como si nada.

Esa historia, ocurrida el 19 de agosto y de la que hay registro fotográfico, pinta de cuerpo entero a Sergio Botana, el intendente de Cerro Largo que fue reelecto con amplia ventaja en las últimas elecciones municipales. Tiene un estilo de liderazgo típicamente caudillesco, en el que las formalidades no existen y las noches de boliche con amigos alrededor del fuego de una parrilla son moneda corriente.

Asegura que el cargo de intendente le calza como anillo al dedo porque puede atender los problemas reales junto a la gente, sin la necesidad de mirar tantos papeles y encuestas. Les escapa a los despachos y a las horas sentado detrás de un escritorio. Siempre que puede, prefiere afrontar los temas de gestión debajo de la sombra de algún árbol o escuchar los reclamos de los trabajadores de la intendencia con un asado de por medio.

Su condición de blanco está predeterminada por la historia. Viene de una familia de guapos soldados que cabalgaron la Banda Oriental y participaron de cuanta guerra civil hubo por estas tierras. En 1783, los Botana llegaron de Santiago de Compostela y pelearon con Artigas desde el inicio de las revueltas independentistas. Años más tarde, apoyaron a Timoteo Aparicio en la Revolución de las Lanzas. Naturalmente, también estuvieron al lado de Aparicio Saravia en los alzamientos de 1897 y 1904. Pablo Botana, el abuelo de Sergio, fue uno de los jinetes rebeldes del Partido Nacional que acompañó al caudillo en la última guerra civil del país, contra las fuerzas del gobierno de José Batlle y Ordóñez.

Con ese legado familiar, Sergio Botana logró abrirse su propio camino en la política y captar fieles adhesiones en su Melo natal. En el último proceso electoral, muchos arachanes votaron al Frente Amplio en los comicios nacionales, pero pocos meses después cruzaron las fronteras partidarias para apoyarlo a él en las municipales.

Tiene un estilo de hacer política que por momentos guarda puntos en común con el de José Mujica, aunque él no quiere saber nada con esa comparación.

Asegura que los gobernantes deben vivir como la gente común y corriente y, por esa razón, renunció a algunos de los beneficios que le ofrece la vida de intendente.

Botana podría vivir en la residencia oficial de la comuna, pero prefirió seguir alquilando la sencilla casa del centro de Melo por la que paga una renta mensual de $ 18 mil. El inmueble de la Intendencia perteneció a Villanueva Saravia, que apareció muerto allí en 1998. Se habló de un suicidio, pero parte de su familia insiste en que fue un asesinato.

Botana pasó su infancia con Villanueva. A su juicio, era un político sin techo, porque era dueño de una inteligencia superior. A la hora de hablar de él, Botana baja la cabeza, aclara que no le gusta comentar el asunto y mide sus palabras. Dice que se preguntó mil veces qué fue lo que pasó aquella noche, pero no encuentra una respuesta. Es una gran incógnita para él, lo que hace que el dolor por aquella pérdida que aún sufre sea mayor.

Por orden de Botana, la habitación donde fue encontrado el cadáver de Villanueva permanece bajo llave. El proyecto es convertir la sala en un pequeño museo en homenaje a su figura.

Hace poco, Botana compró una casa en Melo luego de gestionar un préstamo en el Scotiabank, pero tiene previsto venderla próximamente, porque se le están haciendo algo difíciles de afrontar las cuotas. Hasta el momento, abonó menos de una cuarta parte del inmueble. Su patrimonio lo completan sus dos autos: un Nissan Patrol del año 90 y un Volkswagen Gol del 93. Como intendente gana $ 160 mil nominales por mes.

Frontal y polémico


Con su estilo frontal, Botana ha cosechado amores y odios, tanto dentro como fuera de su partido. Hace pocos días, alborotó el avispero blanco y generó varias reacciones. En declaraciones al semanario Búsqueda, aseguró que está viendo poco a los líderes blancos en el fútbol o el carnaval y, a su juicio, esa es una de las carencias del Partido Nacional. Cree que hace falta que los dirigentes pasen más horas alrededor de un medio tanque y menos adentro de los despachos.

Botana realiza reuniones con otros intendentes en busca de lograr el desarrollo de un "nacionalismo popular". Pero, al igual que todos los políticos, al mismo tiempo que teje alianzas en las sombras, declara públicamente que no son tiempos de hablar de listas ni de candidaturas. Lo que sí afirma es que los blancos deben abrir la cancha y generar más opciones electorales.

Su estilo de gobernar ha sido criticado con dureza, incluso dentro del Partido Nacional. Pedro Saravia, un blanco integrante del sector Todos y que antes era de su riñón político, asumió al frente de la Intendencia de Cerro Largo en el período en el que Botana hacía campaña por la reelección. En diálogo con El Observador, Saravia definió a Botana como un "excelente juntador de votos", pero un tipo que "administrativamente deja mucho que desear".

Tan cercano era Saravia al jefe comunal que, cuando Botana fue electo intendente en 2010, Saravia asumió su banca en Diputados. Durante ese período se distanciaron. Saravia se fue de Alianza Nacional y acordó con Luis Lacalle Pou.

Luego, desde la intendencia, Saravia y la Junta Departamental lo denunciaron penalmente por diferentes motivos.

Según Saravia, la gestión de Botana es "desprolija". Agregó que cuando él tuvo que hacerse cargo de la comuna encontró un panorama económico complejo. De todos modos, reconoció que la voluntad popular lo respaldó. "La gente cree en él. Los votos están", dijo.

Otra de las marcas registradas de Botana es el tránsito. Controla a rajatabla los excesos de velocidad, los ruidos molestos y las maniobras peligrosas. Ante esas infracciones, llega incluso a expropiar el vehículo al conductor. Pero, al mismo tiempo, hace la vista gorda sobre un artículo de la ley de Tránsito, referido al uso de casco por parte de los motociclistas.

Botana cuestiona con énfasis la ley que redujo a cero la tolerancia de alcohol para los conductores. Dice que es una exageración y una medida diseñada por gente que tiene "vida cero".

Los inspectores de su departamento reciben premios en función de sus resultados. Los trabajadores no cobran un porcentaje por multas aplicadas, pero sí reciben 70% extra de su salario si en el lapso de un mes no hubo ningún fallecido en su pueblo.

Entre el piso 40 y el 40 semanas


El viernes 9 de setiembre, sobre las 21.30, Botana dio por terminadas sus actividades laborales luego de participar de la inauguración de un raid. El fin de semana asomaba y el intendente invitó al equipo de El Observador a visitar el bar de Melo al que concurre para distenderse. Afuera, el fuego ardía y la parrilla estaba llena de carne. Adentro, cuatro parroquianos jugaban al truco y otros charlaban entre copas. El intendente entró, saludó uno a uno a sus amigos y presentó a los periodistas ante el Tuna, el dueño del lugar. Allí, Botana es uno más. Todos los llaman por su nombre y no tiene ningún tipo de consideración especial por el hecho de ser la máxima jerarquía del departamento.

El bar del Tuna cuenta con algunas particularidades. No tiene barra, por ejemplo. Hay una hoja apoyada sobre un barril y, a medida que los asistentes van tomando, anotan allí lo que consumen. Apenas entró, Botana agarró sin pedir permiso la botella de whisky Jameson, se sirvió una medida y escribió en su lugar asignado en la planilla. Hace más de 10 años que va todos los viernes que puede. Es uno de los lugares del mundo donde se siente más cómodo. "Sergio es un tipo auténtico y sencillo. Es así como lo ves", dijo el Tuna a El Observador, mientras cambiaba el disco de vinilo con el que ambientó la velada.

Los clientes del bar son amigos desde hace muchos años. De hecho, no cualquiera puede ir a tomar algo allí. Si llega un desconocido, el dueño lo observa atentamente. Si aparece en una actitud humilde, puede tener suerte. Pero si la primera impresión no es buena, corre el riesgo de tener que pagar las bebidas más caras o ser echado.

Botana ha invitado a varios políticos a conocer ese lugar. El último fue Edgardo Novick, quien el 19 de agosto estaba de recorrida por Cerro Largo. "Mirá que esto no es el piso 40", le advirtió Botana. "Más bien parece el 40 Semanas", le contestó Novick. Conversaron de la coyuntura política, aunque las diferencias entre ellos son notorias. Botana espera que los impulsos de Novick no prosperen porque, a su juicio, eso sería una señal de la debilidad del sistema de partidos políticos.

Las mujeres no son bienvenidas en el bar. La única que entró en los 14 años de historia fue Zaira Nara. En 2012, la modelo argentina participó del carnaval de Melo y la invitaron a conocer el lugar. Entró, saludó de lejos y siguió su camino.

El bar del Tuna, un lugar sencillo, de techo de dolmenit y cielorraso de paja, tiene como parte de su decoración una reliquia de la historia del fútbol uruguayo. Allí, colgada, está una de las pelotas con las que se disputó el partido entre Inglaterra y Uruguay en Londres, en el mundial de 1966. El viejo Rodríguez, el padre de uno de los clientes del bar, había estado en el estadio de Wembley en aquel histórico empate a cero y los jugadores le regalaron ese recuerdo. En su momento, la pelota tenía los autógrafos de los deportistas, pero como los niños la seguían usando se borraron.

Botana cuenta la historia del bar con orgullo. Reivindica la importancia de esos momentos con amigos alrededor del fuego, en los que hay votantes de todos los partidos políticos y donde nadie es más que nadie. Come asado en la tabla con galletas de campaña y aprovecha para conversar con unos carnavaleros amigos sobre el futuro de la murga de la que es hincha. El intendente de Cerro Largo es dueño de un estilo de vida y de hacer política en el que, si hay algo que no falta, son horas en torno a un medio tanque. l

Populares de la sección

Acerca del autor