El Chavo del Ocho contra los guardianes de las buenas costumbres

La muerte de Roberto Gómez Bolaños desató a los iluminados de siempre

Una vez muerto el mejicano Roberto Gómez Bolaños -más conocido como El Chavo, el Chapulín Colorado, el doctor Chapatín y siguen nombres- en las redes sociales se lanzaron a develar aspectos de la vida íntima y pública del actor con el fin de demoler su entrañable ausencia.

Así, en extensos artículos y en breves tuits, estos señores que seguramente cuentan con mucho tiempo libre y una voraz inteligencia, nos proponen dinamitar la vecindad entera con el barril incluido, a favor de la verdad histórica.

Con la ideología al mango, estos señores se convierten en especialistas en ensombrecer todo aquello que se nos aparece como luminoso y, en ese afán, defenestran escritores porque tienen fama de fachos, repudian músicos porque son medio comunistas y nos chusmean al oído que los Reyes Magos son los padres.

Ahora, la terrible verdad que nos revelan dice que Gómez Bolaños era conservador, machista, votante de un partido de centro derecha y opositor a la despenalización del aborto.

Ya montados en el caballo inquisidor, creen ver en las humildes ropas del Chavo del ocho una impúdica burla a la pobreza y en el Chipote Chillón del Chapulín Colorado un arma de represión masiva.
Gómez Bolaños era conservador. ¿Y qué tiene que ver eso con los queribles berrinches de la Chilindrina? Gómez Bolaños era machista. ¿Y en qué joroba esa condición al inigualable Don Ramón? Gómez Bolaños era millonario. ¿Y qué otra cosa puede ser uno de los mejores guionistas de la televisión americana?

Estos señores que se hacen los distintos sin llegar a ser originales, no solo cometen el pecado de que no les guste el Chavo, sino que además quieren convertirlo en un siniestro personaje y todavía pretenden que les tengamos paciencia y que contemos con su dudosa astucia. Qué bonita vecindad.


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