El "Chueco" Maciel, los descuartizados del Cerro y el Marconi

"Aparte" es un documental hecho en 2002, escrito, dirigido y producido por Mario Handler. El film –que levantó polvareda entre algunos intelectuales bien alimentados- retrató la vida de jóvenes de la periferia de Montevideo: droga, delitos que para ellos no son delitos, sexo, cumbia y cárcel.

¿Qué cambió en 14 años? Aquellos pibes que posaban sonrientes y que decían "esto es cultura también", tal vez hoy estén en la cárcel o muertos. Y aquellas niñas hoy tienen 5 hijos, abuelas a los 35 años, sin otro proyecto vital que llegar...al otro día.

El "Chueco" Maciel

Dentro de pocos días se cumplirán 45 años de la muerte de Julio Nelson Maciel Rodríguez, el "Chueco Maciel". Si viviera, estaría rumbo a los 65 años de edad. En junio de 1971, el "Chueco Maciel" fue abatido por policías que patrullaban un Montevideo atribulado, envuelto en la espiral de violencia que se expresó claramente con el golpe de Estado y la dictadura posterior.

El Chueco era un delincuente. Había nacido en Tacuarembó. La lógica de aquellos años: vino con su familia para Montevideo y ocuparon un rancho mugriento –de lata y piso de tierra- ubicado en Pasaje "A" 4054 jurisdicción de la Seccional 17ª, en los barrios aún marginales que dan a la Av. Aparicio Saravia.

Hay realidad y hay leyenda sobre su vida. Prevalece la idea de que el Chueco había estado recluido en el Consejo del Niño, con múltiples entradas en comisarías, verdugueado por los antecesores de Joselo López y hambreado por la realidad. Violencia. Esa idea está acompañada de una historia casi romántica: el Chueco robaba y lo que robaba lo repartía en el cantegril.

Por aquellos años, Daniel Viglietti lo inmortaliza con una canción y el Chueco Maciel pasa a ser una suerte de tupa marginal. Aunque no integró la "Orga", el Chueco fue un referente del MLN en su afán de tejer alianzas con el pobrerío.

En los años 1968 y 1969 –justo cuando el MLN se reagrupaba tras la derrota del 67- el Chueco cometió una serie de asaltos en Punta del Este. Allí también golpeó luego el movimiento guerrillero, con el robo al Casino San Rafael. En marzo de 1969 el MLN asaltó el casino y luego devolvió el dinero que estaban en sus bolsas, pero que pertenecían a los trabajadores del Casino. El MLN también robó un camión de Manzanares y repartió los víveres en un cantegril.

Por aquellos años, con los cantegriles creciendo, no estaba la droga. Existían esos barrios y en las zonas pobres de Montevideo prevalecía una suerte de principios –no quiero hablar de códigos- en donde no se robaba a la vecina ni la ropa que estaba colgada. Salían de "rastrillo" en otras zonas, donde estaba la moneda. Los gurises moquientos –también hay hoy, 45 años después- jugaban a la bolita y sus héroes estaban en las revistas de chistes. La televisión no llegaba (ahora poseen un símil clandestino de TV satelital, of course). Dicen que el Chueco Maciel era un héroe en su cantegril: andaba calzado, era exitoso con las muchachitas y robaba para los vecinos, no a los vecinos.

Aún en la miseria y en medio de la violencia del hambre y marginalidad, había un formato de convivencia con sus pares e incluso más allá de las zonas de pobreza. Había un modelo de convivencia que prevalecía en el Uruguay. Un modelo que estaba siendo tironeado por la crisis económica comenzada en 1955.

Los descuartizados del Cerro

Hay un sitio web, que por pudor no menciono, en el que se muestran las barbaridades que hacen los narcos mexicanos. Allí se ven ejecuciones, la guerra entre bandas y los descuartizamientos. En vivo y en directo. Sin caras craqueladas. Eso allá en el norte. Ahora ese comportamiento terrible desembarcó en el Cerro. Algo cambió. El Cerro ya no es aquel lugar en donde vivían las familias que trabajaban en los frigoríficos y en las curtiembres. Eso ya fue.

En el barrio El Tobogán -detrás del estadio de Cerro- encontraron restos humanos que en principio se pensó eran de dos adolescentes -Jorge Cotelo (18 años) y Emiliano González (19 años)- que habían desaparecido hace unos nueves meses. La Policía cree que fueron torturados y descuartizados por una guerra de bandas. (*)

Tenían casi la misma edad del Chueco Maciel cuando cayó por las balas de la policía. Estos jóvenes –como otros que engrosan la lista de muertes del último año- son asesinados por otros jóvenes. Bandas que se enfrentan; luchan a brazo partido por un pedazo del mercado de la droga y los vecinos no los denuncian porque temen ser asesinados. La complicidad, solidaridad de clase y un "marco legal" construidos desde la punta de un revólver y una bolsa de pasta base.

Hay un silencio lúgubre en esos barrios. Y probablemente los delincuentes se hayan mudado para otra zona, a la espera de que se tranquilicen los vecinos y la policía. (El Cuarteto Rica Cosa, habla de la mudanza de los "rastrillos" que andan en la merca. Droga. La canción dice que tras demoler el viejo "cante" del Cordón se fue para Camino Maldonado, para "trabajar" en otra cosa "porque lo habían marcado mal".

Cuarteto Rica Cosa. El Rastrillo
Cuarteto Rica Cosa. El Rastrillo

¿Y en el Marconi?

Hace como 45 años –justo los años de muerto del Chueco Maciel- había unos pibes que se cuidaban entre ellos mientras la madre iba a trabajar de limpiadora. La madre quería que estudiaran, que fueran a la escuela. Rezaba que no hubiera paros porque sino se tenía que quedar en la casa y no ganaba para el arroz. Vivían allí cerca del Marconi pero la madre daba otra dirección en la escuela porque de otra manera no los inscribían. Jedían a pobres.

En Aparicio Saravia, en Galvani y Barquisimeto, hace 45 años no había agua podrida en las calles; era la mierda y el pichi que salían de los ranchos. Treinta años después llegó el saneamiento. ¿Cambió algo la vida de la gente? Algo; poquito, para tanta miseria.

Los otros días se armó lío en Galvani y Barquisimeto. Allí el Estado llega con su mano esquelética y deforme; apenas las escuelas y algo más. Los enfermos se atienden en la policlínica de Casavalle o de Capitán Tula; los heridos en las refriegas entre bandas se atienden entre ellos o –cuando la cuestión es grave- los llevan al hospital pero sus amigos quedan de guardia. Eso pasa en el Maciel y en otros hospitales. "¡¡¡¡Salvámelo, hijo de puta!!!", le gritan a los cirujanos. "Curalo y me lo llevo", dice la madre de 35 años del adolescente herido. La policía no se debe enterar. El Estado funciona como una curita estúpida ante tanto derrame de salud.

Los otros días la televisión nos entregó el film que no querían ver algunos. Los muchachos, un escuadrón de muchachos con caras tapadas, tirando tiros al aire. Los pibes chorros y malandras en su día de gloria; protagonistas del western del Marconi. Eran héroes, como sus padres, sus tíos y sus abuelos que se pudren en el Comcar o en el Penal de Libertad. (Ver video de Agarrate Catalina sobre la violencia. "Mi padre está preso y mi madre es puta")

Agarrate Catalina Videoclip La Violencia
Agarrate Catalina. La Violencia

Los/las tecnócratas de la "asistencia social" han acuñado algunos términos muy lindos: "contexto social", "necesidades básicas insatisfechas", "personas en situación de calle" o "asentamientos irregulares". Una porquería. Son pobres, mugrientos y viven en la calle o en un cantegril. Y para mantener un poquito la conciencia tranquila también hablan de "políticas sociales".

Barrio Marconi incidentes Policía

Además hay un discursete –con perfume francés- que dice olímpicamente que los malandras de ahora, delincuentes que violan normas que no escribieron, "no tienen valores". Claro que los tienen. Son otros valores. Vayan y pregunten. Armaron su propio Código Penal. Tienen una historia guionada de marginación y violencia y esa misma historia les construye valores. Gabriel Pereyra, periodista de El Observador, escribió una nota titulada "¿Alguna vez pensó cómo lo ve a usted el Marconi?".

Sí, claro, nos ven diferentes, lejanos, absurdos, miedosos ante el miedo que ellos provocan y que nosotros ayudamos a provocar. Y no saltan por el ajuste; viven ajustados.

Gabriel era uno de aquellos pibes que hace 45 años pisaba el agua que él le llama "podrida" y que era ni más ni menos que esa mezcla agridulce de mierda y pichi.

El Chueco Maciel vivía en los cantegriles de Aparicio Saravia; allí mismo por el Marconi, hace 45 años. Ese lugar aparte en donde los adolescentes gritan "¡Saravia es nuestra, Saravia es nuestra!", se enfrentan a tiros con la policía y causan suspiros entre las adolescentes. No conocen otra vida por más que se calcen unos Nike "rescatados". Es esa, muñano. Viven aparte; tienen otra sociedad con sus valores, poseen su propio Código Penal, los velorios son clandestinos, los entierran de "canuto" en los tubulares del cementerio del Norte, se cortan la yema de los dedos para q no los identifiquen, consumen autos, celulares, ropa y sistemas aéreos de TV en un mercado informal. Es otra cosa. Viven aparte.

*El caso permanece sin resolverse y solo se han identificado hasta el momento los restos de un hombre de 34 años, aunque se sigue buscando en el área.


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