El clima, otra vez

El planeta en ruinas envía mensajes aterradores que finalmente están siendo entendidos por la mayoría pensante

Si ustedes entran en la página de El Observador lo primero que encuentran junto al nombre del sitio informativo, junto a este a la izquierda, es el estado del tiempo de la jornada. A veces la situación climática de la fecha o del día posterior es tan seria, que obliga a transformar el reporte meteorológico en artículo informativo del tipo, "Meteorología advierte jornadas frías", tal como seguramente se verá durante la estación invernal que se aproxima.

No es que falten noticias para destacar –me consta-, sino todo lo contrario. La razón es tan simple que todos la conocemos: las noticias provenientes del comportamiento neurótico del clima resultan hoy ineludibles, tanto en Uruguay como en el resto del mundo.

Esto es, el mundo parece haber dejado de conocer cómo funciona la naturaleza, si es que en algún momento lo supo, por lo que todos sentimos, con mayor frecuencia de la deseada, que el clima es una de las cosas más impredecibles y al mismo tiempo menos eludibles que presenta la realidad contemporánea. Dentro de unas semanas será así.

Al mismo tiempo que el Sur de América se congelará bajo temperaturas ideales para pingüinos, aunque no para seres humanos post-era del hielo, en el norte la gente se cocinará como si la atmósfera fuera un horno y cada persona un pollo sintiendo que está en el espiedo.

En semanas recientes, a raíz de la proximidad del verano, medios informativos estadounidenses han dedicado coberturas informativas adelantadas al estado del tiempo y a las consecuencias de una naturaleza impiadosa que puede estar asociada a uno de los veranos más calurosos de la historia. Además, en algunas partes podría faltar el agua, ya que varias regiones tuvieron un invierno seco y cálido.

Quienes hasta hace poco no prestaban atención a los cambios climáticos hoy se alarman pues, considerando lo ocurrido en los últimos tiempos, con temperaturas muy por encima de lo normal, todo indica que los cambios resultan irreversibles y que el planeta que ahora tenemos es el mismo que deberemos padecer por las próximas décadas.

El planeta en ruinas envía mensajes aterradores, los cuales finalmente están siendo entendidos por la mayoría pensante, en la cual no figura Donald Trump.


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