El comercio con Brasil mejoró con Temer y alivió crisis en rubro lácteo

A un año de su asunción, el mandatario enfrenta una economía estancada
Michel Temer cumple hoy un año al frente de la Presidencia de Brasil, rodeado por un escenario de inestabilidad política y enfocado en poner en marcha una serie de reformas económicas bastante impopulares pero, según el gobierno, impostergables.

En lo que va de su gestión, las relaciones comerciales con Uruguay percibieron el cambio de rumbo hacia una política que, en principio, buscó ser más aperturista y flexible. Eso disparó al alza las exportaciones a ese mercado, que históricamente ha sido el mayor receptor de productos uruguayos (excluyendo zonas francas), pero que había reducido su participación en la última década.

El viraje comercial tuvo sus efectos a corto plazo. Según consigna un informe de la consultora PwC, en lo que va del 2017 las exportaciones a Brasil se incrementaron en 25%. Uno de los que más lo celebra es el sector lácteo: golpeado por los negocios infructuosos con Venezuela, los lecheros encontraron en Brasil un mejor socio para colocar sus productos y allí fueron a parar más del 60% de las exportaciones del sector.

La industria manufacturera también se benefició de los primeros vientos de cambio, llegando a exportar en el primer cuatrimestre de 2017 19% más que en el mismo período en 2016.

Sin embargo, las relaciones comerciales entre ambos países están condicionadas por los caminos que decida tomar el gobierno brasileño en el corto plazo.

El informe de PwC destaca que "la inesperada" salida de José Serra de la cancillería significó un quiebre, que provocó que "la apertura comercial pregonada en los comienzos del mandato se haya ido diluyendo con fuerza en los últimos meses".

Las posibles resistencias a una mayor apertura "pueden llevar a que Uruguay naufrague en su intento aperturista, y en particular con su TLC con China".

Balance a la interna

Cargando a sus espaldas el constante cuestionamiento a la legitimidad de su autoridad, Temer se ha propuesto una serie de reformas estructurales aplaudidas por los organismos financieros internacionales pero fustigadas por buena parte de la población.

Entre ellas están: el tope máximo al gasto público, vía enmienda constitucional; la reforma jubilatoria fijando por primera vez una edad mínima de retiro; la reforma laboral, flexibilizando las bases de negociación colectiva; y la reforma fiscal, con incentivos a la inversión y reducción de las tasas de interés.

El gobierno de Temer, resume el informe de PwC, "está marcado a fuego por ser tan impopular como audaz en el diseño de su agenda reformista". El mandatario, "sabedor de que difícilmente su carrera política consiga despegar, opta por ser recordado como el presidente que normalizó al país y llevó adelante diversas reformas postergadas por gobiernos anteriores".

A un año de su asunción, sin embargo, los indicadores positivos no han asomado y la recuperación "aparece mucho más lenta de lo previsto", con unas perspectivas de desempeño de la economía que marcan "prácticamente un estancamiento" en 2017 (ver cifras), concluye el informe.

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