El comercio no tiene color político

El desplome de las ventas al exterior del 11,6% con respecto a 2014 superó, incluso, a la debacle de 2002
Los resultados de las exportaciones uruguayas en 2015 deben despertar a los sectores del Frente Amplio que siguen sosteniendo que la esfumada ideología de otras épocas es más importante que el desarrollo del país y el bienestar de sus habitantes a través del comercio. El desplome de las ventas al exterior del 11,6% con respecto a 2014, tanto por baja de precios como por reducción en volumen, fue el peor en seis años, desde la crisis de 2009. Superó incluso a la debacle de 2002, al caer las colocaciones en todo nuestros clientes principales, con la sola excepción de Estados Unidos.

Pero la sola mención de la primera potencia y mayor economía del mundo continúa siendo anatema para algunos dirigentes y sectores de la alianza de izquierda aferrados al socialismo real que propulsó la Unión Soviética hasta hacerla desaparecer. China lo abandonó hace tres décadas al abrir su economía sin restricciones ideológicas, aunque mantiene la etiqueta política de comunista. Lo mismo hizo Vietnam y está haciendo la Cuba castrista, en renovada confraternidad con Washington para vitalizar su frágil economía. Pero en Uruguay, y a contrapelo de su propio gobierno, persiste en sectores frenteamplistas una notoria irritación de piel en todo lo que suponga acercamiento con Washington.

De la mano del entonces canciller Reinaldo Gargano, esos grupos forzaron a Tabaré Vázquez, en su primera presidencia, a dar marcha atrás en su aceptación inicial de un tratado de libre comercio que nos ofrecía Washington y que hubiera abierto una redituable eliminación de aranceles. Lo reemplazó un convenio aguado, el TIFA, que poco y nada aportó. Lo mismo ocurrió el año pasado con el TISA, un acuerdo internacional de servicios de una cincuentena de naciones pero que el FA decidió rechazar. Y algo parecido está sucediendo con el Acuerdo Transpacífico y con la Alianza del Pacífico, pese a que nuestra presencia facilitaría un salto voluminoso hacia fuertes mercados del sureste asiático y de países latinoamericanos con costas a ese océano.

Excepto por el exitoso acuerdo integrador de Chile, Perú, Colombia y México, los otros tratados han tenido como impulsor a Estados Unidos, lo cual basta para que en la izquierda empiecen a rechinar algunos dientes. Se le asigna a Washington la intención de bloquear la expansión de China como futura primera potencia económica. Pero es un tema secundario para Uruguay, cuya primera preocupación debe ser su propio desarrollo comercial. Hoy está amenazado, como lo evidencian los resultados exportadores de 2015, anunciados por el Instituto Uruguay XXI, y los pronósticos para este año.
China sigue siendo nuestro principal cliente, seguido por Brasil. Pero ambas naciones redujeron sus compras en 9% y 29%, respectivamente, en tanto cayeron también todos los demás mercados relevantes, menos Estados Unidos. Este país, que años atrás era nuestro principal mercado para después decaer, trepó el año pasado al tercer puesto gracias a un aumento del 42% en sus compras a Uruguay. Dadas las oscuras perspectivas exportadoras en el mediano plazo, especialmente al complicado Brasil, es una estrategia elemental vender donde más nos convenga y donde haya más campo para hacerlo. La razón es sencilla. El comercio exterior, fundamento insustituible del desarrollo, no tiene color político ni lugar para fantasías ideológicas que ningún gobierno serio aplica a la economía.l

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