El continente está aislado

El establishment de Bruselas ha hecho todo lo posible para fomentar el euroescepticismo
No se sabe si ocurrió en verdad o si es una leyenda basada en percepciones reales. Pero sí es muy propia de los británicos y su peculiar historia. En cierta ocasión, una espesa niebla se extendió sobre el canal de la Mancha y hubo que suspender el transito marítimo entre Inglaterra y el continente. Al día siguiente un periódico británico titulaba: "Debido a la niebla en el canal, el continente ha quedado aislado".

Es la sensación que ha quedado luego del no tan sorpresivo pero sí impactante brexit. Algunas encuestas lo anticipaban, y otras mostraban una decisión muy reñida. Y reñida fue hasta el final cuando el brexit aventajó por casi 4 puntos al remain. El mundo entró en shock, la libra se desplomó a su menor nivel con el dólar en 30 años y las bolsas tuvieron una jornada que hacía recordar los días de Lehman Brothers en 2008. Desazón en el número 10 de Downing St. con el inmediato anuncio de la renuncia de su ocupante David Cameron, padre del referéndum y de la derrota, desazón en Bruselas donde todos los burócratas no podían dar crédito a lo que veían y, por supuesto, en Berlín, donde Angela Merkel, el timón de la Unión Europea, especulaba con encontrar nuevos caminos luego de haberse jugado a fondo a favor de la permanencia de Gran Bretaña en Europa.

Barajar y dar de nuevo, para Gran Bretaña pero también para Europa. El sentimiento "anti Bruselas" no es algo exclusivo del nacionalismo y del orgullo británicos, asentados en las glorias del viejo imperio. Se extiende por muchos países del continente que acusan al gobierno de Bruselas de ser poco democrático, muy burocrático y muy entrometido en la vida de los países que integran la Unión. Es un sentimiento que engloba razones contrarias a la integración (como las que esgrimen políticos como el exalcalde de Londres Boris Johnson) con las exaltaciones xenófobas de Nick Farage, líder de un nacionalismo impregnado del virus del populismo, que ha surgido con fuerza en los últimos años y ha sido potenciado por el miedo (falso) a la inmigración en masa desde Medio Oriente y a la pérdida de empleos a causa de la globalización. No quieren pertenecer a Europa pero tampoco quieren abrirse al mundo, y mucho menos recibir a inmigrantes de Siria o de cualquier parte. Temen la pérdida de empleos o de futuras pensiones. De ahí que el voto pro brexit haya sido muy amplio en sectores de poca educación y de mayor edad, mientras que los jóvenes, con más posibilidades de educación y de empleo, votaban masivamente por remain.

En esas corrientes abrevan los partidos de derecha de Francia, con Marine Le Pen a la cabeza y serias aspiraciones presidenciales, de Austria (que casi ganan la elección), y en general de los países del este de Europa. Incluyen también fuerzas políticas en Holanda y Bélgica muy nacionalistas. Y, curiosamente, también abreva Donald Trump, que festejó el brexit como un éxito propio. Trump se nutre del voto de aquellos que han perdido su empleo o temen perderlo y por eso propone poner barreras arancelarias del 35% a las importaciones, vengan de China o de Europa. El voto antiinmigración y anticomercio que implica el brexit en Gran Bretaña tiene, probablemente, razones muy similares al voto pro Trump en Estados Unidos.

Es verdad que el establisment de Bruselas ha hecho todo lo posible para fomentar el euroescepticismo. Ha perdido el contacto con el ciudadano común. Mucho debe corregir en su forma de gobernar si no quiere que "el continente quede aislado" de verdad. Deben tomar nota del mensaje que viene de Gran Bretaña marcando el hartazgo ante el déficit democrático de Bruselas y el déficit económico de una unión monetaria que no puede funcionar adecuadamente mientras no haya unión fiscal. Pero el brexit no hubiera ocurrido cinco años atrás, probablemente. Lo que lo impulsó decisivamente en los últimos dos o tres años fue el temor al tránsito irrestricto de personas, las oleadas de inmigrantes, el temor a los atentados de la yihad islámica. No hay un panorama claro para Gran Bretaña, pues las fuerzas que la alejan de Europa carecen de ideas claras hacia donde ir. Ciertamente no hacia la apertura comercial que es el único destino que puede generar prosperidad. Tampoco hay un panorama claro en Europa, con miedo a la apertura y con miedo a la inmigración. Y por esa vía va Trump, que puede dar una sorpresa en noviembre. Es que, aplicando el "sálvese quien pueda", Occidente perderá la matriz cultural y social, basada en la libertad responsable que le dio origen.

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