El correo de Dios

Miles de cartas llegan por estos días a la ciudad sagrada con diversos pedidos ante la celebración del Año Nuevo judío
Por Ana Jerozolimski
Especial para El Observador desde Jerusalén

Llegan de diferentes confines del mundo, en idiomas variados, con o sin remitente, pero todas con un común denominador: son las cartas dirigidas a Dios. Y estos días, al acercarse el comienzo de un nuevo año según el calendario judío (el 5777, que comienza este domingo al anochecer), el ritmo de este correo singular parece acelerarse.

Sea como sea, en esta ocasión y a lo largo de todo el año, si bien Dios es el destinatario primordial, hay quienes piden llegar a Jesucristo, Abraham, el Rey David y otras variaciones que para quienes escriben son expresión de fe.

Muchas de las cartas son enviadas con las palabras "Dios-Jerusalén" como única dirección. Desembocan todas en una sección especial del Correo de Israel, de donde las derivan, con cuidado y singular dedicación, al sitio que consideran más apropiado: el Muro de los Lamentos en Jerusalén.

Ese lugar, el santuario más preciado del pueblo judío, es el único remanente de una de las murallas que rodeaba el Templo Sagrado destruido en el año 70 por el imperio romano. En opinión de Shmuel Rabinowitz, el rabino del Muro de los Lamentos y los Lugares Sagrados, es más que lógico que el Correo de Israel considere que es a dicho santuario que se deben llevar todas aquellas misivas que desde diferentes latitudes ciudadanos del mundo dirigieron a quien consideran su creador.
"La tierra de Israel es la tierra sagrada. Aquí está Jerusalén, y el Muro de los Lamentos es el lugar de inspiración de la shjiná, la presencia divina, del todopoderoso", dijo el rabino. "Ya lo han dicho nuestros sabios: la shjiná nunca se mueve del Muro de los Lamentos y por aquí suben todas nuestras plegarias, aunque el Templo Sagrado ya no esté".
En términos más terrenales, ningún otro lugar podría ser más lógico depositario de las cartas dirigidas al Dios en que creen judíos y cristianos.

Cartas a Dios Muro de los Lamentos
El proceso en el cual se las junta y coloca en los siempre repletos huecos que hay entre las enormes y milenarias rocas se repite generalmente dos veces por año, cerca de Rosh Hashana –el año nuevo judío– y de Navidad.

Funcionarios del departamento "Alumim" del correo central de Israel (palabra en hebreo que podría ser traducida como "desconocidos", por ser sobres con falta de datos) los concentran en estantes y cajas especiales con la indicación "Cartas a Dios". Coordinan con el rabino del Muro de los Lamentos una cita frente al histórico santuario y se abocan a la tarea de colocar las cartas entre las piedras.

Lo volvieron a hacer precisamente hace pocos días, por la cercanía del año nuevo judío.

En el correo israelí cuentan que en las cartas llegan singulares pedidos, como ayuda para adelgazar, deseos de cambiar el auto o ganarse la lotería. Otros se concentran en el deseo de salud para sus seres queridos. Años atrás llegó una carta desde España en la que una madre pedía algo muy sencillo: "Que mi hijo se encuentre feliz, que siga con buenas costumbres y vida sana y saludable, que tenga buenas compañías y buenos amigos, gusto por su estudio y su carrera, buen trabajo después, que sea bueno y honesto también".

De todas partes

El director general del Correo de Israel, Danny Goldstein, llegó días atrás al Muro de los Lamentos con las cartas que habían llegado de países tan diversos como Rusia, Francia, Nigeria, China, los Países Bajos, Estados Unidos o Gran Bretaña, entre muchos otros, y con ayuda de Rabinowitz, cumplió con el deseo de quienes las habían mandado, colocándolas entre las piedras.

Dos veces por año es necesario quitar todos los papeles acumulados en las rendijas, para dar lugar a nuevas peticiones. "Los sepultamos todos en el Monte de los Olivos, donde descansan eternamente", comentó el rabino.
Al preguntarle cuál es su opinión sobre los sobres dirigidos, por ejemplo, a Jesús, respondió: "Yo no reviso los sobres, estimo que el Correo trae solamente los papeles dirigidos a Dios, pero no lo sé".
"Dios es uno, común a todas las religiones, y creo que el lugar de las cartas que no están dirigidas a él no es el Muro de los Lamentos", afirmó Rabinowitz. Y agregó: "Tampoco nosotros le rezamos por ejemplo a Abraham, aunque como patriarca podemos pedir que interceda por nosotros ante Dios. Estimo que en otras religiones proceden igual".

La llegada de las cajas con el "correo de Dios" provoca cierta curiosidad entre los fieles que apoyan sus manos y la frente sobre las piedras del muro en señal de devoción. Al terminar los rezos, la gente se aleja sin dar la espalda al santuario.

El paisaje humano es multicolor en el sentido estricto del término: visitantes de diversas procedencias, identidades variadas y por cierto diferentes religiones que al llegar al Muro de los Lamentos saben que tocan un santuario judío, y que al mismo tiempo es un tesoro de la humanidad.
"No tenemos monopolio sobre Dios", señaló el rabino, e inmediatamente citó al profeta Isaías para confirmar su enfoque abierto a otras religiones. "Quien cree tener el monopolio, pues no tiene Dios".
Eso lo saben también los ciudadanos del mundo que mandaron sus cartas al Muro, judíos y cristianos, que consideraron que la mejor forma de llegar a la máxima figura de su fe es escribiéndole a Jerusalén.

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