El costo del monopolio

Los problemas financieros de ANCAP derivan de la vieja tradición monopólica de refinar combustibles

Los problemas financieros de ANCAP no derivan solamente de ALUR, el cemento y sus otras deficitarias empresas subsidiarias. El costo mayor lo genera la vieja tradición monopólica de refinar combustibles en la pequeña planta de La Teja. Un estudio realizado por la Unidad de Análisis Económico de El Observador, con datos de organismos oficiales, estableció que los consumidores se habrían ahorrado US$ 418 millones el año pasado si se hubiera importado combustibles ya refinados en vez de comprar crudo para procesarlo localmente. Esta onerosa comprobación emana de información de ANCAP, del Ministerio de Industria y Energía, y del informe de Precios de Paridad de Importación que realiza la Unidad Reguladora de Servicios de Energía y Agua.

En 2016 se gastaron US$ 2.250 millones para comprar los combustibles requeridos para el consumo de naftas, gasoil y querosén. De haberse importado el mismo volumen de combustibles ya refinados, el gasto hubiera sido de US$ 1.832 millones. Esto significa que, además de los altos impuestos que en cualquier caso pagan los consumidores, un adicional de casi el 23% más salió del bolsillo de los uruguayos para solventar el funcionamiento de la refinería. La situación ya había sido advertida hace muchos años por el expresidente Jorge Batlle, quien generó una tormenta política en nuestra dirigencia estatista cuando aseguró que importar combustibles refinados saldría 20% más barato que procesarlos en La Teja. La mayor parte del sobreprecio pagado el año pasado, un total de US$ 348 millones, se la llevó el gasoil, elemento de alto consumo que incide gravosamente en los costos operativos de la industria y el agro.

Los vaivenes del precio del petróleo no inciden en la comparación, ya que su efecto se siente por igual en los refinados extranjeros y en las compras de ANCAP. Lo que persiste en cualquier caso es una notoria diferencia adversa entre el costo de refinarlo en La Teja o importar combustibles listos para el consumo. De los datos comparativos compilados por El Observador surge que el ancestral monopolio para importar y refinar petróleo, establecido por ley en 1931, cada día le cuesta más al país. La solución económicamente lógica de cerrar la refinería no tiene futuro por ahora, tanto por los puestos de trabajo que genera como por la fervorosa adición a los monopolios que todavía persiste en gran parte del sistema político. Basta recordar la disparatada campaña sobre voraces piratas extranjeros con que el Frente Amplio logró derogar una ley de reforma parcial de empresas públicas durante la presidencia de Luis Alberto Lacalle, aunque ahora muchos de esos “presuntos piratas de pata de palo” son buscados con ahínco por el Frente Amplio para invertir en Uruguay.

Pero aun manteniendo en actividad la planta de La Teja, hay una forma de atenuar el actual absurdo financiero de gastar cientos de millones de dólares de más cada año. Requiere eliminar el monopolio de ANCAP para importar combustibles, abriendo el camino a que lo hagan también empresas privadas. La fórmula ya ha funcionado exitosamente en otras áreas como en la generación eléctrica de UTE, en gran parte de las comunicaciones, en los seguros y en otros servicios que eran de dominio exclusivo del Estado. El favorable resultado para los consumidores, en precios y calidad de servicios a través de la competencia estatal con privados se repetiría con los combustibles, forzando además a ANCAP a extremar eficiencia para no quedar rezagada. Es mucho lo que se puede ganar, en momentos en que recortar el gasto público es imperativo.


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