El costoso invento aéreo de Mujica

Alas Uruguay desembocó en la difícil situación que pudo y debió preverse para evitar sinsabores laborales y el malgasto de fondos públicos

Pese al empeñoso profesionalismo con que trabajaron sus cooperativistas durante más de tres años, Alas Uruguay ha desembocado en la difícil situación que pudo y debió preverse para evitar sinsabores laborales y el malgasto de fondos públicos. La aerolínea fue inventada por el entonces presidente José Mujica después de la caída de Pluna en 2012, cuando se empecinó en ignorar la más elemental lógica económica. Empezó a volar en enero, después de una azarosa gestación marcada por escasez de respaldo financiero y por dificultades operativas y burocráticas en Uruguay y en los destinos de la ex Pluna que quería recuperar. Apenas cuatro meses más tarde y ante la razonable negativa de la administración Vázquez de seguir alimentándola con recursos fiscales, su supervivencia depende ahora de un incierto acuerdo con la estatal Boliviana de Aviación.

Esta empresa se ha dado un plazo de seis meses para decidir si se asocia con la línea uruguaya. Pero aunque resuelva hacerlo para rescatarla, nada disimula el profundo error costoso de Mujica, a partir del cierre de Pluna. Ignoró los reiterados consejos técnicos de que el sentido común exigía vender de inmediato sus siete aviones para reducir pérdidas y olvidarse del sueño fantasioso de resucitar una minúscula aerolínea de bandera en un mercado complejo y altamente competitivo, en el que grandes compañías quebraban una tras otra y las supervivientes se asociaban para bajar costos operativos. Mujica primero dijo que la nueva empresa volaría los aviones de la ex Pluna, proyecto técnicamente inviable y que determinó que las aeronaves se malvendieran desgastadas tres años después. Adujo que su objetivo era defender los puestos de trabajo, otra fantasía fracasada ya que de los más de 700 funcionarios que tenía Pluna, apenas 150 trabajan hoy en Alas Uruguay.

Un ministro de Economía y un presidente del Banco Central cayeron y fueron procesados al cargar con las culpas de Mujica. En medio de tantos avatares Alas Uruguay siguió armándose, con US$15 millones de recursos públicos provistos por el Fondo de Desarrollo (Fondes), el mayor aporte desembolsado por ese organismo creado por Mujica para respaldar cooperativas de trabajadores. Es inocultable el resultado del proyecto de Mujica, parte del pesado legado de mala gestión que heredó la administración Vázquez. Destinos que Alas Uruguay no ha podido recuperar y caja insuficiente para solventar sus necesidades operativas, al punto de que ANCAP previsoramente no le vende combustible a menos que lo pague por anticipado, la han puesto en la situación de buscar acuerdos con otras firmas para sobrevivir.

Primero fue con la boliviana Amazonas, que quedó en la nada, y ahora con Boliviana de Aviación. En el mejor de los casos tendrá que acceder a las exigencias de esta empresa, para seguir con vida en una situación de dependencia. Pero aún así será un pobre sucedáneo del proyecto original, concebido con más amateurismo voluntarista que con realismo económico, como ocurrió con tantas de las cooperativas que Mujica solventó con el Fondes y que fracasaron o que están en una mora irreversible de los créditos por US$60 millones que han salido del fondo constituído por parte de las utilidades del Banco República. Tal vez sirva al menos de lección sobre la necesidad de prudencia previsora en el manejo de los recursos fiscales, necesidad que el Frente Amplio parece estar reconociendo ahora en forma tardía, después de 11 años en el gobierno.


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