El costoso sueño aéreo de Mujica

La suspensión de los vuelos de Alas Uruguay anticipa el epílogo costoso del empecinamiento de José Mujica

La suspensión de los vuelos de Alas Uruguay anticipa el previsible epílogo costoso del empecinamiento de José Mujica cuando, como presidente en 2012, despilfarró más de US$ 25 millones para culminar con un sueño imposible su pésimo manejo del cierre de Pluna. La aerolínea cooperativa hizo el lunes su último vuelo, entre Buenos Aires y Montevideo, con el único avión que le quedaba y que ahora debe entregar por falta de pago de su arrendamiento. Sin material de vuelo y sin dinero, Alas Uruguay anunció que dejaba de operar durante 60 días, período en el cual buscará revivir mediante un acuerdo con alguna otra aerolínea que se asocie y la rescate. Pero este curso ya fracasó al intentarse en los últimos meses con tres compañías regionales, lo que torna improbable que prospere ahora.

Todo se originó hace más de cuatro años, en julio de 2012, cuando el gobierno le bajó la cortina a Pluna por inviabilidad financiera y para evitar el peligro de millonarios juicios contra el Estado en el exterior. Gente responsable aconsejó en ese momento reducir pérdidas, único camino marcado por la más elemental sensatez económica, vendiendo de inmediato los siete aviones de Pluna y olvidándose de la ilusión de seguir teniendo una aerolínea de bandera. Pero Mujica, en otro ejemplo de su impericia gobernante, demoró largo tiempo la venta de los aviones, al costo de una desvalorización de más de US$ 10 millones por su deterioro, después de oscuras manipulaciones nunca aclaradas y de un frustrado remate que terminó con el cese y el procesamiento de un ministro de Economía y de un presidente del Banco República.

Al mismo tiempo aprobó la creación de Alas Uruguay, pese a la evidencia de que, en el complejo mundo de la aviación comercial, de la que han desaparecido grandes aerolíneas tradicionales y otras han tenido que fusionarse, la viabilidad de una minúscula empresa nacional era virtualmente imposible. El argumento de Mujica era defender los puestos de trabajo de los funcionarios de Pluna. Fue otro fiasco notorio, ya que de las más de 700 personas que trabajaban en Pluna, poco más de 100 finalmente tuvieron ubicación en la nueva empresa. Y para solventar la creación de la cooperativa, el entonces presidente le aseguró a Alas Uruguay un préstamo de US$ 15 millones, el mayor concedido por el Fondes. En teoría la aerolínea debe devolverlos en cuotas. Pero, en su situación actual, es una ilusión pensar que volverán al Estado esos fondos, salidos de los impuestos que pagan los uruguayos.

La ministra de Turismo, Liliam Kechichian, por lo menos reiteró la posición oficial de que el gobierno no seguirá volcando recursos fiscales para rescatar a Alas Uruguay de una apretura financiera a la cual no se le ve salida. Después de más de tres años de enredos y demoras, la aerolínea empezó a volar a Asunción y Buenos Aires en enero de este año. Pero por escasez de pasajeros y dificultades para pagar costos operativos primero suspendió los vuelos a la capital paraguaya y ahora a Buenos Aires, desprendiéndose gradualmente de los tres aviones que había arrendado al comienzo. El triste final de esta experiencia, tan gravoso como anticipable, debe servir al menos de advertencia sobre la necesidad de competencia y realismo económico en la gestión gubernamental, exigencias que reiteradamente eludieron a la administración del expresidente Mujica.


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