El declive de la izquierda

Los gobiernos de ese signo fueron mayoría en la región en la primera década del siglo XXI pero ahora comenzaron a perder poder en medio de la recesión económica y numerosos casos de corrupción
La batalla por el impeachment de Dilma Rousseff no solo puso fin a 13 años de gobierno del Partido de los Trabajadores en Brasil, sino que también marcó un retroceso de magnitud para la marea de gobiernos de izquierda en América Latina.

Si la llegada del siglo XXI fue un nuevo comienzo para la izquierda de la región tras un siglo XX que la condenó a la marginación con golpes de Estado, invasiones y gobiernos militares con el respaldo de Estados Unidos, el continente puede estar ahora viviendo el surgimiento de una nueva derecha.

Una derecha latinoamericana más pragmática, comprometida con la democracia, y una agenda social es algo nuevo, dijo John Coatsworth, rector de la Universidad de Columbia en Nueva York y experto en historia latinoamericana. Y esa realidad implica un desafío para la izquierda.

La evolución

Pasaron casi dos décadas desde que la izquierda avanzó hacia el poder en América Latina, bajo la promesa de una nueva política para un nuevo siglo. La ola de gobiernos de izquierda alcanzó a 15 países de la región tras su comienzo en Venezuela con la elección del fallecido Hugo Chávez en 1998.

Pero fue el gigante regional, Brasil, el que verdaderamente cambió el mapa político del continente con el carismático y popular Luiz Inácio Lula da Silva, cuando el Partido de los Trabajadores llegó al poder en 2003, y luego continuara con su ahijada política, la ahora destituida Rousseff.

Lula y Rousseff cambiaron y revitalizaron la imagen de la vieja izquierda latinoamericana y su modelo fue admirado por buena parte del planeta.

Mediante una combinación de políticas ortodoxas y amigables con el mercado, junto a programas sociales revolucionarios, Lula soñó con un Brasil de clase media impulsado por el consumo. Pero ese sueño quedó frustrado.

Ahora todo se ha desmoronado, y no solo para Brasil, sino para la región entera, que enfrenta su segundo año de recesión.

Bonanza

Lula tuvo la suerte de llegar al gobierno con el boom de los mercados emergentes de los años 2000, cuando la demanda de China impulsó los precios de las materias primas y cortó la dependencia del crédito extranjero.

Cuando en 2010 Lula traspasó el poder a Rousseff tras dos períodos de gobierno, Brasil registraba un crecimiento de 7,5% y más de 40 millones de brasileños habían escapado de la pobreza. Ahora la economía se derrumbó y todo el sistema político brasileño está inmerso en un caso de corrupción que costó a la petrolera estatal Petrobras unos US$ 2.000 millones.

La caída

En el último tiempo las malas noticias se han estado acumulando para la izquierda latinoamericana, aunque todos los expertos coinciden en que no se puede poner en la misma bolsa los proyectos del Partido de los Trabajadores brasileño con los del chavismo o el kirchnerismo argentino.

Mauricio Macri, de centroderecha, ganó los comicios en Argentina en noviembre pasado poniendo fin a la era que inició Néstor Kirchner y continuó su esposa, Cristina Fernández (2003-2015).

Otros reveses siguieron. En Venezuela, la oposición logró la mayoría parlamentaria de tres quintos en los comicios legislativos de diciembre. El país petrolero está al borde del colapso económico, con Nicolás Maduro, el sucesor de Chávez, peleando contra un referéndum revocatorio.

Muchos de los gobiernos de la región pusieron el acento en la redistribución, pero se quedaron cortos en fomentar la creación de riqueza y en atraer la inversión.

Además, una serie de escándalos de corrupción alimentaron el malestar entre la población.Incluso la moderada chilena Michelle Bachelet ve su imagen derrumbarse en los sondeos luego de que su hijo fuera atrapado en un escándalo de corrupción.

En Bolivia, el líder indígena Evo Morales perdió una consulta en febrero sobre la posibilidad de postularse a un cuarto período de gobierno, mientras en Ecuador, el economista de izquierda Rafael Correa coqueteó con la idea de un tercer mandato, pero desistió ante la caída en las encuestas.

En Uruguay el tercer gobierno del Frente Amplio liderado por Tabaré Vázquez asumió las riendas en 2015 tras 10 años de crecimiento económico con la promesa de reducir la inflación a 5% en 18 meses, pero el indicador se duplicó. El presidente tampoco pudo implementar la prometida reforma de la educación.

Vázquez, que en 2010 terminó su primer mandato con una histórica aprobación del 74%, ahora enfrenta un declive de su imagen, con una aceptación de 30% según una encuesta publicada en julio por la consultora Equipos.

Fuente: AFP

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