El desafío de recuperar el partido

Trump necesita recomponer relaciones con los republicanos, y ya se barajan nombres para un gabinete que podría ser clave
Uno de los primeros desafíos que tendrá que enfrentar Donald Trump es constituir un equipo de gobierno sólido para liderar su futura administración. Un equipo que no solo lo conduzca al éxito, sino que además logre recomponer los lazos que quedaron resquebrajados con los republicanos luego de una dura campaña en la que el partido político más antiguo de Estados Unidos terminó dándole la espalda ante la divulgación de escandalosos videos y denuncias de acoso sexual, misoginia, racismo y xenofobia.

Pero ahora, con una mayoría republicana tanto en la Cámara de Senadores como en Diputados, deberá surcir la relación para poder llevar a cabo las políticas que tiene en mente. Además, Trump debe conseguir la venia al decisivo noveno juez de la Suprema Corte, que deberá ser nombrado por el nuevo mandatario pero avalado por el Congreso. Un magistrado conservador, cuando actualmente existe un empate entre esa corriente de pensamiento y los liberales en el máximo tribunal, inclinaría las decisiones hacia el lado que los republicanos prefieren.

Las señales en ese sentido ya se vieron. En su primer discurso como presidente electo, Donald Trump moderó notoriamente su retórica agresiva de la campaña, evitó mencionar ciertos aspectos polémicos de sus propuestas y tendió la mano para cerrar las heridas provocadas por la división.

El primer jugador que le servirá a Trump para encontrar el equilibrio es su vicepresidente, Mike Pence, un republicano de pura cepa, cristiano, conservador, en quien el partido confía.

Y con él deberá conquistar a Paul Ryan, presidente de la Cámara de Representates, que en la recta final de las elecciones dejó de hacer campaña por Trump. Aunque ayer Ryan ya comenzó a dar pasos de acercamiento en público. "Hemos tenido grandes conversaciones sobre cómo podríamos trabajar juntos en la transición", dijo Ryan en su primer discurso tras la victoria de su partido.

Trump deberá además formar ahora un equipo de gobierno. Sus principales apoyos y aliados en la campaña muy probablemente seguirán a su lado, y la conformación de un gabinete que le dé confianza al partido podría ser el inicio de una mejor relación. Ayer ya comenzó la danza de nombres y los puestos que podrían ocupar a partir de enero del año próximo, cuando Trump se mude a la Casa Blanca.

Chris Christie (54 años) es el gobernador de Nueva Jersey, y será en principio el jefe del equipo de transición del multimillonario. Su posición podría sin embargo verse desfavorecida por la investigación contra algunos de sus allegados en Nueva Jersey, sospechosos de provocar grandes embotellamientos para castigar a un alcalde adversario político.

Rudy Giuliani (72 años) es el empresario y exalcalde de Nueva York (1994-2001) que fue uno de sus apoyos incondicionales durante la campaña, incluso en los peores momentos. Exfiscal contra la mafia, reconocido por lograr disminuir la criminalidad en Nueva York, su nombre es uno de los dos que suenan con más fuerza para convertirse en secretario de Justicia.

Newt Gingrich (73 años) es el expresidente de la Cámara de Representantes, y una de las personalidades más importantes del Partido Republicano. Podría dirigir la diplomacia estadounidense. Fue miembro de la cámara baja de 1979 a 1999, tiene ideas para gobernar y conoce cada rincón de Washington. Pero, al igual que Trump, tiene un carácter explosivo.

Los empresarios

Pero al margen de los políticos, este outsider que jamás ocupó un cargo electivo se inclinaría por sumar a sus correligionarios, los empresarios, al gobierno.

Al inicio de su campaña dijo que le gustaría nombrar al empresario Carl Icahn (80 años) como secretario del Tesoro. Aunque parece más probable que confíe ese cargo a Steve Mnuchin, un exbanquero de Goldman Sachs que lo apoyó.

El puesto de secretario de Comercio podría recaer en el presidente del grupo siderúrgico Nucor, Daniel DiMicco. Su nombre también suena para convertirse en el negociador de los acuerdos comerciales internacionales de Estados Unidos, al igual que el del profesor de Economía Peter Navarro.

El director general de la petrolera Continental Ressources, Harold Hamm (70 años), podría ocupar la posición de secretario de Energía. Este multimillonario procedente de Oklahoma es amigo desde hace tiempo del presidente electo y ha tenido una gran influencia en su política energética. El especialista en capital de riesgo Robert Grady también está en la lista de candidatos al cargo.

También se comenzaron a mencionar ayer otros nombres para el puesto de secretario de Estado, como el senador de Tennessee Bob Corker o el neoconservador John Bolton, exembajador ante la ONU durante el mandato de Bush hijo.

Robert Lighthizer, representante de comercio estadounidense bajo el gobierno de Ronald Reagan (1981-1989), podría acabar siendo el titular de esta cartera.

Fuente: Agencias

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