El desafío de retener a los jóvenes y captar inmigrantes

La clase media tiene pocos hijos, en tanto las clases baja

y alta muestran en promedio hogares más numerosos

En Uruguay, como ocurre en buena parte del mundo, los hogares son cada vez menos numerosos. En 1963 había 3,39 personas en promedio por núcleo familiar, y en 2011, casi medio siglo más tarde, apenas 2,82.

El mapa de Montevideo por zonas censales muestra en tonos rojizos que los hogares más pequeños y con mayor edad promedio se concentran en el área central y costera. Es un bloque que se extiende entre Ciudad Vieja y Punta Gorda y, por el norte, hasta Sayago, Colón y Lezica. Por el contrario las zonas en tonos celestes y azules, un arco periférico desde Casabó a Piedras Blancas y Punta de Rieles, están pobladas con hogares más numerosos y personas en promedio más jóvenes.

"En las áreas costeras entre Parque Rodó y Malvín la edad media es de 42,9 años o más; eso se parece a Japón, Grecia o Alemania", resume el geógrafo Leonardo Olivera. "Y en los barrios periféricos de Montevideo están los más jóvenes, con promedios de menos de 29 años. Eso es propio de muchos países de América Latina, desde Colombia a Centroamérica".

La excepción en esas tendencias por zona es Carrasco, un barrio de clase alta con hogares numerosos y edad promedio relativamente baja.

"La excepción de Carrasco confirma que es la clase media la que tiene pocos hijos", sostiene el geógrafo Leonardo Olivera.

Esa clara diferenciación social se registra en todas las ciudades uruguayas, desde Artigas a Rocha. Es un fenómeno antiguo que se acentuó en las últimas décadas. En la ciudad de San José, por ejemplo, las manzanas céntricas están integradas por hogares con menos de dos personas, en tanto en la periferia este, la "zona roja", el promedio es de 3,8.

El índice de vejez, que mide la relación de personas de 65 años o más por cada 100 jóvenes de 15 años o menos, en Uruguay es de 67,7%, muy alto en una comparativa latinoamericana pero no tanto respecto a Europa y otras regiones. (El índice de vejez de Estados Unidos es 78, el de Alemania, 166,6 y el de Japón, 202,9). El índice más alto se registra en Montevideo y el más bajo en Artigas.

Clases sociales en Uruguay

Un estudio de 2012 del Centro de Investigaciones Económicas (Cinve) estimó que el 16,5% de los hogares uruguayos integraban la clase alta, otro 52,8% la clase media y el 30,7% restante pertenecía a la clase baja. En el seno de la clase alta, que se concentraba más en Montevideo que en el interior, había un sector particularmente rico, que significaba el 4,7% de los hogares del país. Asimismo, dentro de la clase media era posible distinguir clase media-alta (16,4%), clase media-media (18%) y media-baja (18,4%).

El concepto de clase social es opinable hasta el infinito. El estudio tomó en cuenta los resultados del censo 2011 y la Encuesta Continua de Hogares que realiza el INE. Se consideró el ingreso de los hogares, la calidad de la vivienda y sus servicios, el equipamiento, posesión de automóviles, posibilidades de consumo e inversión del núcleo familiar, nivel educativo y otras variables.

La cantidad de viviendas aumenta mucho más rápido que la población. Y cada vez más personas viven solas. Los hogares más pequeños en promedio se hallan en departamentos que se despueblan, como Lavalleja, o con alto estándar de vida relativo, como Colonia y Montevideo.

Cuando el censo de 2011 había 133.902 viviendas de uso temporal o "veraneo", casi el 10% del total, ubicadas mayoritariamente en áreas costeras. El 58,3% de los pobladores de Uruguay eran propietarios de su vivienda, aunque solo el 40,8% había terminado de pagar el terreno y la construcción. El 18,7% eran inquilinos o arrendatarios y el 15% ocupaba viviendas en forma gratuita o en préstamo.

En el último siglo la población se mudó a las ciudades (95% de tasa de urbanización) y a regiones cercanas al Río de la Plata y el océano Atlántico, donde reside más del 70% del total. "El 95% de la superficie del país presenta decrecimiento demográfico acelerado, lo que acentúa la hiperconcentración de un país ya muy desbalanceado", afirma el geógrafo Leonardo Olivera. "La macrocefalia que representa Montevideo se reproduce también a escala departamental. Incluso comienza a insinuarse en Colonia, uno de los departamentos más desconcentrados del país".

¿Catástrofe demográfica?

En diciembre de 2002, cuando el país estaba metido en una grave crisis y en una nueva oleada migratoria, el sociólogo César Aguiar escribió en El Observador: "La combinación de una fecundidad baja y en descenso, con una migración alta y en ascenso y un régimen de 'canilla libre' para el gasto en salud y seguridad social, configuran una situación de altísimo riesgo" socio-económico. "Emigran los más jóvenes, los más modernos, los más arriesgados, los que disponen de una mayor educación relativa en su grupo de pertenencia". Aguiar proponía captar inmigrantes para sostener y rejuvenecer la población uruguaya, en particular a centenares de miles de argentinos que, según las encuestas, deseaban mudarse a esta banda.

La crisis migratoria iniciada en el año 2000 recién cesó en 2008, por la combinación de una crisis financiera en los países de destino, como España, y la vigorosa recuperación de la economía uruguaya.

"Cierto análisis inmediatista puede hacernos creer que la continuación de algunas tendencias coyunturales nos va a llevar a la catástrofe demográfica, pero hay que sacarse esa idea", señaló una década después, en 2012, la doctora Wanda Cabella, investigadora y docente en el Programa de Población de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República. "Los datos del Censo 2011 señalan que cada mujer tiene en promedio 2,5 hijos, lo que permite proyectar una estabilidad en el número de habitantes", afirmó Cabella en el suplemento Economía y Mercado de El País. "Esa cifra nos indica que, demográficamente, estamos por encima del nivel de reemplazo y que todavía no avizoramos el decrecimiento de la población por efecto de una fecundidad restringida. En términos generales, la futura inmigración a nuestro país va a estar dada por dos componentes: inmigrantes extranjeros e inmigrantes (uruguayos) de retorno".

La suerte al fin dependerá de la capacidad de Uruguay para dar oportunidades y retener a sus habitantes, en particular a los jóvenes.


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