El desempleo, entre el deseo y la realidad

El crecimiento del salario real en 3,3%, mientras que el PIB mejoró 1,5%, condujo a una reducción de la demanda laboral
Es obviamente deseable que los asalariados perciban el mayor nivel posible de ingresos. Pero si no se acompasan con la evolución de la actividad, se genera una distorsión que afecta negativamente a los propios trabajadores, que pierden empleos o los buscan sin encontrarlo, y al resto de la estructura económica. Se refleja en el salto del desempleo al 9% en marzo, su nivel más alto en los últimos 10 años, motivado por un crecimiento del salario real superior al del Producto Interno Bruto (PIB). El PIB mejoró 1,5% en 2016 en tanto el salario real aumentó en ese año 3,3%, especialmente en el sector público con 3,6%, conduciendo inevitablemente a la reducción de demanda laboral que se registra ahora.

La situación es consecuencia directa de la imprevisora política laboral de los gobiernos del Frente Amplio. En su comprensible afán por mejorar los ingresos de los trabajadores, no tuvieron en cuenta que tienen que ajustarse a los ciclos económicos. Cuando se crecía en torno al 5% anual en la década terminada en 2013, los incrementos salariales eran absorbidos por la mayor actividad, permitiendo recomponer el poder adquisitivo alicaído desde la crisis de 2002.

Pero se mantuvo igual política cuando la bonanza terminó, con la consecuencia de que se perdieran 20.100 puestos de trabajo en el primer trimestre de este año con respecto a igual período de 2016. Es igualmente grave la caída de la tasa de actividad laboral, que suma el número de quienes tienen empleo y de quienes buscan tenerlo, con una baja en el nivel de ocupación de 59,4% a 58%.

La desocupación en marzo, acentuada en Montevideo con el 10,1%, corre paralela a las dificultades que enfrentan las empresas por el alto costo de mano de obra. La imposibilidad de enfrentarlo ha conducido en los últimos tiempos a un volumen creciente de empresas que han cerrado o reducido sus plantillas. Y las que operan en diferentes rubros, especialmente en la industria, ven caer su competitividad por costos de producción que las ponen en desventaja con respecto a países donde los costos son más bajos. El panorama puede mejorar levemente en el mediano plazo si se confirman los pronósticos de que el PIB se acerque a un incremento del 2% o algo más este año y el próximo y a que la industria alcance una expansión prevista del 1%. Pero solo se logrará bajar algunas décimas el desempleo registrado en marzo si el salario real acompaña su crecimiento a la productividad de la economía. Lo demás será muy lindo, pero es ficción de corto plazo.

El nivel actual de desocupación debe inducir al gobierno a asegurar equilibrio entre la evolución de la economía y la de los salarios. De lo contrario, se mantendrá un alto nivel de desempleo por pérdida de actividad competitiva de los sectores productivos. El ministro de Trabajo y Seguridad Social, Ernesto Murro, comentó que "el dato de desempleo pega, duele y preocupa". Pero no debería sorprender al gobierno ni el golpe ni el dolor, ya que son consecuencia directa de sus propias políticas.

Y es necesario que su preocupación se traduzca en una política laboral ajustada a la realidad económica del país, requisito que ha faltado hasta ahora. Esto supone resistir presiones sindicales como la expuesta por el secretario general del PIT-CNT, Marcelo Abdala, que argumentó, con un voluntarismo que niega lo evidente, que la evolución del salario real no incide en el desempleo.

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