El día después del temporal

Una turbonada de más de 180 kilómetros por hora arrasó con el Centro y la rambla de Piriápolis y causó daños en una escuela, la terminal de ómnibus y comercios
Siete menos diez de la tarde. Esa fue la hora exacta en la que Mario Invernizzi, actual alcalde de Piriápolis, miró el cielo y vio venir la tormenta. Después de eso, ocho minutos bastaron para que una turbonada arrasara con el techo de su casa y se "ensañara" con el Centro de la ciudad. En la noche, Piriápolis no era más que destrozos. "Llego con una intensidad para mí nunca vista", contó a El Observador Invernizzi al recordar el temporal que ocurrió en la tarde del lunes. La percepción del alcalde se confirmó luego cuando supo que el anemómetro de Prefectura se rompió después de medir vientos de 100 nudos, lo que equivale a 185 kilómetros por hora.

A la mañana siguiente, Piriápolis estaba desecha. La rambla que caracteriza al balneario poco tenía que ver con las imágenes que suelen identificarla como uno de los principales puntos turísticos, ya que, sobre la vereda, el viento dejó vidrios y carteles de comercios rotos. A eso se suman las roturas que dejaron del lado de enfrente y a la altura del puerto otros dos temporales ocurridos en el último mes: una continuidad de agujeros profundos y restos de adoquines que se desprendieron del muro que delinea la rambla. El agua de la playa puede verse a través del muro. El panorama no era muy diferente calles adentro, donde ramas y pedazos de árboles tirados sobre la calle –además de restos de alguna chapa que arrastró el viento– hacían imposible el paso.

"Hace 40 años que vivo en Piriápolis y nunca había visto una cosa igual", dijo a El Observador Ramón, un vecino de la zona que en la mañana de ayer se acercó para ofrecer ayuda al lugar donde trabajaban funcionarios municipales, bomberos y militares. De todos los daños que dejó la turbonada, para Ramón lo más "triste" fue lo que ocurrió en la escuela No 52, a la que asistió de niño, que quedó inutilizable por el temporal. La turbonada voló el techo del edificio por completo, dejó a la intemperie tres salones y parte del hall principal. Adentro, solo había agua.

La inspectora departamental de Primaria, Ana Le Pera, concurrió a revisar la escuela y dijo a El Observador que los daños "son muchos más" de los que se imaginó. La inspectora dijo que los destrozos son generales y en casos como el techo implicarán reformas totales, por lo que no podrán dictarse clases allí. Los 550 alumnos que acuden al centro deberán culminar su año escolar en otro edificio que aún no fue definido. Una opción es la colonia de vacaciones sobre la rambla; un edificio del año 1905 que tampoco escapó de la turbonada: parte de su techo fue arrastrado por el viento, lo que hizo que el agua se filtrara e inundara algunos pasillos.

La terminal de ómnibus fue otro de los edificios afectados por el temporal, ya que la turbonada arrasó con el techo.

Ayer, solo tres andenes quedaron habilitados, porque los restantes estaban atravesados por restos
de chapas que funcionarios de la intendencia intentaban retirar.

Los arreglos también siguieron en la playa, donde los pescadores trabajaban para recomponer, bajo la lluvia, los ranchos que los fuertes vientos destrozaron con facilidad. "Ni el temporal de 2005 rompió tanto", dijo a El Observador Paola Anza, una de las pescadoras.

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