El Día de los Muertos y un altar para Juan Gabriel

La comunidad mexicana en Uruguay prepara su clásica fiesta para recibir en sus hogares a los espíritus de los difuntos
En Uruguay, la muerte es un hecho incómodo. Es sinónimo de tristeza, vacío y de despedida definitiva. Pero para los mexicanos la muerte representa casi que lo contrario y es por eso que cada 2 de noviembre, con la celebración Día de los Muertos (en Uruguay se le llama Día de los Difuntos por la tradición católica), el país entero se viste de fiesta y sale a las calles para rendirle homenaje a la muerte.

La comunidad en Uruguay también se prepara para los festejos y en la Embajada de México un grupo de mujeres está armando el tradicional altar a los muertos. Se trata de una tradición histórica que nació en las comunidades indígenas de Centroamérica y se extendió hasta las ciudades hasta convertirse en un rito que se mantiene vivo hasta hoy.

"Un altar de muertos es algo íntimo que se llevó a las instituciones por una cuestión de conservar la tradición y hacerla más grande", explicó Soraya Herrera, una mexicana residente en Uruguay, con la cara cubierta de brillantina y mientras colocaba pétalos de plástico rojo a los pies de una calavera tamaño real vestida con un traje plateado y rodeada de mariachis dibujados sobre cartón. Se trataba del reconocido músico Juan Gabriel, conocido como "el divo de Juárez", quien murió el pasado mes de agosto para la pena de todo México. Este año, el altar de la embajada le rendirá homenaje a él "por una cuestión de sentimiento" y porque "le caló a todo el país". Frida Kahlo y la revolución mexicana han sido otras de las temáticas que han compuesto los altares de la embajada los últimos seis años.

El día de los ritos

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En los hogares, el homenaje es a los amigos y familiares. Los altares se arman en base a fotografías y se rodean de objetos que a esa persona le gustaban o con los cuales se identificaba más. "Armamos todo esto para darle la bienvenida a nuestros muertos que en esta fecha tienen permiso de venir", contó Herrera. La creencia establece que los muertos hacen un viaje largo hasta la tierra de los vivos, por eso los altares siempre deben tener agua y jabón para que los espíritus se laven, sus comidas y bebidas predilectas para que se alimenten, sal para purificarse y flores cempasúchil que guían a los muertos con su olor. En Uruguay, como estás flores no crecen, se hacen con papel.

La preparación característica de esta fecha en México es el "pan de muerto". Un pan similar a la rosca de pascuas que solo se come el 1º y 2 de noviembre y se prepara por partida doble. Un pan se coloca en la mesa de los vivos y otro en el altar de los muertos. Aquel destinado a los difuntos no puede ser comido porque depositan su esencia en él.

En México, la creencia de que los muertos vuelven por un día es un sentimiento real, no un mero símbolo. Cada 2 de noviembre los cementerios se transforman en escenarios de fiestas, las familias cocinan importantes banquetes y los llevan hasta las tumbas de sus antepasados. Allí comparten la comida –creen que es el momento de "comunión" entre vivos y muertos– y brindan con ellos en un clima de fervor y alegría profunda.

"Estamos de fiesta sí, pero es una fiesta mística. Viene de adentro. Es como cuando te preparas para recibir a un invitado en tu casa y lo quieres agasajar, te preocupas por todos los detalles", dijo Herrera.

Ramón López de León, encargado de los asuntos políticos y de prensa en la embajada, contó que en los pueblos del interior de México la festividad es todavía más intensa porque la llegada noviembre da inicio a la temporada de cosechas, por lo que el día de los muertos es sinónimo del "renacimiento" de la tierra.

La muerte a colores

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Las calacas, esos característicos cráneos pintados con varias formas y colores, son otro de los símbolos identitarios de la cultura mexicana y un objeto infaltable en cualquier altar de muertos. Su estética es un fiel reflejo del espíritu festivo y un guiño a la relación que la sociedad mexicana mantiene con los difuntos.

"El mexicano juguetea con la muerte. Culturalmente hemos decidido amistarnos con ella, tenerla a un lado y burlarnos", explicó Herrera.

Esa cercanía con el "más allá" comienza en los mexicanos desde muy pequeños. En la escuela, los niños aprenden a dibujar y pintar a la muerte de una manera lúdica y no tétrica. Las golosinas tienen forma de calacas y muchos de los cuentos con los que aprenden a leer posicionan a los difuntos igual de cerca que los vivos. La tristeza y la nostalgia también están presentes en esta fecha, pero se considera que lo único que hay para extrañar de los que se fueron son sus cuerpos.

"La vida y la muerte son dos caras de la misma moneda. El mexicano entiende que no se puede vivir con intensidad si no ve a la muerte como una posibilidad real pero con un espíritu alegre", concluyó Herrera, mientras seguía espolvoreando con brillos un cráneo.

Altar abierto

El altar de muertos de la embajada de México en Uruguay se puede visitar a partir de hoy y durante todo noviembre de 10 a 18 horas en 25 de Mayo 512, con entrada libre.

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