El día que Dios impidió hacer 10 fotos en Chiapas

San Juan Chamula queda en Chiapas. Es un poblado metido en las montañas. Es domingo y su famosa y colorida iglesia, es un centro de atracción, para paganos, gallinas y creyentes

Por Linng Cardozo. El Departamento de Turismo Municipal de San Juan Chamula, Chiapas, informa: “Se prohíbe tomar fotos dentro de la Iglesia, en las procesiones de santos y con autoridades tradicionales y religiosos; (mayordomos, pasiones y alferes). La persona que infrinja esta disposición será sancionada”. Algunos dicen que si usted no respeta esta decisión puede ser golpeado, su aparato destruido y ser llevado a la cárcel del pueblo. Para los Chamulas, hacer fotos es un asunto de suma gravedad ya que tienen la creencia que la cámara les robará el alma.
San Juan Chamula es un poblado (unos 70 mil habitantes) distante 17 kilómetros de San Cristóbal de las Casas. En una combi se demora 25 minutos y el boleto cuesta 1 dólar. El grupo indígena más numeroso de la Región de los Altos de Chiapas es representado por los Chamulas. En consecuencia el San Juan sobrevino luego de la conquista.
Su fama se debe a su gente, sus tradiciones y la mágica atmósfera de la Iglesia San Juan Bautista, un centro ceremonial de la zona, con una entrada de 1 dólar y poco.

1) LA ENTRADA. A la derecha de la gran nave del templo hay centenares de velas; quizás miles. Están sobre mesas de distinta procedencia; estética variada. A la derecha lo mismo. En el medio no hay asientos de madera. La nave está vacía de mobiliario y el piso está tapizado por ramas de pino. En el fondo suena un acordeón y una guitarra. Es una melodía monótona y los feligreses están concentrados. También hay personas que hablan de la vida, sonríen y se palmean. En el gran salón se ubican pequeños grupos de indígenas frente a sus velas, pegadas con cebo en el piso. Y murmuran.

2) EL AIRE. No hay luz eléctrica. Sólo velas. El aire está cargado de murmullos y de inciensos que un sacerdote indígena va repartiendo por todo el recinto. Se trata de una vasija con carbón e incienso. El aire se llena de esa aroma y del humo. Hay como una niebla perfumada.

3) LOS REZOS. Los chamulas rezan. Los niños se distraen, juegan y luego vuelven al grupo con mirada perdida y labios en movimiento.

4) LAS SACERDOTISAS. Hay grupos presididos por una mujer indígena que parece ser la sacerdotisa. Murmura, toma una bebida, comparte con quienes la rodean. La mayoría de esos grupos tiene una gallina, cuya cabeza asoma por el agujero de una bolsa negra de nylon. La sacerdotisa toma la gallina, la pasea por encima de las velas y luego la enfrenta a los feligreses del grupo. Una madre levanta a un niño de un año y la gallina lo mira fijo. “Es salud”, me dirán luego.

5) EL CURANDERO. Hay grupos que tienen un curandero, el “ilol”, una suerte de chamán. Los grupos llevan como ofrendas refrescos embotellados de diversas marcas, aguardiente -utilizado como agua bendita o agua sagrada- y gallinas. En la feria del domingo la venden a 10 dólares.

6) LA “LIMPIEZA”. Un "ilol" se me acerca. Túnica blanca, sandalias muy viejas y manos rudas. “¿Le hago una limpieza?”, me dice. El “ilol” diagnostica al paciente mediante un interrogatorio y procede a la limpieza mediante el paso de un huevo por todo el cuerpo, ya que según su creencia el huevo es un ser vivo, bendecido y capaz de extraer el mal. 

7) LOS MAYORDOMOS. Hay indígenas vestidos con un atuendo negro elaborado con lana de borrego (de oveja). Son los que colaboran con los curanderos si este los convoca.

8) LOS TURISTAS. Al templo llegan turistas de todos lados. Guardan silencio. Algunos se descalzan, se sientan y rezan frente a las velas.

9) LA PROCESIÓN. El chamán encabeza la procesión; detrás de él vienen la guitarra y el acordeón. El grupo estaba al fondo de la iglesia y ahora, culminada su ceremonia, se dirigen a la salida de la iglesia. Vienen directo a mi (estoy en un mal lugar, supongo). Miro al chamán, negociamos con la mirada, y me aparto. No tenía otra. Pasa la procesión de unos 25 indígenas.

10) LA EFICIENCIA DE DIOS. Nuestra hija Andrea pregunta que es lo que está viendo: las velas, los rezos, el silencio, los humos. Se le explica. Andrea pide para sentarse frente a unas velas y rezar, según dijo. Estuvo allí como 10 minutos, mirando las velas y moviendo los labios. Previamente dijo que iba a pedir un deseo. Ya afuera de la iglesia, me dice: “¿y ahora cuándo va a responder Dios?”.


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