El día que el Obelisco de Buenos Aires perdió su punta

Hace unas semanas, el Obelisco de Buenos Aires amaneció "sin su punta". Y como acto de magia, la misma apareció a cuatro kilómetros de distancia, en la explanada del Malba.

Con la posibilidad extra de poder ingresar a ella y ver la ciudad como si efectivamente uno se encontrara a 70 metros de altura, mediante proyecciones en su interior.

El arte de Leandro Erlich (uno de los artistas argentinos contemporáneos con más proyección internacional) es de esos que te deja sin palabras. Sus instalaciones se convierten en un continuo cuestionamiento de la realidad cotidiana y de sus límites a través de efectos ópticos y otro tipo de simulaciones en las que manipula espacios y situaciones, conformando su propia realidad. 
 
Como frecuentemente las obras de Erlich exigen la interacción del público, que tiene que entrar a la obra e interactuar con ella, es como si entraras en una nueva realidad con unas reglas completamente distintas. Así consigue Erlich que el público quede integrado dentro de su obra.
 
Y así como Christo -que revestía monumentos para revalorizarlos en la mente de la gente- Erlich los manipula con la interacción del público, generando otro tipo de relacionamiento con ellos, en cuanto a proximidad, escala y ocupación de los mismos.
 
En una movida publicitaria de efecto dominó, ha sido "el " tema del fin de semana porteño, en medio de campañas políticas y las noticias de todos los días, esta curiosidad viene dando que hablar no sólo localmente sino que ha cruzado varias fronteras. Como toda apuesta conceptual, o toda movida que implica inversiones sustanciales de recursos tanto económicos como humanos, ha sido ampliamente criticado lo cual obviamente siempre da las de ganar al creador. Desde llamarlo "La circuncisión del Obelisco", a dudar si el ciudadano de a pie mediante sus impuestos tiene algo que ver con esto (que obviamente requiere permisos municipales), etc.
 
En realidad, la obra fue realizada gracias a la colaboración de distintos ministerios del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires (Cultura, Espacio Público y Transporte), además de la Policía Metropolitana, ingenieros, técnicos y un seguro que homologó las condiciones de seguridad, pero fue auspiciado y financiado por MALBA y la empresa Fate, la mayor productora de neumáticos de Argentina.
 
"Es mi obra más ambiciosa porque implica salir del museo y generar algo en el orden urbano, y por la complejidad técnica de la instalación. Me gusta trabajar en la perfección para contar una historia y generar una sorpresa. Más allá de la ilusión, me gusta sacudir lo cotidiano. Me interesa que el público se involucre, participe y mire las cosas desde otro lugar”, dice Erlich. “Se trata de democratizar los espacios y hacer que la historia sea revisitada por todos”.
 
La obra consta de dos partes: en el emplazamiento del Obelisco, el artista interviene directamente el monumento haciendo desaparecer su ápice. Este reaparece en la explanada de MALBA con una reproducción a escala real. Así el público podrá ingresar a la cúspide, con entrada libre y gratuita, y disfrutar de las cuatro vistas aéreas del monumento central en el imaginario argentino.
 
Según Erlich, "la relación de las ciudades con los monumentos y con lo que significa visitarlos, porque no solo lo hacen los turistas; tiene que ver con la apropiación, con el orgullo, con la pertenencia. Y el Obelisco en Argentina es un monumento que nunca ha sido pensado para ser visitado", agregó. Es por esta razón, y gracias al efecto visual que hace ver el Obelisco terminado de forma plana, que Leandro Erlich se obsesionó con ofrecer la posibilidad de visitar su interior y descubrir su vista aérea por primera vez desde su fundación en 1936.
 
Aunque fue construido para no ser visitado, la punta del Obelisco tiene una ventana y es precisamente esa supuesta vista que recrea Erlich con filmaciones muy realistas como si se estuviera en un día despejado a 70 metros de altura, en el cruce de las avenidas 9 de Julio y Corrientes de Buenos Aires.
 
El sábado siguiente fue removido el 'capuchón' de dos toneladas que le pusieron al Obelisco para que pareciera 'rebanado' aunque la exposición 'La democracia del símbolo' se extenderá hasta marzo en el museo del barrio de Palermo de la capital argentina.
 
Leandro Erlich (nacido en 1973 en Buenos AiresArgentina) es un artista conceptual argentino que exhibe internacionalmente. En 1992 obtuvo la Beca del Fondo Nacional de las Artes y en 1994 la de la Fundación Antorchaspara concurrir al taller de Barracas dirigido por Pablo Suárez y Luis Benedit. Su estilo es el de la ilusión óptica o la transferencia espacial, personal, mediante la interacción del público, y generando así alternativas distintas a su modelo. Desde sus inicios, quería hacer un Obelisco paralelo en la zona de la Boca y cuestionar dónde se en contraba uno, pero no pudo concretarlo. En 1997 fue seleccionado para la Primera Bienal de Arte del Mercosur, en Porto AlegreBrasil. Entre 1997 y 1998 participó del Core Program de la Glasell School of Art (Museum of Fine Arts of Houston) gracias a la Pan American Cultural Exchange Foundation. En 2001 representó a su país en la Bienal de Venecia, rompio moldes con una piscina donde se podía caminar, y fue incluido en la sección principal de la bienal, una vez más en 2005. La obra del artista también se incluyó en la Bienal del Whitney de 2000 y la Bienal de Estambul 2001. 
 
En 2008 Erlich creó una instalación de piscina que estuvo en exhibición en el MoMA PS1 en la sección de Long Island City en QueensNueva York. Esa piscina, en la que se puede caminar y salir seco, forma parte de la coleccion permanente del Museo de Arte Contemporáneo del siglo XXI de Kanazawa. De hecho, es la pieza más célebre del establecimiento.
 
Los directores de los museos franceses destacan la delicadeza de sus obras a pesar de la inmensidad que las envuelve. "No trata al público como manada. Erlich crea intimidad en el espacio público", asegura el director del Centquatre -santuario de la cultura parisiense-, José-Manuel Gonçalves. 
 
También en 2008 para la Segunda Bienal de Singapur montó su instalación Peluquería, en la que hay tres espejos que no reflejan a las personas que se ponen frente a ellos. Para conseguirlo, Erlich tuvo que montar un salón de peluquería y su copia exacta a la inversa. Ambas salas se comunicaban a través de los espejos, que en realidad eran ventanas. Cada detalle de la primera habitación tiene que ser reproducido a la inversa en la segunda habitación. Los letreros, por supuesto, están invertidos e incluso el reloj está diseñado a la inversa.
 
En el verano de 2013, Erlich exhibió Dalston House, una ilusión óptica en el sitio Dalston Molino en Dalston, al este de Londres, con un enorme espejo suspendido a 45° (desde la horizontal) en un modelo de tamaño natural de la fachada de una casa de estilo victoriano colocado horizontalmente en el suelo, dando la apariencia a los visitantes que suben o cuelgan de la parte del edificio. En la Bienal de Montevideo realizada en 2014 contamos con una similar, imitando las fachadas de Bello y Reboratti.
 
Nómade por naturaleza, tras un paso rápido por la Escuela Pueyrredón, viajó a Houston con una beca, vivió en Nueva York y vive ahora en Montevideo, y esa cercana lejanía parece gustarle. La semana que viene volará a París para instalar un site specific en la Gare du Nord en sintonía con la celebración de la Nuit Blanche, inspiradora de nuestra Noche de los Museos. La obra será el prólogo de la cumbre de cambio climático que tendrá a París como sede el próximo noviembre. 

Es una casa que se derrite, alerta rojo del efecto invernadero. Se llama Maison fond, casa fundida; al pronunciar el nombre en francés suena igual que Mes Enfants, mis niños, y esta vez el juego se vuelve fonético. Sus niños son Iara (9) y Romeo (5), su mujer es la artista Luna Paiva y juntos forman una suerte de equipo con las valijas listas.
 
Contrariamente a lo que muchos opinan acerca de este tipo de arte, personalmente nos gusta porque:
 
* Rompe con el molde convencional de las instalaciones. Si bien es conceptual, es muy claro y gráfico en la propuesta.
* Hace intervenir al usuario, lo hace cuestionar, dudar, debatir... que no es poco.
* Su trayectoria ya lo precede y el marketing lo explota en los medios que potencian las movidas ya sean en Nueva York, Buenos Aires o Corea. Su convocatoria A galerías y museos ya la querrían muchos.
* Interviene usualmente sobre espacios públicos en ciudades haciéndolos más disfrutables e interactivos.
* Arma instalaciones faraónicas que requieren logísticas poco habituales con gestión de auspiciantes y apoyos de museos, municipalidades, entre otros para todo lo cual se requiere mucha habilidad o -por supuesto- delegarlo en gente ídem. 
 
Vean fotos de las intervenciones del Malba y las otras mencionadas acá.

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