El embrollo de España

Desde diciembre buscan armar un gobierno ante un Congreso dividido
Las elecciones legislativas del 20 de diciembre en España arrojaron un Parlamento fragmentado que requiere de alianzas para formar mayorías. Desde entonces, en eso están y no se han puesto de acuerdo. El Partido Popular (PP) falló y ahora el rey le pidió al Partido Socialista Obrero (PSOE) que intente armar gobierno. Por ahora en vano. La posibilidad de un nuevo llamado a comicios está cada vez más cerca.

La sombra de lo sucedido en Bélgica, que estuvo un año sin primer ministro, se cierne sobre España. El PP del presidente de gobierno Mariano Rajoy logró en las elecciones de hace un mes y medio 119 de los 350 diputados. En tanto, el PSOE alcanzó los 89, Podemos y sus aliados 65 y Ciudadanos, 40 escaños.

Las legislativas de diciembre vieron la entrada en fuerza en el Parlamento de dos formaciones emergentes –Podemos, de izquierda radical y Ciudadanos de centro-derecha–, que pusieron fin al histórico bipartidismo PP-PSOE y dejaron una cámara muy dividida.

Esta incertidumbre es inédita en España: desde el retorno de la democracia en 1978, tras el fin de la dictadura franquista, todos los gobiernos se habían formado un mes y medio después de los comicios a más tardar.

El PP incapaz

Rajoy no pudo destrabar el bloqueo político que significó no alcanzar la mayoría absoluta y luego al no lograr pactar alianzas con ningún partido. El mandatario insistió sin éxito en pedir un compromiso a tres con el PSOE y Ciudadanos –un acuerdo entre la derecha, los socialistas y los centristas–, para evitar los pactos con los nacionalistas catalanes y vascos. Pedro Sánchez, líder y candidato del PSOE, se opuso sistemáticamente a este planteamiento, a la espera de que el monarca le pidiera que formara gobierno.

El líder del PP asegura que con estos dos partidos coinciden en las "grandes cuestiones" del país, como la unidad de España, la soberanía nacional y la lucha contra el terrorismo. Pero Rajoy se quedó solo y, a fines de enero, ante la propuesta del rey de someterse a una sesión de investidura se negó ante la posibilidad de una derrota segura. Los dirigentes conservadores aseguran que solo aceptan un gobierno encabezado por el actual presidente, pese a que perdieron 67 de los 186 diputados que obtuvieron en 2011.

El PP choca con el rechazo de la mayoría de fuerzas políticas a sus medidas de austeridad y, sobre todo, a los escándalos de corrupción que no cesan de crecer en su seno.

Ante este panorama, el pasado martes 2 de febrero, el rey Felipe VI le encargó al líder del PSOE, Pedro Sánchez, formar gobierno. Rajoy está decidido a votar en contra de esta idea. El abanderado de Ciudadanos, Albert Rivera, anunció ese día que intentará convencer al PP –que considera que este partido deber estar incluido en cualquier acuerdo de gobierno– de que se abstenga para permitir a Sánchez gobernar, pero la misión parece imposible.

La chance del PSOE

Con la esperada petición del rey, Sánchez salió a buscar las alianzas correspondientes. Pero también se está dando contra la pared. El PSOE pretende acercarse a Podemos, pero también a Ciudadanos. La semana pasada, el diálogo entre el PSOE y Podemos quedó en un punto muerto al rechazar el segundo la propuesta de aliarse con Ciudadanos.

"Nosotros no vamos a trabajar para que haya un gobierno con las derechas", afirmó Pablo Iglesias, el líder de Podemos, exigiendo a los socialistas que elijan entre negociar con ellos y sus aliados izquierdistas o con las formaciones liberales y conservadoras. Podemos también quiere una alianza a tres, pero que incluya en vez de Ciudadanos al pequeño partido Izquierda Unida, o sea, un "gobierno progresista".

Para Iglesias, la actitud de Sánchez es hipócrita al intentar caerle bien a Podemos y a Ciudadanos al mismo tiempo, a la vez que le reclamaba al PSOE –que obtuvo el peor resultado electoral de su historia– la vicepresidencia del gobierno y la mitad de las carteras ministeriales. El PSOE, en tanto, cree que Podemos pretende quitarle el liderazgo de izquierda en España.

La situación se presenta complicada para Sánchez, con Podemos y Ciudadanos excluidos mutuamente de un pacto de gobierno, por lo que se hace necesario el apoyo de los independentistas catalanes, algo con lo que el líder socialista no quiere saber nada. Se enfrenta además a las duras críticas de algunos barones de su partido, contrarios a pactar, precisamente, con Podemos.

Intentando reforzar su cuestionado liderazgo, Sánchez anunció sorpresivamente que cualquier acuerdo de gobierno será sometido al voto de sus militantes socialistas. Según los sondeos, gran parte de sus bases estaría a favor de un acuerdo con Podemos.

El sector crítico de su partido logró sin embargo una victoria: adelantar a mayo el Congreso que debe elegir al próximo secretario general, ante la posibilidad de nuevas elecciones en unos meses si nadie logra formar gobierno.

Así se elige

Los diputados elegidos en las urnas son los encargados de designar al presidente del gobierno español, en un proceso que se inicia con la propuesta del rey al presidente del Congreso, después de consultar a los partidos políticos.

Felipe VI realiza por primera vez esta tarea, en un momento en que en la cámara elegida se presenta con cuatro grupos potentes, pero lejos todos de la mayoría absoluta, incluso con pactos entre dos de ellos.

Tras las elecciones, el gobierno de Mariano Rajoy pasó a estar en funciones, con lo que solo podrá aprobar cuestiones de trámite, y se mantendrá así hasta la investidura del nuevo presidente.
Según la Constitución española, el presidente es elegido por los 350 diputados del Congreso que, según el calendario electoral actual, se constituyó el 13 de enero.

Ese día los diputados juraron la Constitución y eligieron al presidente de la Cámara. Después se abrió un plazo de 15 días para la ceremonia solemne de apertura de la legislatura en un acto institucional.
En ese período, el rey inicia consultas con los representantes los partidos, por orden de menor a mayor, según el número de escaños.

A continuación, Felipe VI propone al presidente del Congreso un candidato a jefe del Ejecutivo, el que cuente con más posibilidad de superar la investidura.

Una vez el presidente del Congreso tenga la propuesta de un candidato, convoca el pleno donde este presenta su programa de gobierno y solicita la investidura, algo que aún no ocurre en este momento por la fragmentación del parlamento.

Si dos meses después de la primera votación de investidura ningún candidato obtiene la confianza del Congreso, el rey disolvería las dos cámaras y convocaría nuevas elecciones.

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