El encanto de la selva

La nueva versión de El Libro de la Selva encabeza una oleada de relatos sobre humanos en el mundo salvaje
Las historias son conocidas, pero no por ello dejan de funcionar. Disney lo ha mostrado varias veces a lo largo de la historia, tomando cuentos clásicos y convirtiéndolos en películas igualmente famosas. En los últimos tiempos, tanto el estudio del ratón Mickey como otras empresas del mundo del cine han recurrido a nuevas versiones con actores de carne y hueso en lugar de los clásicos animados.

En el marco de esa tendencia se produce la nueva versión de El libro de la selva que hoy llega a los cines locales. Claro que el único humano en la película es Mowgli, (interpretado por el debutante Neel Sethi), mientras que los animales que lo acompañan son generados de forma digital.

Igualmente, la tecnología ha avanzado hasta el punto donde el realismo de las criaturas y los escenarios es creíble, aunque no al punto de igualar a la realidad. De todas formas, la expresividad de los animales y la majestuosidad de la selva muestran que los recursos técnicos permiten ahora hacer estas adaptaciones de "acción real".

Esa es la principal novedad de esta versión, que por lo demás narra la historia conocida del niño abandonado en la selva, criado por lobos, y que con la ayuda de la pantera Bagheera y el oso Baloo debe enfrentar al tigre Shere Khan, que lo considera una amenaza por tratarse de un humano, una especie que domina el fuego y que, por lo tanto, tiene un gran poder destructivo.

A pesar de eso, la innovación visual, el talento de los actores que prestan su voz para los animales (y que incluye a nombres destacados como Bill Murray, Scarlett Johannson, Lupita Nyong'o, Ben Kingsley e Idris Elba) y el espíritu de aventura de la historia son suficientes para que esta nueva versión sea tan efectiva al momento de entretener como sus antecesoras.

Ese espíritu aventurero, determinado por la ambientación selvática y la idea del hombre conviviendo en solitario con los animales, es lo que logra hacerla una historia que se ha mantenido a lo largo del tiempo como sucede con otras como la de Tarzán (que también retornará al cine este año, con La leyenda de Tarzán). Tanto las historias de "el rey de la selva", publicadas por primera vez en 1912, como las aventuras de Mowgli (escritas por Rudyard Kipling en 1894) provienen de una época donde por una parte se concebía inequívocamente al hombre como dominador de la naturaleza en un tiempo en el que el ambientalismo y el ecologismo daban sus primeros pasos, en la intención de proteger a los animales de la caza indiscriminada.

Tanto Tarzán como Mowgli ayudan a los animales y los cuidan de los peligros naturales y humanos.
Estos personajes son hijos de su tiempo, pero también son actualizaciones de relatos antiguos (como el de Rómulo y Remo), que incluso tienen su correlato en la realidad, con historias como la del niño francés Victor de Aveyron, encontrado en 1799 en esa localidad.

También son historias que se mantienen porque reflejan la incursión a lo desconocido y lo salvaje.
Por más que hoy en día visitar la selva o ver animales salvajes sea más fácil que hace cien años, sigue siendo un mundo extraño y lejano.

Además, la presencia de los animales que hablan e interactúan con los humanos, compartiendo su sabiduría y sus habilidades, es un recurso para apuntar y conquistar al público infantil al que principalmente está dirigido esta película.

El éxito de este tipo de historias es tal que incluso Warner Brothers planea lanzar una versión similar al estreno de Disney de hoy. Se llama El libro de la selva: orígenes, y cuenta en su reparto con actores como Benedict Cumberbatch, Cate Blanchett y Christian Bale.

Sin embargo, el éxito inicial que está experimentando El libro de la selva de Disney llevó a Warner a postergar el estreno (originalmente previsto para octubre de 2017) para un año después, para evitar que dos filmes tan similares se vean obligados a competir directamente.

De todas formas, y a pesar de que se trate de un relato familiar, El libro de la selva es una película atractiva desde todo punto de vista, que vale la pena para la flamante temporada otoñal, a la vez que renueva un formato de historia conocido pero efectivo.

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La versión 2016 de El libro de la selva toma mucho de la versión animada de 1967, no solo por el desarrollo de la trama (que a su vez está basada en el libro original), sino también parte de su banda sonora, y recursos del Disney clásico, como el hecho de que los personajes empiecen a cantar una animada canción en el medio de sus discursos. Si bien apunta directamente a un público infantil (sin los guiños adultos a los que ha acostumbrado Pixar a la audiencia), el poderío visual puede convencer al adulto acompañante. De hecho, es de esos raros casos en los que conviene ver la película en 3D. La expresividad gestual y vocal de los animales –que los hace sentir sumamente reales–, el encanto de su protagonista humano y lo impresionante de la selva hacen que esta versión sea encantadora, entretenida y una experiencia de inmersión poco habitual en estas reversiones de cuentos clásicos.

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