El escritor que se partió al medio

Cada candidatura para los Nobel de literatura incluyen a Murakami como una fija. El japonés hace mérito con sus libros. Sin embargo, Japón dio grandes escritores, entre ellos, Yukio Mishima.

Por Jaime Clara

El nombre con el que se hizo famoso, en realidad es el seudónimo de Kimitake Hiraoka. Mishima es el gran nombre de la literatura japonesa.  Nació en Tokio, 1925 y murió en la capital japonesa en 1970. Se destacó en varios géneros como narrativa, teatro, poesía, ensayos, entre otros.  Su compatriota, Nobel de literatura Yasunari Kawabata dijo que no comprendía como lo premiaron a él, existiendo MIshima, al que definió como "genio literario" que la humanidad produce cada dos o tres siglos. "Tiene un don casi milagroso para las palabras".

Los primeros cuentos los escribió en la adolescencia (trece años) y con dieciséis editó su primer libro de relatos. Estudió derecho y trabajó en aeronáutica. Mientras se desarrollaba la Segunda Guerra Mundial fue rechazado como piloto suicida. Sus biógrafos indican que sobrevivir a una guerra en la que habían muerto muchos de sus compatriotas, fue para él un trauma "lacerante e imborrable".

Fue un prolífico escritor que se consagró a los 24 años con la novela, Confesiones de una máscara (1949) En una reseña de El País de Madrid, se indica que "lo sorprendente de esta excelente obra es que era, al mismo tiempo, unas precoces memorias de un joven japonés dispuesto a transgredir las normas de la sociedad de su tiempo, pues, en ella, el relato de la infancia y juventud del autor desembocan en el descubrimiento de su homosexualidad, sin ocultar su irreprimible atracción por la belleza, la muerte y la sangre."

CUERPO Y ACCIÓN

Fue riguroso y tenaz a la hora de escribir, de la misma manera que lo fue con su cuerpo, al que cuidó y atendió con "fascinación", al decir de un análisis de su vida y su obra.  El entrenamiento físico fue una obsesión."Lo que yo buscaba era un lenguaje del cuerpo" escribió en El sol y el acero. "En noviembre de1970, apenas un par de semanas antes del rimbombante suicidio, se llevó a cabo en Tokio una exposición que llevaba el simple título Yukio Mishima. Esta se componía de una serie de fotografías de la vida del autor, muchas de las cuales mostraba su musculoso cuerpo semidesnudo, en poses sexualmente sugerentes. Mishima dividió la exposición en cuatro segmentos, cada uno de los cuales lleva el nombre de un río que desembocaba en lo él llamó El mar de la fertilidad. Los ríos eran el de la Escritura, el de la Escena, el del Cuerpo y el de la acción. Estos cuatro elementos, que Mishima mismo escogió como las claves para entender su vida y obra están cargados de sentido, que se convierten inmediatamente en las directrices para cualquier posible reflexión sobre este autor", escribió la investigadora colombiana María Lucía Correa[1].

En una de sus biografías se describe que "la obsesión por la decadencia física y una concepción esteticista y masoquista del heroísmo le impulsaron a practicar halterofilia y artes marciales, y a llevar una vida turbulenta, signada por las actitudes retóricas y las posturas extremas. Era un maestro de la representación: actor de teatro, espadachín ritual, modelo de fotografías de simbología inquietante, adalid de una misoginia espartana (...). Desde 1955 Mishima había emprendido un intenso programa de actividad física que comprendía, además del body building, la práctica de las artes marciales. El paso siguiente fue el inicio del adiestramiento militar en la base de Sietai, junto con un grupo de estudiantes universitarios."

"Quiero hacer de mi vida una obra de arte", comentaba, al tiempo que citaba una frase de Albert Camus que decía que "el suicidio es algo planeado en el silencio del corazón como una obra de arte".

El escritor fue un crítico de su tiempo. Para él, la verdad puede ser alcanzada a través de un proceso intuitivo en el que el pensamiento y la acción no sean modalidades diferentes. Indagó y divulgó lo que consideraba los más auténticos valores nipones en la ética de los samuráis. Fascinado por la ideología transmitida de los guerreros escribió El camino del samurai y en En defensa de la cultura (1968), instaló un fuerte movimiento que procuraba restaurar los valores de la cultura prebélica y militarista. Esto le generó grandes críticas.  

En 1968 fundó la llamada Sociedad de los escudos, una organización paramilitar, integrada por jóvenes desencantados con la debilidad de las instituciones imperiales y la obsecuencia constitucional del ejército, que propiciaban el resurgimiento del Bushido, tradicional código de honor samura.

Tras la posguerra publicó varias novelas, entre las que destacan El color prohibido (1951), La muerte de la mitad del verano (1953), La voz de la onda (1954), Después del banquete (1960), El sabor de la gloria (1963) y Sed de amor (1964). También están Patriotismo (1961) y Muerte en la tarde y otros cuentos (1971), recopilación de relatos breves muy representativos de su romántica nostalgia por una época en la que todavía se podía morir en nombre de los ideales.

En total fueron unas cuarenta novelas, una veintena de obras de teatro y otro tanto de libros de relatos y ensayos.

MUERTE RITUAL

Según uno de los tantos relatos de su muerte, el 25 de noviembre de 1970, Mishima y cuatro miembros de la Tatenokai visitaron con un pretexto al comandante del campamento Ichigaya, cuartel general de Tokio del Comando Oriental de las Fuerzas de Autodefensa de Japón. Una vez dentro, procedieron a cercar con barricadas el despacho y ataron al comandante a su silla. Con un manifiesto preparado y pancartas que enumeraban sus peticiones, Mishima salió al balcón para dirigirse a los soldados reunidos abajo. Su discurso pretendía inspirarlos para que se alzaran, dieran un golpe de estado y devolvieran al Emperador a su legítimo lugar. Solo consiguió molestarlos y que le abuchearan y se mofaran de él. Como no fue capaz de hacerse oír, acabó con el discurso tras solo unos pocos minutos. Regresó a la oficina del comandante y se practicó el seppuku, o haraquiri , que es el corte del vientre, el suicidio ritual por desentrañamiento. Esta práctica era muy común entre los samuráis que consideraban su vida como una entrega al honor de morir gloriosamente, rechazando cualquier tipo de muerte natural. Por eso, antes de ver su vida deshonrada por un delito o falta, recurrían con este acto a darse muerte.  Tras hacerse los cortes en su cuerpo, llegó la decapitación, que le fue asignada a su compañero Masakatsu Morita, miembro de la Tatenokai. Pero Morita, del cual se rumoreaba que había sido amante de Mishima, no fue capaz de realizar su tarea de forma adecuada: después de varios intentos fallidos, le permitió a otro miembro del grupo, Hiroyasu Koga, acabar el trabajo. Morita entonces intentó el seppuku y fue también decapitado por Koga.[2]

La obra de Mishima es inmensa. Es imposible permanecer indiferente a una literatura, polémica, original, removedora y profundamente auténtica. Sus libros se encuentran con relativa facilidad o están muy accesibles en internet.

Aunque seamos devotos de lo que hoy se escribe en el otro lado del mundo, no hay que descuidar la fascinación de un nombre que es el patriarca de los creadores de hoy.



[1] Correa, María Lucía. El acto según Mishima: entre la escritura y el cuerpo. Universidad de Kyoto. Escuela de Ciencias Humanas y Ambientales, Japón.

[2] http://carpediemclub.blogia.com/2010/020904-yukio-mishima-el-ultimo-samurai.php


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