El espectáculo íntimo y fiestero de Babasónicos en Montevideo

La banda argentina presentó con Desde adentro un show ecléctico y sólido
La excusa para el encuentro fue la presentación de Impuesto de fe, el disco en vivo que celebra los 25 años de carrera de Babásonicos, una banda que se originó en la camada del "Nuevo rock argentino" de los años 1990, pero que con el tiempo fue acercándose también al pop electrónico y bailable, conformando una identidad particular, y también más masiva.

El resultado fue un show diferente a lo que la banda suele interpretar periódicamente en Montevideo, y con seguridad haya sido una de sus mejores presentaciones en este territorio. El cambio ya venía determinado por la selección del Auditorio Adela Reta como escenario, al que el vocalista Adrián Dárgelos definió como "uno de los mejores escenarios de Sudamérica", durante el show.

En la noche del martes se vio un repaso del catálogo compositivo de Babasónicos, centrado en la época de su masificación a nivel continental, que abarca los discos Jessico, Infame y Anoche, aunque también hubo espacio para temas más recientes, como Shambala, lanzado en 2015; Natural, del disco debut de la banda (Pasto, de 1992) y dos inéditos presentados en esta gira, Vampi, y El maestro.

Con Dárgelos solitario al frente, y los otros cinco integrantes de la banda dispuestos en semicírculo detrás, el show, que engañosamente se puede considerar como un acústico (más allá de que no se utilizan guitarras eléctricas, el resto de los instrumentos están conectados y la música electrónica sigue estando presente) presentó una impresionante combinación de géneros para conformar algunas versiones alteradas pero igual de atractivas que las originales.

La bossa, el lounge, el country, el folk, y por supuesto, el rock y el pop conformaron un cóctel que sonó ajustadísimo y claro, considerando la compleja combinación sonora que la banda desarrolló en el correr de los 100 minutos de espectáculo.

En este ámbito destacó el trabajo de Carca y Diego "Uma" Rodríguez, ambos rodeados por instrumentos entre los que rotaban canción a canción, y que incluían además de guitarras y teclados, bongos, shakers, y hasta un theremin en el caso del primero; mientras que Rodríguez se lució en el saxo, flauta y xilofón, entre otros. Incluso el baterista Diego Castellano tuvo su momento para abandonar los tambores y mostrarse con un metalofón y hasta un gong.

Esta variedad de sonidos permitió la creación de climas sonoros, a la vez que demostró la precisión del ensayo de la banda, ya que en el medio de una canción un músico abandonaba su puesto y cruzaba el escenario para llegar a un nuevo instrumento, justo a tiempo para enganchar con sus compañeros.

A esto se suma el indudable carisma de Dárgelos como frontman, quien logró arengar al tradicionalmente tibio público local a abandonar sus asientos y abalanzarse sobre el escenario para bailar, y en varias oportunidades se apareció cantando entre el público, como en la canción Camarín.

Impuesto de fe fue una rareza entre las visitas de Babasónicos, con pasajes que, a pesar del tamaño del Auditorio (lleno para la ocasión) por momentos parecían desarrollarse en un show íntimo en un pequeño teatro, pero que confluían naturalmente con momentos de un show tradicional de rock, y conformaron una demostración de versatilidad y talento en una banda que se revisitó a si misma y mostró un costado diferente de su música.

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