El Estado soy yo

¿De veras Randazzo apoya “todas las decisiones que toma Cristina Fernández de Kirchner”?

Luego de que se conociera el dedazo de Cristina Fernández de Kirchner para que el compañero de fórmula presidencial de Daniel Scioli fuera Carlos Zannini, su secretario legal y técnico, hombre de total confianza de la señora y fiel compañero del matrimonio Kirchner desde la década de 1980, el otro posible postulante presidencial por el Frente para la Victoria, Florencio Randazzo, actual ministro de Interior y de Transporte, bajó su candidatura. Aparentemente le ofrecieron en Olivos la candidatura a la poderosa provincia de Buenos Aires, pero Randazzo, después de tomarse 24 horas para pensarlo, también declinó. Ante una serie de versiones que lo mostraban en camino de alejarse del kirchnerismo, Randazzo publicó en su cuenta de Twitter el siguiente mensaje: “Que nadie se confunda. Yo apoyo todas las decisiones que toma @CFKArgentina. Ella conduce este proyecto del cual soy y seguiré siendo parte.”

No interesa aquí meterse en el intríngulis de las decisiones de candidaturas (recomiendo la columna publicada ayer sábado en estas páginas por el periodista argentino Dardo Gasparré). Pero realmente me asombra otro fenómeno que se está volviendo habitual en Argentina y en otros países conducidos por presidentes que tienden al culto a la personalidad y al manejo autocrático del poder. Y es la concentración del poder absoluto en una persona, la ausencia de disenso, la falta de pluralismo, la falta de libertad de pensar de otra manera. En definitiva, el creerse dueño de la verdad absoluta, como Luis XIV de Francia en su apogeo. “Después de mí, el diluvio”, solía decir quien fue llamado el Rey Sol.
¿De veras Randazzo apoya “todas las decisiones que toma Cristina Fernández de Kirchner”? ¿No discrepa con ninguna? ¿Acierta siempre la presidenta, según el ministro del Interior y hasta hace poco precandidato? Puede que lo crea, lo cual sería patético porque nadie en la tierra está dotado de infalibilidad. Puede que no lo crea, pero que lo diga públicamente para no despertar la ira de la señora de Kirchner, que cuando se despierta suele llegar muy lejos en sus efectos y en sus decisiones (con las cuales Randazzo no podrá estar de acuerdo).

Pero si fuera por el segundo motivo, que es lo más probable porque no me parece que Randazzo crea en la infalibilidad presidencial, estamos ante un modelo de gestión patético, muy frustrante y muy ineficaz, que se da no solo en la política sino también en las empresas y en otras organizaciones. Es lo que el profesor Juan José García, docente de Gestión Humana en los posgrados de Ciencias Empresariales y Economía de la Universidad de Montevideo, en su reciente libro Valores son acciones, llama los “directivos Blancanieves”. Se trata de directivos que se rodean de gente que no les haga sombra, que no tenga capacidad de disentir, que no pueda crecer, que no vaya a opacarlos, que les rinda sumisión y hasta pleitesía. Directivos así, concluye el profesor García, que se creen que ellos “son la organización” como Luis XIV decía “El Estado soy yo”, terminan generando en la organización otros directivos que son como los enanitos de Blancanieves. Y la que se perjudica es la organización o el Estado o el gobierno. La autocracia y el absolutismo nunca han sido eficientes para construir nada duradero y además han cercenado libertades. Han matado la planta de la libertad, del pluralismo y del disenso, tan necesarios en los países, los gobiernos, las organizaciones, las empresas.

Me da un poco de pena Randazzo, aunque él entró en ese juego conociendo las reglas que ponía quien mandaba y a ese juego decidió jugar. Pero mucha más lástima me da Argentina, donde la mayoría de los votantes no parecen querer esa forma de gobernar, ni ese tipo de directivos, pero no logran encontrar otros. Lo cierto es que no parece que vaya a cambiar en las próximas elecciones. Scioli tiene el caballo del comisario y Carlos Zannini llevará las riendas.


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