El extraño referéndum de Bolivia

Los bolivianos votaron para decidir si permiten una nueva reelección del presidente Evo Morales
La propia convocatoria al referéndum del pasado domingo en Bolivia era ya, de por sí, algo insólito. No se trataba de revocar o confirmar el mandato del presidente Evo Morales, sino de habilitarlo o inhabilitarlo para que se presentase por cuarta vez a las elecciones de 2019. Tras las que, de ganar, gobernaría hasta 2025, para completar un total de 20 años en el poder. Esa parece ser la característica principal de los gobernantes del llamado Socialismo del Siglo XXI, las intenciones de perpetuarse en el poder a como dé lugar. Gobernar hasta 2025, hasta 2030, o "hasta que el cuerpo aguante", como dijera Hugo Chávez en su momento.

Más allá de las buenas intenciones, esta suerte de destino manifiesto que han asumido los caudillos bolivarianos y otros líderes populistas de la región, tarde o temprano, tiende a chocar con la voluntad popular. Y ahí empiezan los problemas. Lo que al final siempre queda es la sensación de que solo quieren aferrarse al poder. Y esto da lugar a todo tipo de situaciones y declaraciones disparatadas. Como las que surgen a estas horas del gobierno de Bolivia.

Según todas las encuestas a boca de urna, ha gando el "no" a la reelección de Evo. La oposición ya festeja en las calles su victoria largamente esperada; pero el Tribunal Electoral todavía no da a conocer los resultados oficiales. Este parece ser el otro común denominador de estos gobiernos, siempre se demoran los resultados cuando son adversos. Y de remate, el vicepresidente, Álvaro García Linera, vocero todoterreno del gobierno, salió la misma noche del domingo a decir que "es altamente probable que esos resultados se modifiquen en forma drástica". Lo que provocó entre la población todo tipo de especulaciones y acusaciones de fraude.

Al momento que escribo esto, los resultados del Tribunal Electoral aún no se conocen. Y en la misma aparición, la noche del domingo, García Linera dijo que podrían durar días. "No creo que llegue a una semana", agregó muy suelto de cuerpo. El vicepresidente intenta transferir al escrutinio un concepto desconocido, y que solo se utiliza para las mediciones de la intención de voto en las encuestas: "el empate técnico". Algo que en una elección, donde se gana o se pierde por un solo voto, resulta imposible. Lo único que puede haber —si bien improbable y acaso inverosímil— es un empate real en número de votos. Pero según García Linera, aquí "nadie ha ganado y nadie ha perdido".

Es curioso, porque acto seguido también dijo: "Estamos hablando de una diferencia de 110 mil votos". Lo que admite la pregunta insoslayable: si los resultados no están y no hay ganadores ni perdedores, ¿cómo es que hay una diferencia de 110 mil votos?

García Linera solía ser un intelectual serio y bastante respetado, de los poco que en Bolivia aún le van quedando a Evo de su lado. Pero de un tiempo a esta parte, se ha dedicado a hacer profecías sobre el Sol y la Luna, en una suerte de cosmogonía socialista que parece haber concebido en algún viaje astral; y según la cual si Evo pierde el referéndum, "el Sol se va a esconder y la Luna va a desaparecer" y otras cosas por el estilo.

Esperemos que esto que ahora dice sobre los resultados del referéndum del domingo no responda a la misma mitología, y que la voluntad del pueblo boliviano expresada en las urnas sea respetada.

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