El factor Mujica: de Pepe a Gonzalo

La mirada de la ciudadanía se ha desplazado en estos meses de un Mujica a otro.

Por Adolfo Garcé*

A su manera, a paso de tortuga, la política uruguaya se va moviendo. La mirada de la ciudadanía se ha desplazado en estos meses de un Mujica a otro. Gonzalo se alejó de Pepe, primero, y del Frente Amplio, poco después. Con esa decisión se convirtió en un actor clave. Lo más curioso del asunto es que Pepe gestó a Gonzalo. Examinemos los vínculos entre ambos.

Durante muchos años José Mujica fue el eje sobre el que giró buena parte de la política uruguaya. El ascenso de Pepe comenzó hace más de dos décadas, cuando ingresó en la Cámara de Representantes (1995). Colorados y blancos, liderados por Julio María Sanguinetti y Alberto Volonté respectivamente, lograron construir durante ese gobierno una coalición mayoritaria muy sólida. En ese contexto, el voto de los legisladores de la oposición (frenteamplistas y nuevoespacistas) no era políticamente relevante. Sin embargo, Mujica logró abrirse paso rápidamente hacia la opinión pública. Lo hizo a pura retórica, articulando un discurso político que, por fondo y forma, sorprendía por venir de un exguerrillero tupamaro. Palabras y silencios, murmullos y gruñidos, enojos y sonrisas, botas, chacra, perra, Vespa (luego el recordado fusca)… Todo. Todo nos invitaba a prestarle atención. Pero había un aspecto de su discurso político que lo volvía especialmente cautivante: el inesperado legislador lucía sincero, auténtico, insólitamente libre. Poco a poco, como es bien sabido, el representante adquirió dimensión de figura, y esa figura, tan singular, en la columna vertebral de una máquina electoral imponente que se convirtió en la principal fracción del FA: el Movimiento de Participación Popular (MPP).

Las vueltas de la política tienen eso. De aquel Mujica, y sin que Pepe, su mentor, se diera cuenta, terminó naciendo otro, Gonzalo, que se ha convertido en protagonista estelar del tablero político nacional. Pepe alumbró sin querer el camino de Gonzalo de dos modos distintos y sucesivos. En primer lugar, lo confirmó en el Parlamento. Aunque el comienzo de su carrera parlamentaria la hizo dentro del Nuevo Espacio (fue electo por primera vez diputado en 2004), durante las siguientes dos elecciones apoyó al MPP. De hecho, la banca que Gonzalo acaba de “privatizar” se la debe a Pepe. En segundo lugar, Pepe, el expresidente, generó la circunstancia decisiva que provocó el alejamiento de Gonzalo, el diputado. Esa circunstancia, tan dolorosa por otro lado en términos de salud republicana, fue la negativa del FA a votar la comisión investigadora propuesta por el Partido Nacional sobre los negocios de la firma Aire Fresco (empresa vinculada al MPP) en Venezuela durante la presidencia de José Mujica. Gracias a Pepe fue reelecto. Por responsabilidad de Pepe ya no está en el FA.

Hace 20 años todas las miradas parecían querer posarse en José Mujica, el diputado excéntrico. Ahora, todas las miradas están puestas en Gonzalo, el diputado disidente. El peso de Pepe derivaba del contraste entre su pasado y su discurso. En cambio, el peso de Gonzalo deriva, en esencia y por ahora, de la importancia de su voto. Desde que abandonó el FA el oficialismo perdió la mayoría en diputados. A partir de ese momento, la era progresista ingresó en una nueva fase en términos de la dinámica de la gobernabilidad. Construir mayorías entre 2005 y 2016 nunca fue sencillo. El FA es el partido más fraccionalizado del sistema político uruguayo y el más heterogéneo desde el punto de vista ideológico. Pero desde que Gonzalo abandonó la bancada tiene un problema adicional. Para tramitar la legislación está obligado a negociar con otros. O con el diputado disidente o con legisladores de los partidos de oposición.

Pero el peso de Gonzalo, desde mi punto de vista, no deriva exclusivamente de la importancia del voto 50. También se relaciona con el perfil de su discurso. En esto se emparenta con el de Pepe en sus primeros tiempos como parlamentario. Gonzalo luce sincero, auténtico, libre. Es obvio que no se le escapa que su decisión de salir del FA lo potenció en términos político electorales. De hecho, los distintos partidos de oposición multiplican sus esfuerzos por captarlo. Pero hay algo en ese gesto de ruptura y en los argumentos que lo fundamentaron que lo vuelve cautivante y nos invita a prestarle atención. No es tan difícil entender que se indignó con el FA con buenas razones. Pero también luce muy libre a la hora de sostener puntos de vista sobre otros asuntos fundamentales del debate público. Permítanme poner solamente tres ejemplos. Sostiene que Edgardo Novick, líder del Partido de la Gente, tuvo una buena idea al conseguir el concurso de Robert Giuliani para asesorarse en materia de seguridad. Sostiene que el Partido Independiente está en la vanguardia en política educativa, dada la cercanía de Pablo Mieres con la fundación Eduy21. Sostiene que el FA no podrá cumplir algunas de sus promesas electorales dado el cambio de ciclo de la economía y la obvia restricción fiscal. En los tres casos, cuesta mucho no darle la razón.

Gonzalo Mujica, la rama que se cayó de golpe del frondoso árbol de la chacra de Pepe, no solo tiene un voto influyente. Exhibe, además, un discurso políticamente poderoso.

*Doctor en Ciencia Política, docente e investigador en el Instituto de Ciencia Política, Facultad de Ciencias Sociales, Udelar / adolfogarce@gmail.com


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