El fin de la mayoría del Frente amenaza al Parlamento con un perpetuo empate

Al oficialismo se le hace dificil gobernar pero la oposición no puede festejar
Jugar al empate, no arriesgar demasiado, abstenerse de la alegría del triunfo para evitar la tristeza de la derrota, ha sido una característica destacable del comportamiento uruguayo, no solamente dentro de una cancha de fútbol.

A eso precisamente, a un perpetuo empate sin demasiadas emociones, parecen destinados los intentos, tanto del Frente Amplio como de la oposición, para concretar sus ideas en alguna ley más o menos relevante.

A simple vista, esta perspectiva resulta un golpe muy duro para una administración a la que todavía le quedan casi tres años de gestión. Pero las cuestiones parlamentarias futuras previstas por el Frente Amplio son tan escasas que la inoperancia que se avecina no parece tan grave.

Este estado de situación es una de las consecuencias de la deserción del ahora exdiputado frenteamplista Gonzalo Mujica quien se declaró independiente y le sacó al oficialismo la mayoría parlamentaria de la que se benefició durante más de diez años.

El Frente Amplio ya no cuenta con 50 votos en una Cámara de Diputados que tiene 99 integrantes. Y, sin ir más lejos, esto le otorga una vida incierta al paquete impositivo impulsado por los sectores más radicales de la izquierda que, entre otras cosas, quieren que el Estado se quede con los excedentes del FONASA que deben ser devueltos a quienes lo pagaron.
Este último punto es rechazado por toda la oposición.

Es así que el Frente Amplio deberá moderar sus propuestas si quiere lograr el buscado voto 50. La responsabilidad de esta obligada variante caerá mayormente sobre las espaldas de los legisladores del Movimiento de Participación Popular (MPP). Este sector es ampliamente mayoritario dentro del FA y, por tanto, todas las decisiones de la bancada de la izquierda deben contar con su visto bueno.
Hasta la deserción de Gonzalo Mujica, cada propuesta con el sello del MPP tenía los votos asegurados en el Parlamento.

Ahora, los legisladores del sector liderado por el expresidente José Mujica deberán medir su entusiasmo al formatear los proyectos del oficialismo. ¿Para qué esmerarse en imprimirle un sello propio a las propuestas del FA si luego serán rechazadas en el plenario de la Cámara de Diputados?
Fuentes del MPP dijeron a El Observador que resulta inevitable cierta "moderación" a la hora de evaluar qué iniciativas serán presentadas para que sean evaluadas por una oposición que, imprevistamente, se convirtió en mayoría en una de las cámaras del Palacio Legislativo.

Pero es erróneo creer que la balanza se inclinará –por gracia de una simple operación matemática– a favor de la oposición. Y esto es así por más que el líder blanco Luis Lacalle Pou ha expresado su intención de crear una agenda parlamentaria que reúna a los 49 diputados de la oposición para lograr, junto a Mujica, la mágica suma que llegue a 50.

Para empezar, el oficialismo tiene sobradas mayorías en el Senado y, por tanto, allí morirán todos los intentos legislativos de la oposición. Pero, además, integrantes del Partido Independiente (que tiene tres diputados y un senador) dijeron a El Observador que la agenda común impulsada por Lacalle Pou es casi una utopía.

El PI se siente lejos de las ideas propaladas por el líder nacionalista, a quien le será aún más difícil coincidir con el diputado de la izquierda radical, Eduardo Rubio (Unidad Popular).

Sin embargo, la parálisis permanente que parece amenazar al Parlamento no resulta tal si se recuerda que gobierno y parte de la oposición han votado juntos, y logrado holgadas mayorías, para aprobar asuntos tales como la regulación del secreto bancario o la denominada ley de inclusión financiera.

Además, este año el oficialismo tiene por delante escasísimos proyectos trascendentes más allá de una Rendición de Cuentas, cuya aprobación carece del interés de rendiciones pasadas.
Ya realizado el ajuste fiscal a través del aumento del IRPF, al oficialismo no le resultaría dramático seguir gobernando con lo ya presupuestado.

Es más, si la oposición rechaza el proyecto en la Cámara de Diputados, puede resultar un alivio para un equipo económico liderado por Danilo Astori al que los sectores más radicales del FA le vienen reclamando que le aumente los impuestos a los que ganan más y que elimine las exoneraciones tributarias previstas en la ley de inversiones. Asimismo, el diputado colorado Fernando Amado se mostró dispuesto a dar una mano para aprobar los artículos del proyecto vinculados con el Sistema Nacional de Cuidados y con la educación.

El otro asunto importante que el Frente Amplio tenía previsto encarar en esta legislatura es el de la reforma de la Caja militar, cuyo déficit le cuesta al Estado US$ 450 millones por año. Allí sí la pérdida de la mayoría parlamentaria le ata las manos al gobierno ya que ni Gonzalo Mujica ni ningún otro opositor se plantea respaldar la propuesta. No obstante, ese proyecto ya tenía un destino incierto puesto que en el MPP no estaban muy de acuerdo con meter mano en los cuarteles.

En definitiva, el fin de la mayoría parlamentaria del FA provocada por una deserción, no parece tan relevante más allá de su rareza en la historia política uruguaya de los últimos diez años. Además, cuando transcurra el 2017 y las elecciones queden un poco más cerca, la imposibilidad de acordar entre los partidos tendrá causas ajenas a los avatares de la mera matemática parlamentaria.

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