El fin social detrás de la inversión

¿De qué estamos hablando cuando hablamos de inversión de impacto?

Las imágenes en blanco y negro se mueven en la pantalla del teléfono celular. Es una ecografía, de un tumor de un bebé que aún está en la panza de su mamá. El presentador es un emprendedor, pero también es médico. Quiere que los pacientes de casos complejos de cualquier país y condición económica puedan consultar a los mejores médicos del mundo, sin restricciones geográficas ni temporales, a través de su plataforma online. Que casos como este se salven, porque pudieron consultar el mejor tratamiento disponible en el planeta. Quiere hacer un negocio, pero también le quiere salvar la vida a las personas.

Esta situación se vivió hace pocos días en el Punta Tech en Uruguay, en el speed dating, en el que emprendedores buscaban inversores para llevar sus negocios al siguiente nivel. Rápidamente surgió en la conversación de los presentes, "esto es lo que llaman inversión (o emprendimiento) de impacto".

Un nuevo término para un viejo concepto

En los últimos años se ha hablado mucho sobre la inversión de impacto. En todo el mundo se han creado nuevos fondos de inversión con este perfil a un ritmo sin precedentes, han aparecido agentes especializados, los actores financieros principales y los gobiernos se han involucrado, la academia comenzó a estudiar y enseñar el tema, mientras se han publicado toneladas de artículos. El tema está de moda.

El conjunto de oportunidades globales es significativo. Desde 2010, GIIN y J.P. Morgan han publicado de forma sistemática encuestas de inversores de impacto. El informe más reciente publicado en mayo de 2015 incluía datos de 146 encuestados que manejaban US$ 60.000 millones en capital asignado a este tipo de inversiones, en comparación con US$ 10.600 millones en 2014.

A pesar de todo este interés y actividad, no hay una comprensión clara de lo que significa la famosa inversión de impacto. Toda discusión llega siempre al mismo punto: eventualmente, cualquier inversión puede tener un impacto social positivo. Sin embargo, algunas están más cerca que otras.

Entonces, ¿de qué estamos hablando cuando hablamos de inversión de impacto?

Lo que es y lo que no es

El concepto de Impact Investing no es nuevo en absoluto. Por ejemplo, las industrias de capital privado y de capital de riesgo surgieron como resultado de las inversiones de familias ricas europeas después de la Revolución Industrial. Pero el término "inversión de impacto" surgió en 2007, cuando la Fundación Rockefeller invitó a líderes en finanzas, filantropía y desarrollo a discutir la necesidad y las nuevas formas de construir una industria global que busque inversiones con un impacto social y ambiental positivo.

Algunos académicos afirman que es el salvador de una industria financiera en crisis, intentando intervenir para ayudar a resolver los problemas sociales que muchos gobiernos no están logrando manejar solos. Algunas personas piensan que es filantropía. Pero la inversión de impacto no ha resultado ser ni una inversión a secas, ni tampoco donar dinero, por lo que ha sufrido un poco de una crisis de personalidad.

En su forma más básica, consiste en dar financiamiento a organizaciones y compañías para recibir un retorno financiero, con la intención adicional de tener un impacto social o ambiental positivo. Puede ser un préstamo a una organización local de vivienda o una inversión en una empresa que está desarrollando tecnologías para combatir el cambio climático. O invertir en una plataforma online de diagnóstico médico para salvar la vida a personas que no pueden pagar o no tienen el tiempo de trasladarse a los principales centros hospitalarios del mundo para recibir el mejor diagnóstico.

Pero, lo que sí está claro es que las principales condiciones sine qua non que deben estar presentes en este tipo de emprendimientos son:

1. Expectativas de retorno de la inversión: no es filantropía; la inversión se realiza esperando un retorno a cambio.

2. La intencionalidad: adicionalmente, tiene que existir la intención explícita del inversor de tener un impacto social o ambiental positivo a través de esa inversión y que esta sea medible.

Esto es, combinar los objetivos filantrópicos con la toma de decisiones financieras convencionales: por ejemplo, emprendimientos que generan bienes sociales o ambientales, servicios o beneficios tales como la creación de buenos empleos, la protección del ecosistema, entre otros. Es decir, es lo mejor de ambos mundos.

La inversión de impacto realmente funciona cuando el impacto social es parte de la empresa desde su modelo de negocio, desde su estructura. Por lo tanto, el impacto no financiero debe ser intencional; no puede ser un efecto secundario colateral. Debe tener muy alineado el destino de la inversión, con la misión del emprendimiento. Porque en los negocios, como en todas las demás esferas de la vida, las personas tienen más probabilidades de lograr resultados que intencionalmente buscan. Y seguir haciéndolo a largo plazo.

Pero el mundo está cambiando y los conceptos se están mezclando de nuevo. Los inversores buscan empresas con una agenda de sostenibilidad clara junto con un retorno financiero tradicional. Pero al mismo tiempo, la filantropía está prestando mucha más atención al retorno social de sus donaciones caritativas. Los donantes a ONG cada vez más piden justificativos y mediciones de que valió la pena la donación y quieren medir el resultado de esa donación. Es por eso que la confusión entre ambos mundos es cada día más cercana.

Ceder o no ceder retorno por impacto

De ahí que surge la siguiente duda a la hora de tomar la decisión de invertir: ¿qué es más importante: el impacto social o el retorno?, ¿cuál de las dos debería pesar más? La mayoría de los especialistas dejan abierta esta cuestión. Pero, desde nuestro punto de vista, lo que distingue a la inversión de impacto de la filantropía es que en el primer caso es imprescindible que tenga resultados financieros.

Y no solo que los tenga, sino que sean buenos. Porque entre otras cosas, asegurando esto, permitirá que el emprendimiento genere un impacto cuantificable, escalable y sostenible en el tiempo. Una inversión de impacto que no tenga retornos y no sean competitivos, a largo plazo se termina convirtiendo en filantropía.

Haciendo ganancias sociales

Es lo mejor de dos mundos. Lograr un impacto positivo, convencidos de que las inversiones responsables pueden hacer dinero.

En el mercado financiero hay un gran apetito por las oportunidades de inversión de impacto social bien estructuradas. Todavía estamos en una fase de experimentación que es emocionante pero arriesgada.

Pero los emprendimientos de impacto social se están volviendo cada vez más frecuentes en los foros de inversión y, según los expertos, esto parecería recaer en el hecho de que la generación de millennials está impulsando un creciente interés en el tema, junto con el surgimiento y crecimiento del consumismo ético, la ética empresarial y el movimiento de responsabilidad social corporativa. A su vez, un estudio de Morgan Stanley afirma que el 84 % de los inversores de las nuevas generaciones están interesados ​​en la inversión sostenible más que cualquier otra generación.

Sí, hay muchas incógnitas. Pero hay mucho que se puede hacer sin convertirse en un experto, ni ser dueño de un fondo de inversión. Incluso sin ser inversor financiero. No nos olvidemos que cada uno de nosotros, como consumidores, somos promotores de un negocio. Como emprendedores, somos los principales inversores.

Toda esta discusión de inversión de impacto es una buena excusa para plantearse: ¿qué podemos hacer tú y yo, en nuestras decisiones de consumo, de inversión, o del negocio que queremos emprender, para hacer una contribución positiva? ¿Cómo pensar en el largo plazo, construir un futuro para nuestros hijos y, al mismo tiempo, mejorar el aquí y el ahora para todos nosotros? ¿Crees que es posible las dos cosas al mismo tiempo?

Bienvenido.

*Isabelle Chaquiriand es directora de Xcala y CEO de Atma



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Isabelle Chaquiriand